martes, 28 de marzo de 2017

Mis Derechos de Mujer


Tema Musical escrito por Auxiliadora Cárdenas y Luis Enrique Mejía Godoy y dedicado a todas la mujeres en defensa por sus derechos.


Conversando con Miguel Hernández

Los tiempos de alegría nos suelen venir cortos. Como si el sol pudriera la sangre e hiciera brotar el dolor con el manto de su llanto.

Es el trabajo y el sudor quien ha levantado lo bueno que nos rodea. Como a los aceituneros de Jaén: "No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor".

No nos olvidemos del hambre. La abundancia, la saciedad, la hartura era solo de aquellos que se llamaban amos. Nosotros ayudemos a ser personas. Que no nos dejen ser fieras hambrientas. Con hambre y sin ella, sepamos dar a la Humanidad lo que seamos capaces.

Cambias de un momento a otro. Tanto fuiste y ya no eres. Tu alegría, alegría que sacudía. Todo lo que se encontraba se ha vuelto en tristeza y casi te asomas a la calle vestido de esqueleto. ¿Por qué no al revés?

Nos ha pasado a muchos. Vemos claramente algo como natural, pero que injustamente, cuando menos se espera, te mete la cuchillada.

Si las diferencias siguen poblando nuestra vecindad, que nuestros hijos vuelvan a nacer con el puño cerrado, envueltos en clamores de música activista.


Pd/ Textos extraídos y adaptados de Miguel Hernández, cuyo 70 aniversario de su muerte en la cárcel hemos recordado estos días.




lunes, 27 de marzo de 2017

Tardes cálidas de primavera


Era una tarde cálida. Había empezado la primavera. En el viejo muro de tu casa una sombra parecía moverse. Escuchábamos  los cantos de los niños que jugaban en el patio de fuera. Y nosotros que habíamos dejado atrás la niñez soñábamos despiertos caminos nuevos por recorrer.


domingo, 26 de marzo de 2017

Tu sonrisa

Una vez más hoy al llegar cansado del trabajo, y nervioso por lo que había ocurrido, lo primero que me encuentro al abrir la puerta de casa fue tu sonrisa. Es una sonrisa que da vida como cuando uno está asfixiado y le dan oxígeno.

Y de esta manera, aburrido de tanta gente difícil con la que uno se encuentra y tenso por todo ello, tu sonrisa fue capaz de cambiarme y subirme a lo alto del ropero para coger la guitarra y comenzar a hacerla sonar.

Mañana, pues, iré de nuevo a trabajar. No tendré miedo al enfrentarme a los que con cara de elefante llegan exigiendo. Algunos parecen me van a envolver en sus trompas para después de darme unas vueltas por el patio de la empresa, arrojarme al barranco que se divisa desde una de las ventanas de la oficina-almacén que es el sustento de nuestras vidas.

Que venga quien venga, ya no les temo ni me asustan. Tu sonrisa, cuando me recibes en casa, y que culmina siempre en abrazo reconfortante, me vuelve a la novedad del vivir. Una vida que no la encierras en casa entre los dos, sino que, viendo los problemas que nos rodean y observando al tiempo las fallas del mes de marzo, contemplamos desde las ventanas como conversan, entre los cañaverales, los amigos que hace tiempo no vemos, mientras el cambio de estación nos hace más visibles las hojas marinas iluminadas por la luna y flotamos en el sueño de los que viven y duermen en medio de las aguas.

¡Cuántos amigos hace nuestro amor que descubramos en la tierra que nos ampara! Por eso solo recordar tu sonrisa a lo largo del día me da fuerza y vigor.



sábado, 25 de marzo de 2017

El Compromiso de Leer

     Se había hecho el compromiso de leer dos o tres capítulos diarios de un libro. Llevaba dos semanas cumpliéndolo a rajatabla y con gusto. Ayer, sin embargo, llegó tarde a casa, donde le esperaban otras tareas que eran de su responsabilidad y, en el ajetreo de ejecutarlas, se acordó que no había realizado lo prometido. El mal humor lo invadió de repente. Estaba fallando a su compromiso. De nada le valdría abrir el libro al acabar su tarea, pues estaba rendido de cansancio.

   Y de repente, volvió la tranquilidad consigo mismo. Recordó como aquella tarde se había enganchado al escaparate de una librería de segunda mano que habían inaugurado en el barrio donde vivía su madre. Casi una hora había estado ojeando libros, leyendo muchas carátulas con su resumen y fijando su atención en las páginas interiores. Y se dijo: ¿Engancharse al escaparate de una librería no es leer? Su promesa seguía en pie, avalada ahora por su compromiso personal.