martes, 30 de octubre de 2018

Malos tiempos para la lírica


“Malos tiempos para la lírica” era el título de una canción de Golpes Bajos, allá por los ochenta. Seguro que la recuerdan muchos de los que pongan sus ojos en este post. Se convirtió en un himno y no ha dejado de tener vigencia desde entonces. Malos tiempos de nuevo cuando uno ojea la prensa -digital o de papel-  o escucha los informativos y comprueba que en Brasil llega al poder, a través de las urnas, un personaje tan descaradamente de extrema derecha, que defiende la dictadura militar (e insinúa que se quedó corta) que laminó las libertades en un pasado no excesivamente lejano en su país. Un personaje homófobo, machista, xenófobo y sectario. Un “prenda”, en pocas palabras. Con todo, lo grave no es solo eso, lo grave es que allá más de un 50% de la población que se haya acercado a las urnas para depositar en él su confianza.


Brasil era, hasta no hace mucho, una economía pujante, un país emergente, uno de esos gigantes dormidos, de los que se suponía iban a tomar el relevo a los viejos gigantes decadentes en un mundo cada vez más interrelacionado. Hoy, despertando de una sueño que a punto estuvo de tocar con los dedos, lucha pore salir de una crisis que ha parado en seco sus expectativas.

Pero no solo es eso lo que ha ayudado a llegar a Bolsonaro -que así se apellida quien a mí me parece tan peligroso personaje- . ¿Cómo es posible que la mayor democracia de Suramérica se arroje en tan poco tiempo en brazos de alguien que no se corta al proclamar pensamientos tan reaccionarios.

Una de la causas puede ser la frustración, es decir, el incumplimiento de las expectativas de crecimiento.  En su día se hablaba del “milagro brasileño”, el de una sociedad que crecía muy por encima de otras economías de los cinco continentes. Pero seamos realistas, esas tasas eran difícilmente sostenibles en plena crisis internacional. En un contesto global, las crisis acaban extendiéndose y contagiando todo cuanto toca. Se tardará más o menos, pero los contagios llegan, sobre todo a un sistema productivo cuyos dos pilares fundamentales son la exportación de materias primas y la prestación de servicios -en el caso brasileño, el turismo-. Ambos elementos precisan del tirón de la demanda exterior que, si falla, acaba incidiendo en el mercado interior -la demanda-.

Pero no es el único factor que ha llevado al cambio. La segunda causa -innegable a estas alturas: la corrupción, un factor corrosivo que acaba diluyendo la confianza en cualquier sistema social. Ningún país está exento de ella, pero si fallan los mecanismos para combatirla, más pronto que tarde, la democracia es solo un cuerpo de normas vacío de contenido, una proclama retórica inútil, donde se reproducen los comportamientos que degradan el resto de valores políticos.

¿Y ahora qué? Pues ahora, de momento, cuatro años de Bolsonaro -cuatro de momento- cuatro de alguien que no se corta en decir, por esa boquita que dios le ha dado cosas como estas:

Sobre los homosexuales:

"Los homosexuales lo son por consumo de drogas, solo una pequeña parte lo es por defecto de fábrica".

"No voy a combatir ni a discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar".

"Sería incapaz de amar a un hijo homosexual. No voy a responder como un hipócrita, ante eso, prefiero que un hijo mío muera en un accidente".


Sobre las mujeres:

"Ella no merece ser violada, porque ella es muy mala, porque ella es muy fea, no es de mi gusto, jamás la violaría" (Refiriéndose a otra parlamentaria de diferente partido)."No es una cuestión de colocar cuotas de mujeres porque sí. Tenemos que colocar gente capacitada. Si colocan mujeres porque sí, voy a tener que contratar negros también".

"Tengo cinco hijos: fueron cuatro hombres, ahí en el quinto me dio una debilidad y vino una mujer".


Sobre su ideología:

"El error de la dictadura fue torturar y no matar".


Sobre su xenofobia:

"No corro el riesgo de que uno de mis hijos se enamore de una mujer negra porque fueron muy bien educados".

"No hacen nada (las comunidades negras). Más de mil millones de dólares al año estamos gastando en ellos. No sirven ni para procrear".


¿Quién da más?




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