Mostrando entradas con la etiqueta imperialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta imperialismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de agosto de 2019

Biarritz, G7


Este fin de semana tiene lugar en Biarrizt la reunión anual del denominado G7, el grupo de las siete potencias más importantes del planeta, a la que en está ocasión están invitadas también Chile y España. La seguridad del evento ha movilizado a 18000 agentes, entre la gendarmería francesa y las fuerzas de seguridad españolas. Casi nada…

La agenda de la cumbre no tiene unos puntos concretos. Es la habitual en estos tiempos: La paz mundial, el riesgo de una nueva crisis económica (la guerra comercial entre Estados Unidos y China, especialmente), el cambio climático… Temas importantes, sin duda, los más importantes que imaginarse pueda.

Y tal que hoy hará un año. El año que viene volverá a reunirse en cualquier otra plácido escenario de cualquiera de los cinco continentes, con similares temas sobre la mesa. Porque el motivo real de semejante reunión no es solucionar ninguno de esos problemas, si no la escenificación del poder; el poder que acumulan esas siete potencias -económico, militar, cultural, etc.- a la que, en esta edición, han permitido sentar a su mesa de los ricos a dos países -Chile y España-, para que puedan presumir de su presencia simbólica en los reportajes fotográficos que conllevan este tipo de fastos.

Porque el poder necesita mostrarse periódicamente. Debe hacer ostentación de su existencia, dejar claro que se tiene y que se está dispuesto a emplear si se tercia; dejar claro que no se está dispuesto a ceder ninguno de los privilegios detentados y por detentar, y que si un tercero osa levantar un dedo -si quiera para preguntar un “por qué”-, ya están los unos por los otros al tanto para mantener las cosas exactamente como están.

La prueba del nueve es que en esta ocasión no habrá comunicado conjunto final. ¿Para qué, si no hay nada nuevo que decir?




viernes, 16 de febrero de 2018

Las Guerras 2.0

Desde Banjul, donde habitualmente vivía, el presidente de la asociación mundial de bancos les había convocado a una reunión urgente en el despacho del presidente del país más poderoso de la tierra. La reunión se haría en la casa de colores presidencial pues tenía que dar la impresión, no solo de que era una reunión política, sino que era el presidente quien mandaba blanco sobre negro.

El convocante era, digámoslo claramente, el jefe de la economía mundial. Es decir, el que en lugar de invertir los dineros que producía el pueblo con su trabajo, se los guardaba para no pasar necesidad durante el año y poder disfrutar de sus noches de verano y sus frecuentes excursiones a la caza de elefantes.

Como un reloj, a la hora y día señalados, allí se encontraron los cinco miembros del que, ellos llamaban, equipo mundial de gobernantes. El tercer miembro era la persona que llevaba la coordinación mundial de los sistemas de enseñanza a fin de evitar que la libertad de pensamiento y su pensamiento crítico navegaran con libertad por todo el planeta.

Y el cuarto era un tío sin ideología. Lo único que le importaba era que un día le pudiera disminuir el montante de su capital, pues sería prescindir de sí mismo, para lo cual, de los contratos que firmaba con empresas para la administración soplaba la factura con material no servido y se guardaba ese dinero.

La reunión fue en el despacho del presidente, el cual previamente había hablado por teléfono con su homónimo del país opuesto, pero económicamente fuerte. El convocante comenzó explicándoles el motivo de la reunión. Por una parte, su preocupación por el ritmo que estaba siguiendo la política de Parac, país situado en el continente africano, y que parecía tener tintes de seguimiento en los grandes países de su entorno. Se estaba dando un culto excesivo a la libertad de las personas y los pueblos a la hora de tomar decisiones sobre sus destinos, y ello estaba originando un clima de armonía y convivencia entre las gentes, dando importancia a aquellos espacios educativos, culturales y sociales que fomentaban la unidad, con lo cual el problema de un vecino dejaba de ser suyo para pasar a ser un problema del colectivo. Todo ello estaba originando un parón en nuestros negocios de manera que la productividad disminuía y consecuentemente nuestros beneficios.

- Por ello -concluyó el presidente-, hemos optado, y así nos lo aconsejan nuestros especialistas, por fomentar la guerra a través de la desunión; es la única solución para volver a donde empezamos y, aprovechando la situación de confrontación apoderarnos, como hemos hecho en otros países, de algunos de sus recursos naturales; por ejemplo: la producción de trigo tan necesaria para el fomento de nuestras cervezas. Será el primer paso para hacerlos nuestros, a cambio de préstamos y concesiones que a su vez aumenten los ingresos en nuestros bancos en virtud de los intereses que generen. Enviaremos como mecánicos de redes a nuestros pensadores a fin de que afilen sus mentes, de tal manera que solo quepan en ellas nuestras ideas de progreso a cambio de su trabajo con mayor número de horas y un simbólico aumento salarial. De esta forma este despacho seguirá siendo el pozo de la sabiduría de donde salen las decisiones trascendentales que han cambiado y volverán a cambiar, según nuestros intereses, la mentalidad de tantos ignorantes sueltos que juntos forman un gran peligro.

Entretanto el pueblo de Parac y regiones afines se habían hecho fuertes en la unidad vigilando cualquier agujero que la rompiese. ¿Lograrían los poderosos convertirlos en competidores enemigos unos de otros? Al menos se iban a encontrar con la apuesta fuerte hecha por los ciudadanos de no parcelarse en bandos alguno, pues dos cosas tenían claras: una, que las guerras se organizan en los despachos y los ciudadanos, somos los que las ejecutamos, cosa que no nos interesa. Y otra que la mejor respuesta es seguir, desde la escuela, fomentando entre nosotros el pensamiento crítico.

P.D./ Si insultas, si desprecias, si pides violencia contra los otros, si quieres la derrota y la humillación, si te consideras que tienes el derecho a pisotear, condenar, a que sufran y sientan dolor y miedo, a amargarles la vida… es que los fabricantes y los organizadores del odio han conseguido su objetivo.