lunes, 20 de agosto de 2018

Pequeña historia de amor


Cada vez que tenía un éxito como el de aquella noche qué significaba ir de superestrellas a todos los niveles, después de felicitar cariñosamente a todos los componentes del espectáculo, se retiraba a su camerino y al momento desaparecía sin que nadie supiera adónde podía haber ido. Pocas horas después la ventana de aquella casita aparecía flores por sus cuatro costados. Eran las señales estipuladas,  la llave del cerrojo y el pasaporte al frenesí.

Mientras el amante escondido descubría la señal ella se dedicaba a preparar la cena gorjeando unos cantos de felicidad. Pasaron los 20 minutos acostumbrados, pasaron las horas y además ya desesperada se dio cuenta que no aparecería. No encontraba consuelo. ¿Por qué me has hecho esto?  y dejando la comida hecha sobre el pollo de la cocina se dirigió al río cercano a sentarse y, viendo correr el agua, llorar su pena.

Y así como las aguas mezclan sus destinos, así también, los de ella se iban a enlazar con alguien que apareció en su vida cuando no lo esparaba.

Allí estaba ella, sentada en la ribera, tratando de entender la ausencia inexplicada de su amante, sin darse cuenta que, cerca a su lado, la figura amable de hombre la observaba. No sabía aun la vida que se abría.

Pero eso ya... es otra historia.




No hay comentarios:

Publicar un comentario