martes, 11 de diciembre de 2018

Todos somos legales


Cuando eres pequeño poco te importa que el otro sea negro o tecnicolor. Lo que te interesa es que sea alguien que tenga ganas de jugar contigo. Pero cuando crecemos empiezan los miedos. Miedo a que el otro sea violento y la coja contigo; miedo a que te juzguen por aquello que haces y que, no haciendo mal a nadie, hay algunos a los que no les gusta.

Hay mucha gente de todas las edades, de todas las clases sociales y de todas las nacionalidades que se creen más importantes que los demás. Alguien tendrá que decirle que pasen por el cementerio y mirando cada nicho y pregunte: ¿hay alguien aquí que se sienta más importante que los demás? Parece que haber alguno habrá a juzgar por los mausoleos que la gente importante se construye para su descanso eterno. Fijémonos bien: el cementerio está lleno de gente imprescindible o que creía serlo.

La Carta de los Derechos Humanos que todos celebramos comienzan reconociendo la igualdad de todas las personas sea cual fuere su nacionalidad, su ideología o su orientación sexual.

Nos queda mucho para pensar y actuar así. Prueba de ello es nuestra actitud y conducta ante los inmigrantes. ¿Los pocos que llegan con qué se encuentran? Pues sencillamente con el desprecio y soledad que esta sociedad nuestra les brinda.

Criticamos a la justicia porque para ella no todos somos iguales ante la ley. ¿Y a nosotros quién nos crítica? Somos los primeros en no aplicar que la ley es igual para todos, negándoles incluso el derecho a ser “persona” pues cuando les decimos "inmigrantes ilegales'.

TODOS LOS SERES HUMANOS SOMOS LEGALES.




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