martes, 17 de octubre de 2017

Insomnio

Se acuesta y a las dos o tres horas ya está despierto. No puede conciliar el sueño y se levanta a leer, a ver la tele, a limpiar algún trasto viejo de la casa…

Como de costumbre, había pasado una mala noche. Da vueltas en la cama, lee un libro, escucha algunas grabaciones. Así lleva varias semanas. Algunos amigos al ver la cara con la que llegaba al trabajo y se mantenía en el mismo se interesaron por lo que le pudiera estar pasando y le recomendaron hiciese frente al problema. Era consciente de engaños y maldades recibidos que de alguna manera pesaban sobre él. Y también lo era que el mismo había causado situaciones de engaño para otros.

Por regla general todo lo que le agradaba era vano, fruta prohibida rozando incluso el peligro como aquel que saborea de un atardecer de fuego en los pinares. Y, aún acostumbrado a ello, le sobresaltó una palabra, un aroma, una mirada que se cruzaron. Después que se cruzó con ella bordeando el río de la mano de su pareja, aunque ya hiciera ocho años de su separación, sus ojos, como espada lacerante quedaron clavados en ella y hacia ella giró su arco y disparó su flecha.  A mitad de camino paró el coche y buscó y rebuscó en Facebook. No tardó en encontrarla y, sin vergüenza alguna, debajo de una de sus fotos, no solo puso me encanta, sino un comentario: Ayer tarde eran las 19.20 horas cuando te volví a encontrar. Pasarás mañana por allí, pero será mi mano la que llevará cogida la tuya.


A la noche siguiente, después de ese paseo de las dos manos por el río, durmió espléndidamente.


lunes, 16 de octubre de 2017

Del pasado presente

Era como un camino lleno de sombras. Ibas despacio, con cautela, incluso con miedo de tropezar con algo o de caerte por un precipicio. Al llegar a la puerta de la casa respiraste con fuerza como animándote a seguir al tiempo que te dabas un descanso. Pero al empujar la puerta vistes como las sombras se perdían en la oscuridad del suelo y del techo. Los fósforos de tus cigarros encendieron una candela.

Varios cuadros de viejas damas decoraban la habitación central. Las viejas damas bordando sus encajes a la luz de la luna, y te acordaste como tu abuela pasaba horas escuchándote tocar el piano cuando eras pequeño. Quisiste volver a experimentarlo. Las teclas del piano estaban llenas de polvo. Pasaste primero una manga y después varios dedos por el teclado para escuchar la mezcla de unos sonidos graves que pronto dejaron de oírse


Ahora, saliendo de aquel sitio te preguntabas qué razones te habían llevado hasta la casa. No tenías mucha necesidad para venir acá. Simplemente es parte de tu historia. Y tu historia, te pertenece. Aunque en aquel momento solo estuvieras aprendiendo. De alguna manera te hacen consciente las sombras actuales que te rodean y que, incluso, ni cuenta te has dado. Eso sí, antes no había nada. Y solo pasar por medio de aquellos arboles donde, cuando pequeña, te sentabas a escribir poemas, hizo que la luz alumbrara tu regreso al día de hoy.



domingo, 15 de octubre de 2017

Una conversación pendiente

Salió muy deprisa de la última clase de la universidad. La vi de lejos y me di cuenta que ni siquiera miró hacia el sitio donde la suelo esperar. Tuve que correr muy aprisa para poderla alcanzar. He llegado junto a ella sin aliento, pero alegre. Apenas me miró y esbozó una ligera sonrisa.
Allegar al CC Las Arenas me dijo:
- Tengo que dejarte, Miguel. He de comprar unas cosas que me encargó mi madre.
Le he propuesto acompañarla, y me ha dicho:
- No, es para bastante rato y contigo acabaría más tarde. Parecía tener prisa y yo no he insistido.  Solo la he sostenido por el brazo un momento para decirle:
- Espera, que hay un perinqué en la puerta.  Deja que lo mate. Ella se arrugó un montón y me dio las gracias pues les tiene un miedo atroz.
Aquella noche ni hablé en la cena. Estaba intranquilo. Tenía miedo de que Elisa se me escapara. Ya en la cama me di cuenta: lo que le pasa es que está enfadada porque le dedico poco tiempo, y el tiempo que estoy siempre es de prisa porque tengo partido, porque he quedado con los amigos, porque… y me acordé que algunas veces me ha dicho “pareces un Zeppelin”. Al recordarlo me levanté, toqué en la puerta al Sr.Gougle y le pregunté por “zepellin”.  Claro, ahora entiendo por qué me dijo ella ese medio apodo. No era un piropo. Todo lo contrario; me estaba diciendo: vienes a toda mecha, pareces un dirigible que cada día intentas vuelos más altos, dejándonos a los demás solos y al descubierto.
Esta mañana, mientras iba a la uni, fui siendo consciente que, en los últimos encuentros, ella no había sido la misma: su manera de mirar, su manera de dejarse coger la mano, la misma manera de hablar.
A la salida de clase he corrido, pero no la he visto. He subido la cuesta que lleva a la parada de guaguas y la he vuelto a bajar sin éxito. He preguntado por ella a una amiga suya que, un tanto indiferente, me ha dicho no la había visto en el día de hoy.

Al bajar la cuesta de nuevo, ya despacio, he visto como me acercaba al drago, el arbolito de nuestras fantasías, donde muchas veces nos hemos sentado a contarnos nuestras fantasías. Y de repente me llevé una sorpresa que me llenó de alegría y esperanza por todo lo que podía significar. En la otra banda del drago estaba ella sentada, haciendo un crucigrama y deteniendo de vez en cuando su mirada en el horizonte. Estuve de pie, en silencio, detrás de ella, contemplándola, recordando nuestros primeros besos en la sombra de aquel drago. En la medida que fuí acercándome, al escuchar mis pisadas volvió la cabeza hacia atrás y, al reconocerme, se levantó. Y acercándonos los dos uno al otro nos quedamos abrazados y fundidos en un beso, que fue el inicio de una conversación que teníamos pendiente, sin prisas, sin vértigos, sin ruido de aviones ni miedo de bichitos. Nosotros y nuestro drago.



Drago canario