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jueves, 9 de abril de 2020

El regreso

Cuando terminó la guerra regresó a su país pero no al  pueblo donde vivía ni tampoco al que lo vio nacer. Eran dos pueblos de los considerados como populares y progresistas.  Así un grupo amplio de vecinos,  entre los que se encontraban gente de su familia, eran miembros del comité de Amnistía Internacional contra la venta de armas y consecuentemente contra todo tipo de guerra entre seres humanos.

No podían entender como se hacia negocio con la guerra entre personas por el mero hecho de ganar dinero. Es decir, hacer dinero por matar a gente, vendiendo armamento a quién le puede interesar la guerra. Por eso menos entendían que aquel muchacho,  nacido y criado entre los suyos hubiera permanecido tres largos años teniendo un fusil como herramienta de trabajo.

De ahí que no se atreviera hasta entonces a volver a su pueblo, pero la curiosidad -y en parte la nostalgia- le comía por dentro. Y al cabo de dos años de regresar a su país entró una tardecita en su pueblo. Bajó del autobús una parada antes y entró caminando por una de las calles paralelas a la principal. Y cruzó despacio las calles donde jugaban antes de que aquel horror empezara. Le sorprendió que, de nuevo, aquellas aceras alojaran a otros niños, ocupados en los mismos juegos que recordaba haber jugado con los que entonces eran sus amigos.

Sentado en el banco más escondido de la plaza, esperando que nadie le reconociera. Recordó los nombres de la gente que nunca volvería a ver. Y se preguntó si todo aquello había merecido la pena. El dinero que había llegado a su bolsillo estos últimos tiempos era solo eso, dinero. Nada devolvería la vida los que faltaban. Se sintió culpable, con un peso en el alma insoportable.

Las risas de los niños que jugaban le sacó de sus oscuros pensamientos y deseo con todas sus fuerzas que ninguno de ellos cometiera los errores que él había cometido.


domingo, 16 de febrero de 2020

Siria: suma y sigue


No, no han sido ni uno ni dos ni tres, sino muchísimos más.Tantos que a día de hoy sigue siendo incontable el número de personas víctimas de la guerra de Siria. Nueve largos años hace que comenzó. 

Qué si iniciaron una rebelión armada; que si varios varias potencias intervinieron a favor de Al-Asad; que si un grupo terrorista islámico, procedente de Irak, había entrado haciendo más gordo el problema. Pero ninguno de ellos estaban en los hospitales ni  tampoco se habían refugiado en los mercados, donde iban cayendo día a día la metralla de vaya usted a saber quién.

Al cabo de un tiempo la masacre de cientos de civiles en hospitales comenzó a preocupar algunos gobernantes, que por fin cogieron el teléfono y que, a día de hoy, no han intervenido activamente para poner punto final. Tal sea que la pobreza siria no facilita que haya ocasión de negocio para los países poderosos y , por eso, permanece impertérrita la actitud de indiferencia en el mundo actual, por mucho que de tarde en tarde algunas imágenes de la tragedia se cueles en algún informativo y consigan despertar por unos instantes nuestras adormecidas conciencias… 


miércoles, 27 de noviembre de 2019

Consecuencias


Han pasado décadas, y aún quedan secuelas de la guerra de Vietnam -¿qué no quedarán de otras más recientes?-. Hablamos de guerras y pensamos en los que han muerto. Junto a ellos, también mueren muchas otras cosas, como son los principios y valores de vida.

Una de las principales víctimas de la guerra es la pobreza. Los estados nunca invierten en la rehabilitación de sus pobres lo que gastan en material bélico.

Justamente en los Estados Unidos, mientras libraba la famosa guerra en Vietnam, crecían los guetos de afroamericanos en las ciudades del país. Y en paralelo, los problemas derivados de la inseguridad, las tensiones raciales, la desigualdad real de derechos, en él ámbito laboral… circunstancias que también van a dejar su huellas en desequilibrios sociales y emocionales de toda la sociedad. Los mismos efectos, con las características peculiares de cada caso, se han ido y se irán percibiendo tras cada conflicto bélico.  

Mientras tanto, los políticos ignoran esta injusticia estructural y prefieren optar por el método liberal de resolver los problemas: se limitan a bajar las tasas de los impuestos a los ricos y privatizar los servicios sociales. A estas alturas, debería quedar patente que sin la solución de los desequilibrios estructurales la espiral seguirá creciendo. El poder ya no puede legítimamente demandar la obediencia a sus miembros más desfavorecidos. En esas condiciones, incluso la participación democrática queda cuestionada.

La conclusión que  Martin Luther King entresaca de este tema, y que esté blog hace suya, parece aun vidente: Nunca más abalaré con mi voto la violencia contra los oprimidos. Antes deberé exigir responsabilidades al mayor patrocinador de la violencia en el mundo actual cuál es mi propio gobierno.




lunes, 28 de octubre de 2019

A sangre y fuego

Prólogo de "A Sangre y Fuego" de Chaves Nogales leído por Juan Echanove en el II Congreso de las letras de Sevilla. Presentando y organizado por Jesús Vigorras y Arturo Pérez Reverte



miércoles, 29 de mayo de 2019

Y tú… ¿de qué marca es tu móvil?

Que los tiempos cambian -y cada vez más rápidamente- ya es cosa sabida. Las grandes potencias que en el mundo son ya no hacen sus guerras entre sí en un campo de batalla, ejército contra ejército, tanques, aviones, acorazados o ciudades reducidas a ruinas. Ya no, eso queda para los países pequeños -Libia o Siria, por ejemplo-.

Los grandes no. Los grandes libran sus guerras en despachos con moqueta, manejando los hilos de la economía, subiendo y bajando aranceles, imponiendo trabas a la importación de productos de industrias estratégicas. Y cuando en otros tiempos era imprescindible ocupar un territorio con tropas para esquilmar sus recursos, hoy es el control de patentes, derechos de propiedad intelectual, copywrites y marcas.

Antes eran el oro, las especial, el caucho, los diamantes, el agua. Hoy el control de la energías renovables, las comunicaciones, la tecnología 5G. Cambian las formas -e incluso los enemigos-, pero el trasfondo permanece idéntico: poder y/o dinero.

Antes eran los tramperos y los exploradores los que abrían la senda de la conquista, después llegaban los ejércitos (las legiones romanas, los tercios españoles, la armada británica…), después los comerciantes (las compañías de las indias); hoy ese papel lo desempeñan los departamento de investigación de las grandes corporaciones.

Y si antes fueron los protagonistas el imperio español, el británico, el francés, el chino, el japonés o el ruso, hoy son Estados Unidos y China los que defienden sus intereses, mejor dicho, los intereses de sus grandes multinacionales -Apple, Huawei, Samsung, Microsoft, Google…-

¿Afectados?: Todos. Nos vendieron que la globalización era la panacea para nuestros males; que al estar todas las economías relacionadas y dependientes unas de otras, nadie se atrevería a romper la baraja. Pero, ahora, si alguien osa ahora retirar una carta del castillo de naipes toda la estructura se pone a temblar.

Y en el horizonte una nueva recesión. No salimos de una y ya se avecinan las nubes negras de la siguiente.



jueves, 14 de junio de 2018

Manifiesto, 20 junio 2018. Día Mundial de los Refugiados




A pesar de encontrarnos ante la crisis humanitaria más grave de la historia tras la segunda guerra mundial, denunciada sin descanso desde 2015 por multitud de organizaciones y colectivos a lo largo del estado español. Hoy, en 2018, sigue siendo necesario denunciar que la situación de las personas migrantes y refugiadas ha empeorado hasta convertirse en una vergüenza para el continente en cuanto a Derechos.

Los gobiernos de la UE, lejos de responder a la solidaridad y respeto por los Derechos Humanos por los que debe abogar, han incumplido todos los acuerdos de acogida con la complicidad de otros gobiernos europeos, han blindado nuestras fronteras con vallas y muros alambrados, reciben a personas migrantes y refugiadas con concertinas y a golpes de palos e intentan cada día criminalizar a personas que salvan vidas y luchan por los derechos humanos en las fronteras.

Todo esto, bajo el paraguas de la impunidad que les permite impulsar políticas que financian guerras, establecer acuerdos económicos que expolian los recursos naturales de países empobrecidos y mercantilizan la vida humana, obligando cada día a millones de personas a jugarse la vida en un viaje sin retorno por un futuro digno.

Una muestra de esta política discriminatoria y excluyente es que tenemos a miles de personas en nuestras fronteras, a las que se les niega el acceso a una vida digna, mientras ven pasar camiones con toneladas de productos elaborados con materias primas de sus países de origen para nuestro consumo.

España, desde el comienzo de esta crisis humanitaria, sólo ha cumplido con el 16% de la cuota de acogida a la que se comprometió en 2016. Esta situación, que deriva hacia crímenes y muertes, afecta de manera más cruel a mujeres y niñas, que representan el 49% de la población refugiada y migrante. Estas se ven afectadas por desigualdades de género y de poder; la situación de vulnerabilidad a la que se encuentran expuestas, hace que en ocasiones se vean obligadas a contraer matrimonio para obtener ayuda y protección para ellas y sus familias, o a dedicarse a la prostitución, o hace incluso que sean víctimas de trata con fines de explotación sexual.

Por todo esto, exhortamos a las instituciones competentes que se posicionen y exijan a los gobiernos europeos:
   - Un esfuerzo político real, dejando de lado los intereses económicos, para acabar con las guerras y erradicar las violaciones a los derechos humanos en los países de origen.
   - Unas vías de acceso legales y seguras para las personas refugiadas y migrantes, vías que les permitan ejercer su derecho al asilo de manera digna y sin tener que arriesgar sus vidas en el camino.
   - La puesta en marcha de una operación permanente de ayuda y salvamento, con el objetivo de impedir la pérdida de más vidas de las personas que intentan llegar por mar y que, al mismo tiempo, se combatan activamente las organizaciones criminales de trata de personas.
   - El establecimiento de un sistema amplio de visados humanitarios y de reasentamiento para los solicitantes de asilo y una reagrupación más ágil de las familias.
   - No más persecución ni criminalización de la labor de quienes luchan por los derechos humanos y para salvar las vidas de aquellas personas que se ven obligadas a arriesgarla en el viaje migratorio; que los esfuerzos de la justicia se dirijan hacia
quienes se lucren del tráfico de personas migrantes y quienes lo favorezcan.
   - El cierre de los Centros de Internamiento para Extranjeros/as, que criminalizan y vulneran los derechos fundamentales de las personas migrantes privándoles de libertad de identidad y de servicios y enseres de primera necesidad, aportando soluciones como la recuperación de los Fondos por la Inclusión, así como políticas institucionales integradoras.

Exhortamos también a las instituciones competentes que promuevan unas relaciones internacionales entre los gobiernos basadas en la paz, se supriman las economías de guerra y se dejen de financiar éstas. Tal como dice el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones”.

Asímismo reclamamos que se ponga fin a las distinciones por razones de nacionalidad, religión o procedencia entre los beneficiarios de protección internacional.

La indiferencia ante esta crisis humanitaria no sólo afecta a las personas refugiadas y migrantes. También está dinamitando los valores de solidaridad y respeto que cualquier sociedad debe sostener.

Como organizaciones y colectivos integrantes de la Plataforma SOS Refugiados de Gran Canaria, nos comprometemos a seguir informando y sensibilizando, denunciando e incidiendo con los actores públicos alrededor del drama que viven millones de personas refugiadas, no sólo cada 20 de junio, día internacional de las personas Refugiadas, sino a lo largo de todo el año, de todos los años, hasta que se den los primeros pasos hacia un cambio real.

Los Derechos Humanos son la alternativa.