domingo, 17 de diciembre de 2017

Cuzando mares

Si algún golpe de suerte, a contrapelo,
a contrasol, a contraluz, a contravida,
te torna pájaro que quiebra el vuelo
y te revuelca con el ala herida...

Y hay tanto viento para andar las ramas.
Tanto celeste para echarse encima.
Y pese a todo, vuelve la mañana.
Y está el amor que su milagro arrima.

Por qué caerse y entregar las alas.
Por qué rendirse y manotear las ruinas.
Si es el dolor, al fin, quien nos iguala.
Y la esperanza, quien nos ilumina.

Si hay un golpe de suerte, a contrapelo,
a contrasol, a contraluz, a contravida.
Abrí los ojos y tragate el cielo.
Sentite fuerte y empujá hacia arriba.


Héctor Negro - Cesar Isella


sábado, 16 de diciembre de 2017

Fiestas ¿populares?


Le propusieron coordinar las fiestas de la ciudad. Una ocasión, pensó, de colaborar para que la gente, expandiéndose, celebre su vida. Eran varias las ofertas que recibió de las empresas del ramo. Pero con el tiempo, los dineros, reconocimientos, viajes, etc., fueron criterios más fuertes que la calidad del servicio que se ofrecía. Y al concluir el período festivo, comenzó a disfrutar de las suyas por una larga temporada y a la espera de las próximas, que comenzará a preparar con más antelación dado el insospechado beneficio que podría sacar de las mismas.



viernes, 15 de diciembre de 2017

Los peligros de la Libertad

Viene de vuelta. La espalda ligeramente encorvada y el caminar despacio denotan cansancio como menos. ¿Tedio? ¿Descorazonamiento? ¿Sensación de tiempo perdido porque no acumularon en su haber los proyectos de destrucción que forjaron (ellos no les llaman así, los denominan como “efectos colaterales”)? ¿O remordimiento, pesadumbre y angustia tras una misión sin sentido? (siempre que haya violencia, guerra, peleas…, se está indicando que no se va a solucionar un problema por el camino de la justicia).


¿Y las palomas que van encerradas en una jaula? Vivían entre disparos y ruidos de metralletas, pero volaban y, surcando los aires, se rozaban sus alas entre ellas para decirse los buenos días o desearse cosas buenas. Ahora no escuchan disparos, no hay aparentes peligros de que una bala perdida las puedan matar en el día, pero no pueden volar, no tienen nada que desearse las unas a las otras. Hay paz, sí, pero para qué: no pueden volar. Y alguien que pasa por su lado les pregunta: ¿Qué prefieren: la seguridad que tienen ahora o la libertad que tenían antes? Y a coro responden: Nos gusta la seguridad de la libertad.