jueves, 29 de junio de 2017

El Parque

Daba vueltas medio despistada en torno a aquel banco del parque. Cuando parecía que nadie la veía se paraba, sacaba su espejo, se daba unos retoques en la cara y ensayaba sonrisas buscando la más seductora.

No, no acababa de conocerlo. Hace tiempo se estaban viendo. Y ayer él marchó de su encuentro diario algo desconcertado. Alguna vez había ocurrido ya. Pero tan instantáneo y cortante como ayer nunca lo había vivido.

Hoy, en la mañana, se acercó a la tasca donde él suele desayunar a media mañana cerca de su oficina. Le extrañó no verle. Y al salir le vio sentado en un banco del parque cercano mirando hacia el horizonte y con triste semblante. No sabiendo qué hacer se había puesto a dar vueltas cerca de aquel lugar, al tiempo que pensaba cuándo y por qué se había fraguado aquella distancia. Ella siempre había tenido la actitud de descalzarse ante su amado y su cuerpo había sido siempre, no un mero acto egoísta y de búsqueda de satisfacción personal, sino de ofrenda de su persona y su querer darse por entero.


Daba vueltas a su cabeza y no lograba encontrar cuando nació y fue creciendo esa distancia que anoche había estallado y que parecía insalvable. Y deseaba, desde lo más profundo de su corazón, poner remedio y que el oscurecer de la tarde quedara sorprendido por la aurora que les llevara de nuevo al paraíso. Y cuando ya se sintió fortalecida por dentro e intentó dar un paso hacia el banco donde su amado estaba, vio como él se levantaba para volver a la oficina. Con las manos en los bolsillos, la cabeza entornada hacia el suelo y una mueca de tristeza, casi que pasó rozando a su lado sin percibir su aroma que tanto le embriagaba. Ella no le hizo seña alguna y las lágrimas hablaron por su boca. Con ellas, regando su cara, mandó a parar un taxi.



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