martes, 4 de junio de 2019

Haters


Ya no vamos de compras, hacemos “shoping”; no tenemos entrenador, sino “personal traning”. Ahora somos “youtubers”, “influencers”, “followers”... Antes éramos, bohemios o modernos o progres o fachas… hasta hace poco -que al parecer ya está pasado de moda- crecían como setas los “hispters”.  El caso es ser algo que suene exótico, aunque en nuestra lengua tengamos un término equivalente. Es una manía -o mejor, puro “postureo”, que se dice ahora-, nos hace aparecen más interesantes, más enterados del tema. Era cuestión de acostumbrarse. Ya que no puedes luchar contra ello, te acostumbras y te dejas llevar.

Pero la realidad te sigue sorprendiendo. Desde no hace mucho, me cruzo cada dos por tres con gente que dice ser -o acusa a otros de serlo- “hater” (Odiador). Odiadores de cualquier cosa: Odiadores del final de Juego de Tronos, odiadores de tal o cual equipo de fútbol, odiadores de Tele 5, odiadores del pan tumaca.

Se puede ser “heter” de cualquier cosa. Al fin y al cabo, la única condición indispensable es la de odiar. A eso solo hace falta una segunda para alcanzar la calificación de apto: la de presumir de ello. Antes se odiaba en secreto, a escondidas y uno era un mejor odiador cuanto mejor lo escondía. Ahora es lo contrario. Conviene hacerlo publico, que se note, ostentar de ello. Y posibilidades no faltan -Youtube, Twitter, Facebook, Instagram, Tinder, Pinterest, MeWe y cualquier otra red social a mano-.

Crispados tiempos estos, en los que está más valorado odiar que pasar desapercibido.



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