lunes, 23 de abril de 2018

Hoy, al recordar todo aquello...


Tu historia, la mía, la del vecino que acabamos de saludar en la escalera, la del desconocido con el que acabamos de cruzarnos en la calle -y que nunca conoceremos- están llenas de momentos. No son líneas continuas. Son exactamente eso:  momentos felices y  otros -muchos o pocos- que no lo son tanto.

Cuando hacemos repaso tendemos a quedarnos con los felices. Incluso la memoria hace su propia selección, unos se recuerdan con más intensidad que otros. Muchos se van cubriendo de polvo, relegados a un paso del olvido, aunque, de tarde en tarde, nos vienen a la memoria rostros de aquellos que pasaron por nuestra vida, no solo nuestros padres, nuestros abuelos, sino también los de otros -familiares, amigos, parejas que dejaron de serlo… o sencillamente gentes que fueron fugazmente importantes en nuestras vidas-.

¿Y los olores o los colores de instantes que vivimos en aquellos años? ¿Dónde se habrán quedado? De repente una música, una vieja y amarillenta fotografía es capaz de evocar toda una época y devolver el brillo perdido a esos recuerdos.

No sirve de mucho anclarse en la nostalgia de los tiempos pasados, pero no está de más pararse un rato y evocar todo aquello.




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