martes, 7 de noviembre de 2017

El que no corre vuela (The Paradise Papers)

Nuevamente, empresarios, cantantes, deportistas, políticos y, en este caso, hasta una reina (¡y qué reina, la reina más reina de todas las reinas!) aparecen en una de esas listas de gentes con dinero en paraísos fiscales. Recordemos que no es la primera lista. Y sabemos a ciencia cierta que no será la última.

No sé a vosotros, pero a mí me baja la moral –lo confieso- cada vez me cruzo con una noticia de éstas. Me asalta la pregunta de si yo me comportaría de modo tan insolidario si estuviera tuviera en mi mano esas posibilidades de evadir impuestos. La respuesta cínica diría que “la gente es honrada porque no tiene la alternativa de ser otra cosa”. Quiero creer que no.

Pero esas personas que pueblan las listas son, en muchos casos ejemplos para mucha gente, ídolos o, cuanto menos, envidiados por sus méritos o por su saber hacer; un “saber hacer” que al parecer se extiende más allá de la actividad que les ha hecho famosos y admirados.

Pero esos comportamientos insolidarios… ¿cómo calan en la gente? ¿Levantan rechazo, admiración, envidia? ¿Las tres cosas? ¿Ninguna?... porque una cosa es lo que se dice y otra lo que se piensa y lo que se hace. A Alguno de esos que aparecen en las listas les hemos oído quejarse de la insolidaridad de esta deshumanizada sociedad, más de uno -y de una- ha encabezado iniciativas y campañas solidarias, clamando contra la injusticia y cuya mera presencia resultaba ser un refuerzo moral para los organizadores y para quienes recibíamos el mensaje. Hasta pudiera ocurrir que a muchos de sus admiradores les sea indiferente. Total, dentro de poco, otros nombres de otras listas relevarán del ojo de huracán a los actuales sonrojados en los papeles.

¿Y ahora qué? ¿Asumimos que la hipocresía es un componente inevitable de la condición humana? ¿o apretamos los dientes, aprendemos a vivir sin líderes ni héroes –al menos sin los de las listas- y renovamos el compromiso con nosotros mismos?



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