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lunes, 26 de octubre de 2020

Decepciones

Con frecuencia, le da a uno la impresión de que cada vez que confía en alguien sale decepcionado. Me ha pasado recientemente con alguien a quien pude conectar con un amigo para que le diera una plaza de trabajo. Me cuenta mi amigo que es un gandul y un vago, que no hace frente a los problemas con los que le toca lidiar. Que solo piensa en si mismo. Y es un lío tremendo pues al ser un trabajo de tipo social, como el mío propio, tiene que trabajar con gente, y aunque no debemos hacer nuestros los problemas de los demás, sí que nos debemos preocupar y tener una actitud éticamente solidaria. Y este tío pasa de los demás con los que tiene que trabajar.

No es la primera vez que me pasa el hecho de que cada vez que confío en alguien enteramente salgo engañado. Menos mal que en cuestiones amorosas me va mucho mejor. Bueno, he hablado con ese amigo, le he dicho lo que pienso, cuál debe ser, por propia experiencia personal, la actitud que se debe tener en un trabajo de este tipo, y casi me ha borrado de su vida. Ya ni pregunta por mí, ni me llama, y cuando me ve su saludo es un mero compromiso. Y eso que se arrepintió ante mí, que se mostró todo compungido.

Este hecho, me recuerda lo que me decía un amigo psicólogo acostumbrado a tratar a personas con depresiones por muchos motivos. Me contaba de alguien, sin mencionar personas, que, acostumbrado a darse a los demás y a solidarizarse con los otros, se encontró con que cuando él los necesitó los otros le dieron la espalda. Y se ha hecho un lío con su vida, a la que no le encuentra sentido. Aunque la expresión sea vulgar, mi amigo el psicólogo le está ayudando a descubrir que en la vida cada uno va a lo suyo, a sacar sus castañas del fuego, y que no se puede tener amigos en el trabajo. Y que solamente él y los más, los más cercanos serán los que se interesen por el mismo.

Vuelvo a mi amigo de marras. Ya no sé si llamarle “ex amigo”. Ya no sé cómo actuaré el día que tenga que recomendar a alguien para un trabajo. Como amigo, claro está. Porque intentar ayudar a colocar gente es también lo que hago, pero ni conozco personalmente al que viene a buscar trabajo ni tampoco al que se lo va a dar. Eso me salva. Solo soy un mediador. En el otro caso era algo más que mediador: mi recomendación influía. Pero sí, algo de decepción tengo. Espero no se haga un mal generalizado en mi persona. Pero al menos, un poco más desconfiado sí que me vendría bien, o por lo menos no ser tan impulsivo socialmente. De todas formas, no es precisamente un panorama muy bonito, vivir desconfiando o de decepción en decepción, salvo de aquellos más cercanos, muy cercanos, que forman tu pareja, tu familia, tu casa.





jueves, 24 de enero de 2019

Tiempo muerto


Años me costó construir aquella buena Concordia y entendimiento que era la envidia de todos los que nos rodeaban

De esta forma, proyecto tras proyecto que nos trazábamos, su realización era la traducción de un otro mundo para mucha gente.

Y todavía intento buscar una explicación de por qué he visto como el fuego ha ido quemando y consumiendo poco a poco todo lo que ha hecho.

Rechazaste el arte. Se te olvidó aquello que habías disfrutado.

Parece como si hubieses sentido el placer  de ser como ellos querían que fueses para después morir sin dejar huella, como si la vida fuera un simple reflejo de nada.

Y así seguir, caminando y pidiendo como quien no cierra las puertas, pero que al mismo tiempo no tiene nada que dejar en herencia a sus hijos.

martes, 31 de octubre de 2017

¡Vivamos la vida!

Buscando la perfección lo que más cerca podemos encontrarnos es con la ciencia ficción. ¿Dónde está la realidad que no necesite un cambio? ¿Dónde uno de nosotros que lo tenga todo aprendido? La persona perfecta solo la encontramos en nuestra imaginación de una noche de insomnio.

Por eso lo mejor es ser uno mismo. Me resulta feo que me comparen con otra persona. Cada uno es el mismo y sus circunstancias. Y en esas circunstancias entra aquello que uno puede aprender de otros. Y poco a poco la vida, aunque uno se dé cuenta tarde, va demostrando quien es quien, quien vale la pena y quién no.

Y de quienes más he aprendido es de aquellos que tienen un corazón humilde, sencillo y sincero. ¿Qué algunos me han decepcionado? La decepción no ha matado ni robado las ilusiones, más bien me han servido de maestra.

Por eso, y lo suelo repetir como un disco rayado, hay que estar en la frontera y no construyendo alambradas. La vida es corta. A vivir, pues, que son dos días. Es el título de un programa de radio que coincide con la mejor receta que me ha dado el especialista médico que me atiende.


Y así es. La vida es corta, rompamos reglas, perdonemos rápido, amemos de verdad y nunca dejemos de sonreír por más extraño que sea el motivo. Vivamos la vida, disfrutemos del momento y no nos importe lo que diga el resto.