lunes, 29 de noviembre de 2021

Historia de Navidad. Un reencuentro

 La víspera del día de Navidad Rafael se atrevió a tomar una decisión de una vez por todas; una decisión que llevaba retrasando demasiado. Ya eran varios los que llevaba alejado de su madre. Viejas rencillas mal digeridas le s supuso a ambos perder el contacto. El resto fue un problema de orgullo mal entendido. En el fondo lo sabía; sabía que el dolor que le causaba la situación no era menor que el que provocaba en Gloria, su madre.

La vida no le había tratado bien en los últimos tiempos. Divorciado y con un hijo de nueve años a su cargo, no eran éstos tiempos fáciles para hacer proyectos de futuro. Siempre dando tumbos de aquí para allá, sin un trabajo estable, al menos, pudo mantener el cariño de su hijo, un niño espabilado, que, de tarde en tarde, le hacía preguntas que le costaba responder.


Por eso, esa mañana, sentado en una mesa, tras el cristal de la vieja cafetería situada en frente de su antigua casa, ante un café con leche, observó la escena de un niño, su hijo, llamando a la puerta de la que fue su casa cuando tenía esa misma edad. Inconscientemente y con un susurro, repitió las palabras que tantas veces había ensayado con él.


- Hola, abuela. Soy Rafa, tu nieto, y vengo a pasar las vacaciones de navidad contigo. -y sin esperar respuesta se introdujo en su casa.


Dio un sorbo a su café y se relajó un tanto. Una incipiente sonrisa se dibujó en su rostro. Aún se sentía culpable, pero, ¡quién sabe! Tal vez las próximas navidades, las del año que viene, fueran dos los que llamaran a esa puerta, él y su hijo. Seguro que Gloria los recibiría como el mejor de los regalos. Seguro, pero para él todavía era demasiado pronto.









domingo, 28 de noviembre de 2021

Almudena Grrandes (Madrid, 1960 - Madrid, 2021)

 Inteligente, sensible, cuentan que excelente conversadora... así era la Almudena Grandes que ayer mismo nos dejara por sorpresa, después de que hace pocos meses pusiera en conocimiento de todos que un cáncer de pecho se había hecho fuerte cerca de su corazón. Pero nadie esperábamos un desenlace tan rápido.


Era, de algún modo la cronista de una época difícil, la de la posguerra, la de los años de silencio y cabeza gacha; la que traía a la memoria a la gente común que vivió aquellos años, a menudo, como héroes anónimos de esfuerzo y sufrimiento. Pero también fue la cronista de la esperanza de esa gente, que apretó los dientes y no perdió la dignidad ni en la derrota.


Periodista, escritora, columnista, comunicadora… Todo eso y mucho más: testigo.




sábado, 27 de noviembre de 2021

Mentiras que matan

Me he puesto las dos dosis de la vacuna contra el covid. He solicitado la vacuna de la gripe. Y en cuanto se establezca la tercera dosis de refuerzo para mi edad, seré el primero en ponerme a la fila. Porque no vacunarse es como defraudar a Hacienda: evadir responsabilidades a nivel sanitario como el que evade impuestos. Vivir en sociedad significa pensar en el prójimo y no solo en uno mismo. Se supone que cada uno de nosotros somos a estas alturas del problema suficientemente inteligentes como para no querer hacernos daño ¿Cómo puede ser que haya personas que están dispuestas a no vacunarse como una seña de identidad de ideología política? ¿Qué valor o dogma puede ser más creíble que el científico?

Apliquemos el conocimiento empírico a quienes nos distraen con sus banalidades y comprobaremos que ni ellos se creen sus propias mentiras. Mentiras, por cierto, que matan.

(carta de un lector en el Periódico de Barcelona -26/11/2021)

viernes, 26 de noviembre de 2021

Pantone humano

En la vida no existe el blanco absoluto ni el negro perfecto. La vida es una sucesión de grises, más o menos intensos. Y está bien que sea así. Es la única forma en la que puede llegar el crecimiento personal. De hecho, las crisis sirven (…o deberían) servir para eso. Son los peldaños de una escalera.


La vida del hombre no se puede todo en los extremos, ni a nivel personal, ni a nivel colectivo. La búsqueda de la felicidad, de aferrarse a ella cuando se roza o puntualmente se consigue, es una aspiración lógica, pero una quimera que puede conducir a la melancolía.


Aceptar esa variedad de intersecciones de blancos y negros, la amalgama de colores en nuestras vidas cotidianas es parte de nuestra esencia.





jueves, 25 de noviembre de 2021

Antivacunas

Sigo sin entenderlo. A pesar de que las cifras demuestran la eficacia de las vacunas contra la COVID, aún hay un alto porcentaje de la población europea sin atender la solicitud de las administraciones públicas encargadas de las campañas sanitarias en tal sentido.


Comprendo -relativamente…- a quienes a pelan al miedo a unas supuestas consecuencias nefastas de las vacunas, apelando a informaciones, unas verificables y otras no, reveladas en medios de comunicaciones. El miedo es libre y hay que respetarlo, aunque quien piensa así parece ignorar que, como demuestra la estadística, el riesgo de fatales consecuencias es mayor entre la población no vacunada que entre la que sí. Pero insisto, el miedo es libre.


A quienes no comprendo es a los que argumentan razones ajenas a las sanitarias para renegar de la vacuna -en realidad, a renegar de ésta y de todas-. Apelar a la libertad individual o supuestas conspiraciones planetarias es querer cambiar el punto de mira de un problema acuciante. Prefieren mirar al dedo que señala la luna a mirar a la luna.


No soy optimista. Las cifras que nos llegan de países como Alemania o Dinamarca, por ejemplo, sociedades presuntamente desarrolladas, educadas y cultas, son descorazonadoras. Otras, las del sur del continente, parece que estamos en mejor disposición afrontar una más que previsible sexta ola, ahora que se acercan los meses fríos del invierno. ¿Será porque los porcentajes de población vacunada son mayores que las del norte?




miércoles, 24 de noviembre de 2021

Los autobuses no tienen marcha atrás

Cuando era niña, vivía en La Pastora, en la calle donde los autobuses giraban 90 grados para dirigirse hacia la calle Dos Pilitas. En algunas ocasiones vi a estos autobuses quedar bloqueados, atrapados por la estrechez de las calles de mi barrio. 

Llegué de alguna manera a desarrollar la creencia de que los autobuses no tenían marcha atrás; que cuando se atascaban, debían pedir una grúa. No había otra solución.


Por gracioso que parezca, nos pasa a muchos, nos quedamos atascados en una falsa creencia y se nos hace difícil retroceder y revaluar si lo que creemos corresponde o no a la verdad. Cómo el autobús nos quedamos atascados. Con el tiempo, llegué a darme cuenta que los autobuses si retroceden y que no lo hacían, en aquella estrecha calle, porque no había espacio para maniobrar. Necesitaban la asistencia de una grúa para salir con solvencia e integridad. 


Así también nos pasa. Necesitamos, a veces, de la ayuda externa, cuando nuestra simple observación y crecimiento no son suficiente, para desatascar viejas creencias. Para comprender mejor la realidad y desmantelar las viejas creencias que nos atascan, que nos impiden el avance y nos dejan atrapados en una calle estrecha. 


Nuestras creencias tienen retroceso y podemos, al desmontarlas y ser conscientes, avanzar.


Carmen Cecilia López




martes, 23 de noviembre de 2021

La extraña fama de los argentinos en el exterior (La Nación)

Se dice de mí... Que soy arrogante. Que soy frívolo. Que soy inseguro. Que soy un italiano que habla español y se cree británico. Que desprecio a mis vecinos de América latina por su sangre indígena y su aspecto mestizo. Que tengo una pelota de fútbol en la cabeza o la cabeza en una pelota de fútbol. Que gasto fortunas en cirugías estéticas, ropa y psicoanálisis. Que vengo del país de las mujeres más bellas, bulímicas y anoréxicas casi todas ellas. Que sonrío al cielo cuando hay relámpagos, porque pienso que Dios está fotografiándome. Que duermo poco, fumo mucho y ceno demasiado tarde. Que podría suicidarme si me arrojara desde lo más alto de mi ego, el pequeño argentino que todos llevamos dentro.

La fama no es cuento: "En la que se ha denominado, a veces, la ciudad más neurótica del mundo, tal vez sea lógico que reine Woody Allen -escribe Anthony Faiola, corresponsal de The Washington Post-. Es cierto. En la ligeramente paranoica, a menudo hipocondríaca y siempre atormentada de culpa capital argentina, que ostenta el mayor número de psicoanalistas per cápita del planeta, el excéntrico actor y director es lo que Jerry Lewis a los franceses: uno de los pocos norteamericanos proclamado genio".

La fama no es nueva: "Durante mucho tiempo, los argentinos estuvieron orgullosos de su arrogancia, quizá como una manera de ocultar sus inseguridades acerca de su verdadera identidad -rubrica Calvin Sims, corresponsal de The New York Times-. Hacen gala de su origen y cultura europeos ante sus pares latinoamericanos. Pero las reformas sociales y económicas sugieren que ya no merecen la reputación de altivos".




La fama cunde: "El mejor negocio del mundo es comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale -dice un humorista mexicano-. Sienten que son iguales al resto de los mortales sólo cuando tienen complejo de inferioridad. A un taxista del Distrito Federal le tocó llevar a uno, camino a Cuernavaca, que quería comprobar desde la montaña cómo se veía la ciudad sin él".

La fama sorprende: "Miran fútbol en plena temporada de basquetbol -observa Rick Jervis, redactor de El Nuevo Herald, de Miami-. Comen morcillas, salchichas hechas con sangre. Manejan como el peor chofer, pero a diez veces la velocidad".

La fama hostiga, y los argentinos terminan siendo bichos raros. Tan raros que, en algunos casos, la gente de las provincias trata de no ser confundida con los porteños, destinatarios no asumidos de las bromas más frecuentes. Todas ellas están vinculadas con su presunta superioridad: "Jesús era tan humilde que nació en Belén pudiéndolo hacer en Buenos Aires", ponen en boca de ellos.



"Macanudo, che" 

A los oídos de los extranjeros, especialmente de los latinoamericanos, suena extraño el cantito que perciben cuando habla un argentino, porteño en especial, y el uso de palabras inusuales fuera de Buenos Aires, como che, pibe, viste (latiguillo con signo de pregunta) y macanudo.

"Macanudo, che", justamente, terminó repitiendo en su casa un taxista puertorriqueño de Nueva York que, por hablar español, fue contratado durante una semana por una pareja de argentinos: "Mi mujer me decía algo y yo le respondía macanudo, che -sonríe José González-. Entonces, ella apagó el televisor, me miró fijo y me preguntó qué quería decir macanudo, che".

La pareja de argentinos, según el taxista, compró de todo: ropa, zapatos, radio, televisor, videocasetera, teléfono, computadora... En el aeropuerto trabaron una discusión con la empleada de la compañía aérea, ya que debían pagar 700 dólares por el exceso de carga. Al final, de puro insistentes, terminaron desembolsando apenas 200.

La pasión, a falta de buen fútbol en los Estados Unidos, son las compras. El 73 por ciento de los argentinos desembarca en Miami, ya sea para quedarse o para seguir viaje. A la caza de ellos y de los brasileños, en particular, están los vendedores de electrodomésticos y de computadoras. Los carteles anuncian que hablan español ("spanglish") y portugués ("portuñol").

"Les fascina el shopping", afirma Michael Aller, coordinador de turismo y convenciones, y jefe de protocolo de la ciudad de Miami Beach. En los registros del Greater Miami Convention and Visitors Bureau de 1997 figura la visita de 308.691 argentinos que dejaron en las cajas registradoras 448.837.000 dólares, un 11 por ciento más que en 1996. Son los quintos en el ranking, después de los canadienses, los brasileños, los alemanes y los venezolanos (creadores del "déme dos").

Miami es uno de los pocos lugares de los Estados Unidos en donde el mate no es visto como una droga peligrosa. Termos y bombillas campean en las playas. El argentino tipo, 44 años de edad, profesional, ejecutivo o dueño de una compañía, va de vacaciones con su familia (3,03 personas), permanece 7,5 noches en hoteles de Miami Beach (ciudad preferida por el 42,10 por ciento) y gasta 1454,64 dólares (sin incluir los pasajes de avión ni los souvenirs ).

Al ego nuestro de cada día, con la avenida más ancha del mundo (9 de Julio) y la calle que nunca duerme (Corrientes), contribuyeron últimamente las relaciones carnales con los Estados Unidos, después de varios años de antagonismo, con el carnet de socios mayores extra NATO, exclusivo en el continente, y con la admisión de una cuota anual de 20.000 toneladas de carne made in las pampas , aún magra, tras seis décadas de veda.





A diferencia de los otros latinoamericanos, los argentinos son los únicos que no necesitan visa si permanecen 90 días o menos en los Estados Unidos. Aquellos que ingresan más de tres veces por año pueden obtener una tarjeta magnética, Inspass, con la que evitan la tediosa fila de Inmigración. " Argies , por aquí", ya dividen las aguas en los aeropuertos.

Pero todo extranjero se asombra cuando se entera de que Buenos Aires está casi empatada con Nueva York en el récord mundial de psicólogos y psiquiátras: 111 cada 100.000 habitantes, según revela Clifford Krauss en el Times: "Los argentinos hablan en forma tan abierta de ir a su analista como de ir al mercado. La costosa terapia es parte de la vida de la clase media, como unas vacaciones en las playas de Mar del Plata o los boletos para la temporada de ópera en el Teatro Colón". Es como si se ufanaran de sus propias neurosis.

Por eso, según el corresponsal Faiola, películas como "Mighty Aphrodite" (Poderosa Afrodita), "Everyone says I love you" (Todos dicen te quiero) y "Deconstructing Harry" (Los secretos de Harry), de consumo más artístico que masivo en su lugar de origen, tienen tanto éxito de taquilla en la Argentina. Es el tercer mercado de Woody Allen, después de los Estados Unidos y Francia.

"¿Por qué Woody Allen en la ciudad del tango? -especula Faiola-. Simple: los argentinos, como el mismo Allen, tienden a creer que tienen más problemas que el resto del mundo, y adoran analizarse hasta la muerte."

El estigma de la arrogancia argentina va de la mano de una educación que, según admiten todos, supera la media. De ella se nutren desde la mayor comunidad judía de América latina, afincada en Buenos Aires, hasta los hijos de los inmigrantes de otros orígenes. Consta también en las fichas del Departamento de Estado: los argentinos, comparativamente, gozan un alto estándar de vida, y la mitad de la población se considera a sí misma de clase media.

En "Los otros americanos", un libro escolar de español, las autoras, Nina Lee Weisinger y Marjorie Johnston, hacen decir a Alberto, un estudiante ficticio: "Buenos Aires se llama el París sudamericano. Para su tamaño tiene más millonarios que ninguna otra ciudad, y todo el mundo parece tener dinero. Como Nueva York, es una ciudad cosmopolita y se ve en sus calles gente de muchas nacionalidades que habla varias lenguas. Hoy día esta capital dista de Nueva York siete días por aeroplano, y se dice que dentro de poco sólo distará cuatro días". Fue editado en 1934.



Buenos Aires, en la mira de Hollywood

WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- En la película "Independence Day", el rayo de los extraterrestres pulveriza la Casa Blanca. En "Mars Attacks!", los marcianos invaden ciudades de los Estados Unidos. En "Starship Troopers", la cosa cambia: no queda piedra sobre piedra en Buenos Aires. Y el protagonista de la película, un porteño que habla inglés y visita, antes de la invasión, la casona en medio de las despobladas pampas en la que viven sus padres, se venga de los insectos gigantescos que pretenden destruir la Tierra.



"¿Argentino? Maradona"

Pregunta y respuesta, expresadas por la misma voz, hablan de la asociación libre con el nombre del país. Antes era Evita, gracias a Madonna. O Gardel. O El Che. O Borges y Cortázar, en los círculos intelectuales. O Menem y Cavallo, entre los políticos y los brokers . O Batistuta.



Pero es como si Maradona hubiera superado a todos, acaso por el tiempo multimediático en el que le tocó ser ídolo de multitudes. "Ah, la mano de Dios", sugieren, aludiendo al gol contra los británicos en 1986. Y una mueca de mal humor cuando la conversación aterriza en las drogas.

Inquietud por la economía, después del 5000 por ciento de inflación. Diferencias entre la carne argentina y la norteamericana. El tango. Algún chiste ingenuo sobre argentinos: "Los perros de allá ladran: Esteee... ¡Guau!". Una réplica sobre norteamericanos: "Quienes hablan tres idiomas son trilingües, quienes hablan dos son bilingües y quienes hablan uno son americans ".



Guelar: "Somos los más conscientes de nuestra locura"

WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- "Los argentinos somos los más conscientes de nuestra locura -dice el embajador ante los Estados Unidos, Diego Guelar-. La ciudad de Buenos Aires es muy especial, como Nueva York o París, y tiene sus propias ceremonias, como el psicoanálisis. Si al psicoanálisis puede llamárselo ceremonia, claro. Creo, sin embargo, que la arrogancia que se le atribuye al porteño es parte de su sentido del humor."

Guelar, entrerriano de nacimiento, porteño por adopción, sostiene que la arrogancia puede ser parte del sentimiento de provinciano exiliado que arrastran los porteños: "El jefe de gobierno (Fernando de la Rúa) es cordobés y un ex intendente, como Carlos Grosso, es chaqueño", abunda en detalles.

Todas las ciudades grandes, sobre todo aquellas en las que el hombre suspende los ritos del pago chico, como la siesta, tienen algún componente de locura, según explica.

"La prepotencia del porteño es algo sí como el orgullo de la pertenencia -afirma Guelar-. Pienso que va a ayudarnos el nuevo status de ciudad Estado. Durante muchos años, la Argentina tuvo un problema de identidad en el que la relación con nuestros vecinos estaba marcada por una vocación de diferenciarnos, pero, a la vez, mantuvimos una política de fronteras abiertas." Y agrega: "Ni en los peores momentos de la desocupación, con una tasa del 19 por ciento, se levantó una voz política para expulsar a los chilenos, los bolivianos, los paraguayos o los uruguayos que viven en el país. Eso puede ser una contradicción con nuestra arrogancia".


Moscas blancas

Los argentinos, sin embargo, suelen ser moscas blancas en reuniones con latinoamericanos, ya que son considerados algo así como europeos, o intrusos, en un continente al cual no se sienten integrados.

"Sí, eso molesta un poco, sobre todo por la actitud altiva que tiene el porteño", confiesa Santiago Canton, director de Información Pública de la Organización de Estados Americanos (OEA) y ex director de América latina del National Democratic Institute (NDI), brazo internacional del partido de Bill Clinton.

Canton, nacido en Villa Ballester, provincia de Buenos Aires, radicado aquí desde hace 10 años, todavía se sorprende cuando un porteño, en un diálogo con norteamericanos o en un taxi, se siente orgulloso de ser confundido con un italiano o con un francés.

"Yo no creo que Buenos Aires sea una ciudad europea, sino una mezcla de Europa con América latina -indica-. Evolucionó, nos guste o no, como las otras capitales del continente, respetando los ciclos políticos y culturales. Que algunos argentinos se sientan más europeos y marquen la diferencia es otra cuestión. Ese intento es real. Por eso, nos dicen arrogantes. Entre los latinoamericanos siempre hay pica entre los países, pero, habitualmente, la Argentina es el blanco de todos".


Jorge Elías

(La Nación, 7 de septiembre de 1.998)





sábado, 20 de noviembre de 2021

El hacha y el bosque

El bosque seguía muriendo. Y los árboles seguían votando al hacha. Ella era inteligente, les había convencido que por tener el mango de madera era uno de ellos.

Refrán turco




viernes, 19 de noviembre de 2021

¡Fuera rutinas!

Con ganas de dejar la rutina de cada día hizo las maletas y se fue de su ciudad. Y en esta nueva etapa descubrió a su mejor amiga: ella misma. No se sentía una persona solitaria. Conversaba y reía con sus compañeros de trabajo, aunque, para salir de fiesta, no quedara con nadie especial. Comía casi siempre en casa y adquirió una costumbre que se hizo en ella un hábito: después de la cena se sentaba a conversar a diario con su libreta. Y así fue experimentando que, de aquel cielo gris y engarrotado, iba desapareciendo las turbias nubes que tapaban el cielo azul. 


Hoy, al verse más fuerte por dentro, y habiendo superado lo que ayer le causaba lágrimas, ha vuelto a recuperar la calma en su rostro y sus lágrimas en silencio se han ido convirtiendo en amplias sonrisas.





martes, 16 de noviembre de 2021

Siempre me ha llamado la atención, cuando Ignacio viajaba a África, la sonrisa de los niños y de las mujeres; eso tiene una explicación, no conocen otra cosa y entonces no lo pueden desear, lo malo es cuando se dan cuenta que el mundo no es como ellos viven, entonces se apaga la sonrisa y aprenden a sobrevivir y a ganarse la vida de cualquier forma, por ejemplo piden dinero si quieres hacerles una foto, si preguntas por una dirección, se pelean por llevarte una maleta y es entonces cuando pierden la inocencia y se dan cuenta que su futuro pasa por salir de su país .


Siempre estuve en contra de esa expedición política de traer a los niños saharáuis de verano, les enseñas otro modo de vida, -Corte Inglés, piscina, playas comida, golosinas, el cabildo le regala una gorra y una caja de lápices, todo muy útil-. Y después lo devuelves a una jaima en pleno desierto, sin medicinas, sin colegios y sin lo más elemental para sobrevivir. ¿Creen que les han hecho un favor? Les han creado unas necesidades que antes no tenían ni tienen posibilidades de tenerlas.


Los reclamos políticos son crueles sobre todo cuando se utilizan niños. 


(Mappi Gonzáles)




sábado, 13 de noviembre de 2021

La cumbre del clima: bla, bla, bla...

La actual cumbre del clima, la que se está celebrando en la ciudad de Glasgow entre los días 31 de octubre al 12 de diciembre, promete ser tan decepcionante en sus acuerdos como las otras 25 precedentes. Acabará siendo otra oportunidad perdida. Ni siquiera los más optimistas de entre los optimistas esperan más que las buenas palabras habituales. Las conclusiones finales camuflarán con palabras el hecho de que los pocos acuerdos a los que se lleguen serán, desde su puesta sobre el papel, agua de borrajas.

Las economías en vías de desarrollo no están dispuestas a acceder a las pretensiones de las más desarrolladas y renunciar un ritmo de crecimiento que mejoren las condiciones de vida de sus pueblos. ¿Por qué tienen que renunciar a crecer, simplemente por el hecho de llegar con retraso al tren del desarrollo? No suena justo -y no lo es- “pagar el pato” doblemente. Primero, cuando sufrieron, en tiempos del capitalismo extractivo, la explotación de sus riquezas naturales como motor del desarrollo de los imperios coloniales; y ahora negándoseles la posibilidad de acceder a esos consumos de energía y materias imprescindibles para despegar definitivamente. ¿Es justo?


La ecuación no tiene, de momento, una solución. Al menos, no de modo inmediato. No mientras la ley que mueve este, cada vez más deteriorado mundo, sea la de “Todo el mundo va a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío”.





viernes, 12 de noviembre de 2021

¿Qué pasaría?

¿Qué pasaría si un día despertamos dándonos cuenta de que

somos mayoría?


¿Qué pasaría si de pronto una injusticia,

sólo una, es repudiada por todos,

todos que somos todos, no unos,

no algunos, sino todos?


¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos

nos multiplicamos, nos sumamos

y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso?


¿Qué pasaría si nos organizáramos

y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas,

en silencio, en multitudes,

en millones de miradas la cara de los opresores,

sin vivas, sin aplausos,

sin sonrisas, sin palmadas en los hombros,

sin cánticos partidistas,

sin cánticos?


¿Qué pasaría si yo pidiese por vos que estás tan lejos,

y vos por mí que estoy tan lejos,

y ambos por los otros que están muy lejos

y los otros por nosotros aunque estemos lejos?


¿Qué pasaría si el grito de un continente

fuese el grito de todos los continentes?


¿Qué pasaría si pusiésemos el cuerpo en vez de lamentarnos?

¿Qué pasaría si rompemos las fronteras

y avanzamos, y avanzamos,

y avanzamos, y avanzamos?


¿Qué pasaría si quemamos todas las banderas

para tener sólo una, la nuestra,

la de todos, o mejor ninguna

porque no la necesitamos?


¿Qué pasaría si de pronto

dejamos de ser patriotas para ser humanos?

¿No sé... me pregunto yo,

qué pasaría?

 

Mario Benedetti







jueves, 11 de noviembre de 2021

Tres ventanas

Conocía el ambiente que rodeaba aquella vivienda, pues hace tiempo se sentaba en la marquesina de la parada de guaguas, junto al portal del edificio de siete pisos. Además, allí estudiaba también su amigo Carlos. El piso tercero aparecía también con luz encendida de tal modo que las tres ventanas que dan para la calle iluminaban ayer el tiempo en Aranjuez, la parada de guaguas. Era raro no escuchar alguna lamentación. Hoy se escuchó el grito de las lamentaciones. Una voz asustada clamaba en voz alta. "Soy su madre. Tengo un sólo hijo y no me quiere. ¿Por qué?”


Tomé nota para preguntar a Carlos si sabía algo del tema.


Las tres ventanas se apagaron de un solo toque y al instante salía Carlos por la puerta de la casa. Y me dije "esto hay que hablarlo en otro momento y sin prisas". 




miércoles, 10 de noviembre de 2021

La Carta

Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.

Luis Mateo Díez




martes, 9 de noviembre de 2021

No me importa que me llamen vieja

No me importa que me llamen vieja

si fui capaz de conquistar la meta,

ganándole batallas a la vida, 

sin rendirme nunca ante las penas...


No me importa que me llamen vieja

si tengo dentro tantas cosas bellas,

pues las arrugas y también las canas

no lo oculto, presumo de ellas.


No me importa que me llamen vieja.

Antes fui tallo de las ramas nuevas,

con mi savia todavía engendran.

Soy el tronco que les da las fuerzas.


¡No importa que me llamen vieja!

Ya vienen otros por la misma senda.

Mucho antes que ellos se lo piensen

sufrirán, como yo, las mismas penas.


No me importa que me llamen vieja

si tengo nietos que mi vida alegran.

Les doy la paz de mi vejez serena

cómo saben hacerlo las abuelas.


¡Feliz por haber llegado a vieja!

Ahora soy como las ramas secas

y caliento sus hogares con la llama

Del calor que les doy con mi presencia.




En referencia al señor amigo de mi abuelo, me acordé porque la semana pasada viendo el canal Canario (que en honor de la verdad no suelo verlo…). Estaba un señor que contaba historias que había oído en sus numerosos viajes, siempre de personas mayores y lo hacia a través de un libro gigantesco como un cuentacuentos, con un montaje muy bonito.


No voy alargarme más, pero dijo una frase que había escuchado en la India: "Cuando muere un anciano a se quema una biblioteca".


Quería decirlo, la importancia de escuchar a los mayores.







lunes, 8 de noviembre de 2021

¡Ladrones! (Cuento árabe)

—Rápido —cuchicheó la mujer de Nasrudín una noche— Hay ladrones en casa. Veo los bultos que han dejado en el jardín.

Nasrudín echó a un lado la ropa de la cama y empezó a salir por la ventana.

—¿Qué haces? —le preguntó su esposa.

—Mientras registran nuestras miserables posesiones, voy a robarles sus bultos.




domingo, 7 de noviembre de 2021

Los tres filtros de Sócrates

En la antigua Grecia Sócrates tenía una gran reputación de sabioa. Un día vino alguien a encontrarse con el gran filósofo, y le dijo: 


– ¿Sabes lo que acabo de oír sobre tu amigo?

– Un momento, –respondió Sócrates– antes de que me lo cuentes, me gustaría hacerte una prueba, la de los tres filtros.

– ¿Los tres filtros?

– Sí -continuó Sócrates–, antes de contar cualquier cosa sobre otros, es bueno tomar el tiempo de filtrar lo que se quiere decir. Lo llamo el test de los tres filtros. El primer filtro es la verdad. ¿Has comprobado si lo que me vas a decir es verdad?

– No, solo lo escuché.

– Muy bien. Así que no sabes si es verdad. Continuamos con el segundo filtro, el de la bondad. Lo que quieres decirme sobre mi amigo, ¿es algo bueno?

– ¡Ah, no! Por el contrario.

– Entonces, -cuestionó Sócrates– ¿quieres contarme cosas malas acerca de él y ni siquiera estás seguro de que sean verdaderas? Tal vez aún puedes pasar la prueba del tercer filtro: el de la utilidad. ¿Es útil que yo sepa lo que me vas a decir de este amigo?

– No, en serio.

– Entonces, -concluyó Sócrates– lo que ibas a contarme no es ni cierto, ni bueno, ni útil; ¿por qué querías decírmelo?


Mejoremos nuestra vida y sociedad.