jueves, 29 de marzo de 2018

La Estrella


Estrenaba su último disco en la ciudad que le vio nacer. Había llegado de incógnito la noche anterior. Todo lo contrario de lo que acostumbraba. Decidió dar un paseo por las calles importantes de la urbe, mientras pensaba que en la vida había sido una triunfadora. Soy la campeona en besos, se decía a sí misma. Me he besado, entre otros, con poetas, cineastas, empleadas, jew princess, rateros, hippies, ingenieros, tenores, políticos, empresarios de alta nivel, personalidades de la alta alcurnia y guerrilleros, en mi boca todos los caminos de la vida se han cruzado.

Mientras pensaba en ello pasó al lado de tres chicos jovencitos que en aquella noche de frío permanecían sentados, acurrucados unos con otros, con camiseta sin manga que miraban hacia ella como pidiendo un poco de cariño y un algo de calor humano. Ella miró a su alrededor. No habían fotógrafos siguiéndola. Y volvió al hotel: he de avisar al fotógrafo para mañana a esta hora dar una vuelta por aquella plaza. Esa foto, con niños harapientos, no la tengo aún en mi álbum.



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