viernes, 29 de diciembre de 2017

Cartas desde Venezuela (II)

Adjunto una carta que refleja una de las tantas situaciones de crudeza que se viven en Venezuela y que hoy afronta una situación sin garantía de los derechos normales de todo ciudadanos

Mis queridos amigos de España:
Mi diócesis de Carora está pasando momentos muy difíciles. Los colectivos del gobierno nos están acosando y amenazando con maldad.
Ya han intentado entrar en la parroquia de la Sagrada Familia, han roto los cristales de las ventanas, han intentado violar la puerta de la casa parroquial y una vez que se han encontrado al párroco lo han insultado por anti gobierno y el padre lo ha pasado muy mal.
Ayer me he han informado que el próximo seré yo. Yo he estado muy asustado y con mucho miedo. Hasta este momento no han llegado.
Junto al obispo hemos tenido que cambiar el horario de misas para las 6:30 de la mañana para evitar que esa gente entre a nuestras iglesias y tome los micrófonos.
Hemos quitado las imágenes de los templos y resguardado los vasos sagrados que a ellos les pudiera parecer  valiosos. 
El Santísimo Sacramento los hemos escondido en nuestras casas parroquial y nos hemos tenido que hacer acompañar por varios hombres de las comunidades para tratar de preservar la vida.
Estos colé se llevan todos los muebles, televisión o computadoras que tengamos, debemos sacar todo de las casas al igual que vehículos, para evitar quedar sin nada.
Es triste constatar cómo entre nuestros feligreses hay gente que oye todo lo que decimos los curas en nuestras predicaciones y luego van y lo dicen a los jefes de los colectivos chavistas para vengan por nosotros. Tendremos que aprender a convivir con el trigo y la cizaña! 
Yo me he sentido muy ansioso, no duermo mucho por el temor.
Nunca pensé vivir en dictadura, jamás pensé que las películas sobre persecución que vi se hagan realidad en mi historia personal y eclesial.
Uno siente miedo, impotencia pero también irá al ver tanta injusticia. Esa misma rabia provoca en uno un deseo de no tener más miedo y salir a la lucha por la verdad.
Desde la fe uno también comienza a releer la historia del Señor Jesus y sobretodo lo que ha sido su pasión, y les digo que yo me he ido configurando y viendo al Maestro, no tengo miedo. Es una fuerza que solo el Espíritu Santo nos puede dar.
En el horizonte no hay luz ni solución fácil. No veo el fin. Solo el principio de una represión que será más fuerte todos los días y no se si terminará en el martirio de muchos.
Les agradezco su preocupación y su fraternidad. Les agradezco su oración para no caer en la tentación de abandonar el barco cuando la tripulación más nos necesita.

Oren por Venezuela

Les quiero y recuerdo,

Padre Jaime



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