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martes, 1 de septiembre de 2020

 


Mantenerse positivo puede estar siendo un desafío últimamente, por la vida restringida debido a la pandemia.


Muchas veces buscamos la motivación afuera de nosotros, pero la verdadera motivación es la inspiración que viene de nuestro interior. Y cuando nos conectamos con ella, nos sentimos con más energía y los resultados son más satisfactorios.


En estos momentos no debemos ser muy duros y exigentes con nosotros mismos. Debemos soltar los planes y las expectativas y ser más flexibles, para dejarnos llevar donde la vida nos lleve y no impedir o hacer más difícil el cambio que se está produciendo en nosotros y en el planeta.


Es muy fácil evitar el virus, pero no es tan fácil evitar el miedo que está presente en el mundo. La gente morirá más por ese miedo que por la pandemia.


“No hay virus en el mundo que sea más peligroso que el miedo. No hay duda, es tiempo de soltar y confiar".

Mabel Katz

sábado, 7 de septiembre de 2019

La vida deja huellas


Hoy parece que se nos invita a vivir sin “contaminarnos” por la realidad. O, mejor dicho, un poco a la carta, eligiendo sólo lo nos gusta. La aspiración es seguir joven toda la vida; a eso induce la publicidad más agresiva. Pues vaya, y yo que pensaba que lo natural era cada mañana tener un día más, dejar atrás la adolescencia, y conforme vas viviendo, ir dejando una huella en el mundo (desde muy pronto), y que el mundo también te vaya marcando. Pues resulta que no, que hoy lo natural es esa apariencia de perpetua frescura. ¡Vaya por Dios! Pues la verdad, paso. Prefiero empezar a vivir, cuanto antes mejor, para que llegue al final del camino con el cuerpo y el espíritu marcado. Aunque haya cicatrices.

El mundo idílico de algunos programas infantiles de televisión, con lenguaje dulce, conflictos risibles, lecciones tiernas… no es real. Un mundo Disney. Y no está mal empezar la vida asomándose al mundo de un modo amable. Pero luego hay que crecer, y al crecer, empezar a arriesgar, a comprometerse, a implicarse y complicarse la vida… porque todo lo que es importante te marca un poco, y a veces te hiere. Hay quien tiene tanto miedo a sufrir (léase “estar mal” a veces) que se pone la venda con mucha antelación, y no llega a vivir de realidad. Yo quiero ser capaz de vivir, arriesgar y a veces tropezar, gritar cuando haga falta, sufrir por los míos (y que los míos sean cada vez más). 

Que las heridas se curan. Y después de ellas, sobre todo de las más duras, algo queda. Queda el recuerdo de lo vivido. la lección aprendida, la sabiduría de quien ha llorado y sin embargo se ha salido adelante. Queda la fuerza de quien es capaz de comprometerse por causas loables. Queda la lección que se saca de los errores (propios y ajenos), la calma que da una cierta perspectiva, la humanidad de quien se siente frágil y por eso mismo acepta la fragilidad ajena, la alegría serena de quien ha estado triste alguna vez y la pena tranquila de quien ha reído mucho. La sencillez de quien sabe pedir perdón y perdonar. Todo eso ha de ser el horizonte de nuestras búsquedas. Obtener lecciones que nos ayuden a vivir.



martes, 27 de agosto de 2019

Desaprender


"En la vida todos tenemos un secreto inconfesable, un arrepentimiento irreversible, un sueño inalcanzable y un amor inolvidable."

Las mujeres y hombres maduros de ahora hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camino del desaprendizaje. Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposas, mejores esposos,  mejores profesionales, mejores madres y padres, amigos, etc. Fuimos educados con la creencia de que TODO es pecado.

Ha llegado la hora del desaprendizaje o lo que mi hija llama graciosamente, el importaculismo ("Todo me importa un culo"). Ha llegado la hora de decir NO en muchas ocasiones, de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones. Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes.

Ahora nos gusta estar solos, disfrutar buenas conversaciones con gente que no nos insulta y que cree lo mismo que nosotros o que no le importa que opinemos diferente. Es la hora de hablar de todo sin necesidad de sostenerlo como medio de defensa. Es hora de ver películas, de estar en una finca, de ir a pescar al río durante la semana, de leer, de escuchar, de sonreír y de burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las pendejadas.

Nosotros ya demostramos que las responsabilidades fueron bien atendidas por nosotros, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas.

Lo que nos queda de vida es para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos da la gana. Viajar al máximo, tomando café con amigas y amigos, conversando con todo el que nos encontremos. Ya pasó la época de los roles. Lo que fuimos, fuimos. Ahora somos para nosotros mismos sin tener que rendir cuentas a nadie.

Los demás seguirán su camino de responsabilidades y de afanes, de preocupaciones y nerviosismos. Nosotros ahora, estamos por encima del bien y del mal.
 
Vamos a museos, asistimos a conferencias y si no nos gusta nos salimos sin que nos importe, redescubrimos al Quijote. Ahora asistimos con mayor frecuencia a entierros y nos damos cuenta de que se aproxima el nuestro, pero estamos preparados, pues al fin y al cabo vivir es mortal. La vida es para nosotros una profunda experiencia interior, lejos de mitos, ritos, limosnas y pecados sin fin.

Es la hora de empezar a relajarnos y de conversar largas horas con uno mismo, que es el único que permanece siempre, ahora y después de que abandonemos la nave del cuerpo. Nos rodean pocos seres a quienes amamos profundamente y que seguirán viviendo sus propias experiencias, estemos nosotros o no.

Mandaremos para donde sabemos a la gente que nos molesta, la tóxica. Quienes nos buscan sin egoísmos van a encontrar una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto. Somos, ahora sí, libres de ataduras, de prejuicios, de creencias.

Harold Schlumberg

“Especial para mayores de 50 Primaveras”