domingo, 23 de diciembre de 2018

Riesgos


Su práctica cotidiana consistía en tenerlo todo bajo control. Él era quien tenía que planificar y construir la marcha de la oficina cada día. Eran sus esquemas, sus seguridades y sus gustos los que mandaban. Tampoco ello llevaba consigo alguna novedad en el quehacer diario. Más que la novedad era la antigüedad la que reinaba. Las iniciativas de sus empleados caían en saco roto. Hasta que cierto día Roberto, uno de sus empleados y además muy amigo, hombre dado al conocimiento de las tradiciones tanto cristianas como esotéricas, aprovechó un café donde habían quedado solos para hacerle reflexionar sobre la importancia de abrirse a la novedad de los nuevos cambios, métodos y maneras de nuestra sociedad.

"Tienes que darte cuenta, en primer lugar, que tú eres una novedad y una empresa sale adelante si se arriesga y hace cambios. Fíjate hasta en los tiempos antes de Jesucristo la gente se arriesgaba. Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva; Abraham abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa; Moisés se enfrenta al poder del Faraón y conduce al pueblo a la libertad. Pues eso es así, amigo, hay que estar abierto a las sorpresas de la vida y no atrincherarnos en estructuras y costumbres caducas. Por ejemplo, hoy no se concibe un trabajo dirigido por una persona sino por un equipo. Siempre se ha dicho que cuatro ojos ven mejor que dos”.


Aquella conversación no cayó en saco roto. A la semana siguiente un equipo bajo la dirección de su jefe de siempre coordinaba la empresa


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