martes, 16 de octubre de 2018

Filosofía aplicada


Hay quienes dicen que los niveles morales de nuestra sociedad están bajos. Buscábamos libertad y la hemos confundido con hacer lo que nos dé la gana. Que cuando peleamos por los derechos humanos estamos reivindicando nuestros propios deseos. Y si hablamos de corrupción -o de consumismo- nos quedamos a nivel cero.

De ahí que muchos filósofos, como Nietzsche y otros muchos antes que él, hayan planteado que la moral vuelve fariseos a los que lo practican y convierte en aprovechados a todos aquellos que la dictan y la enseñan.

Estas reflexiones nos acercan a uno de los dramas de la vida humana, cómo son el bien y el mal, dónde solo merece el nombre de bien aquello que brota desde la más profunda libertad. No se trata de hacer el bien por temor a un castigo. En ese caso sería un miedoso,  no un bondadoso. Y aquí entra por medio la actitud o el hecho de amar. De hacer las cosas por amor, porque queremos hacerlo, porque nos gusta la búsqueda del bien para nosotros y para los demás.

Dice González Faus qué" uno va descubriendo que en la vida hay personas que sacan lo mejor de aquellos con quienes tratan y otras que tienen la desgracia de sacar lo peor de los demás. Y acaban descubriendo que en el fondo de esas dobles acciones está el que las personas nos sintamos queridas o nos sintamos agredidas en nuestro encuentro con los demás".

Con lo cual solo la bondad y no la moral construirá una sociedad más convivencial que la que hoy soportamos. Menos reglas morales y menos dictados de los que están arriba, sea cual sea la institución, y más hechos por su parte.



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