miércoles, 28 de noviembre de 2018

La Ley del embudo


El más reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo, la OIT, aporta el dato de que los salarios se redujeron un 1,8% en España a lo largo de 2.017.

Dicho de otro modo, pasada la crisis -porque así se decidido por decreto y se repite machaconamente desde los órganos de decantación de la opinión pública y publicada-, pasada la crisis -repito-, la clase trabajadora en nuestro país, no solamente no ve llegar un margen de respiro, sino que su cinturón está casi un 2% más apretado.   
 Cierto que el desempleo ha caído desde un 20% a un 15,6. Si fuéramos mal pensados aun podríamos sacar una conclusión más. Si los salarios decrecen y también lo hace el paro res indicativo de que los trabajadores están compitiendo a la baja por los mismos puestos de trabajo. Los grandes beneficiados son, evidentemente, los integrantes de la clase empresarial que, en el mejor de los casos, aumenta plantillas a menor coste. Desconozco si ese plus de beneficios se concentra en muchos o en pocos empresarios, pero la pelota está en ese lado del tejado.

Pero cuando se solicita desde sindicatos, asociaciones de jubilados, etc., revertir esa tendencia -que facilitaría consolidar la demanda interior, el consumo y el consiguiente aumento del empleo-, el FMI, la OCDE y demás adalides del liberalismo económico aun consideran insuficientes los sacrificios realizados hasta ahora. Insisten en la necesidad de bajar impuestos, excepto el del IVA, que aun les parece bajo. Pero de repartir de otra forma los esfuerzos no se dice nada.




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