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sábado, 18 de enero de 2020

Cultivo una rosa blanca (José Martí)

No solo fue escritor sino también político. Fue el fundador del partido revolucionario cubano. Murió a los 42 años de un impacto de bala.

Figura destacada en la poesía hispanoamericana especialmente en la etapa de transición el modernismo dónde su influencia es básica y fundamental. No es frecuente escuchar a políticos hablar de sentimientos y de actitudes interiores. Y el poema “Cultivo una rosa blanca” subraya el valor de la amistad y la importancia de cultivar con los demás un amor sincero.

Eso de invitación a la guarde o cultivar rencores para aquellos que nos engañan actualizada y para los que piensan distinto o  no comunican con nuestras ideas.

La metáfora de la amistad del amor y de la franqueza es en este caso la rosa blanca. El color de la pureza , el blanco, se puede considerar como un símbolo de la bondad y la honestidad. Presente en el poema está también la idea del cultivo. Es decir aquello que se siembra se cuida y se obtiene mediante la labor constante. Así el cultivo de la rosa blanca. Hay que cuidarla para que florezca.

Y no nos olvidemos de los cardos y las ortigas que es la voz del poeta se niega a ofrecer aquellos que le arrancan el corazón es decir al desleal, al traicionero.




Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

lunes, 19 de junio de 2017

Mis abuelos en la tele

Cansado del curre llego a casa, enciendo la tele y ¡sorpresa! En la pantalla, mis abuelos maternos con un alegueteo más que fino.

¡Ella le llama Prometeo! y es que en el fondo lo ve como su protector, sobre todo en estos tiempos en que, recién casados, lo único que se encuentra para comer es gofio y cebollas. Y con voz de miedo, pero con los ojos llenos de esperanza le dice: Siento que mis huesos están llenos de barro y que, algo como un buitre, devora mis entrañas. Pero mi esperanza no se ha perdido porque tú, Prometeo, tú estás conmigo.

Se produce un corte en la película, un minuto que es algo así como un paréntesis en blanco donde en algún espacio hay unos cuantos puntos bastantes separados el uno del otro) y les veo a los dos de nuevo. Sí, a mis abuelos que, mirándose el uno al otro, con lo puesto, sin pasaporte, pero llenos de ilusión, se bajan del barco que les ha traído a Cuba. Ya les han conseguido un pequeño local en la calle Sitio, 50 en plena zona antigua de la ciudad, y al día siguiente comenzarán su aventura con una tienda “para todo” desde comestibles a hilos de coser, pasando por molinillos de millo hasta naranjas cogidas el día en la huerta (de alguien tendrían que haberse copiado las “tiendas para todo” de hoy de los chinos). Su proyecto es ajuntar todo lo que puedan para en diez o quince años volver a Canarias, con un dinerito ahorrado, y montar un tinglado de labranza y agricultura.


Les saldrá bien el proyecto. No me cabe duda. Y formarán parte de los nuevos indianos.