viernes, 7 de diciembre de 2018

Desgracias propias y ajenas


De las desgracias también se aprende, dicen. ¿Y qué enseñan? Pudiendo uno elegir maestro desde luego a la desgracia no.

Se fueron de vacaciones. Toda la familia, padre, madre y dos hijos. Y decidieron llevarse también a los dos abuelos que quedaban vivos. Los abuelos no habían montado en avión. Llenos de salud y pletóricos de ilusiones llegaron a Tenerife. A los tres días el abuelo comenzó a orinar sangre. La preocupación, el temor a que pasare algo comenzó a invadirles. En el centro de salud de urgencias le dijeron que el tema sobrepasaba sus posibilidades. Tres días en el hospital. No playa. No apartamento. Niños al cuidado de una persona que habían conocido recientemente en la playa. Vuelta a casa ya fuera de peligro. ¿Que se puede aprender de esta desgracia? ¿Que no se debe é invitar a los abuelos, es decir a los viejos, a disfrutar de las vacaciones de la familia? ¿Que hay que hacerse unos análisis y un examen médico antes de ir de vacaciones? Prefiero olvidarme de  incidentes de este tipo y seguir con la vida normal de cada día, pues lo que ha de venir, vendrá. Sin género de dudas.



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