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sábado, 17 de febrero de 2018

Avestruces

Me sorprende mucho cómo, en medio de un mundo conectado, en el que sabemos casi todo y estamos llenos de información, muchas cosas importantes de nuestro alrededor las intentamos apartar, o incluso tratamos de ocultarlas. Así sucede con las personas mayores, que relegamos a residencias; o con la muerte y el dolor, temas de los que preferimos no hablar, no vaya a ser que cojamos un trauma. También sucede con la prostitución, que todos sabemos que está ahí, pero preferimos mirar para otro lado. Recuerdo que cuando era pequeño, alguna vez que iba al zoo o al parque de atracciones de Madrid, al pasar por la zona de prostitución en la misma Casa de Campo, mis padres me tapaban los ojos para que no viera nada. Demasiadas veces, inconscientemente, ante lo que no te gusta ver, prefieres mirar para otro lado. Imagino que a muchos que me leéis os pasa lo mismo.

Sucede con muchos aspectos de la vida. Preferimos hacer como los avestruces, que entierran sus cabezas en la arena en momentos de peligro, pensando que así pronto pasará. Y lo cierto es que la realidad no deja de estar, y aunque tenga un poco de razón eso de «ojos que no ven…», a mí el corazón me dice que es mucho mejor afrontar las situaciones complicadas, porque probablemente serán las que más marquen nuestras vidas y nos hagan crecer. Me dice que los ancianos merecen que el resto de la sociedad les valoremos y cuidemos por todo lo que han hecho; me dice que la muerte es parte de la vida, y que saber y aprender de ella hace que la vida tenga mucho más sentido; me dice que el dolor no es deseable, nadie quiere sufrir, pero que aún en los momentos más dolorosos de la vida, uno puede aprender de esas heridas; y que no podemos condenar a una mujer por ejercer la prostitución, sino que podemos tratar de comprender el sufrimiento o la precariedad que la ha llevado hasta ahí y en todo caso cuestionar una sociedad que utiliza demasiadas veces a las personas como objetos.

El refranero es muy sabio, pero creo que el corazón prefiere utilizar todos los sentidos, para poder ver bien la realidad, para poder entenderla, y para dar otra respuesta, porque callarse o mirar para otro lado es fácil, pero genera más vida mirar y creer que se puede hacer mejor.

Borja Riestra



martes, 13 de junio de 2017

Prejuicios

Tres de sus amigos habían sido ejecutados por los yihadistas. Su crimen: ser homosexuales. Ya el problema no solo era ser sirio, practicar una religión distinta a la islamista, sino además la opción sexual con la que se sentía más feliz. Puso, pues, pólvora en sus pies y salió disparado.

En su camino de huida se enteró que en muchos otros países incluso podían matarlo, como en Irán, Tailandia, Nigeria y muchos otros. Al llegar a Alemania respiró tranquilo. Aquí no correría peligro. Tardó poco en darse cuenta que las cosas no eran tan sencillas y que el sentido común no era norma de conducta en aquel país civilizado. Desprecios e insultos por la calle si iban de la mano dos amigos, conversaciones que eran toda una agresión a la dignidad, los derechos humanos y la propia integridad física te lo encontrabas de vez en cuando.

Sí, en estos países se había avanzado. Era legal un matrimonio de dos del mismo género. Pero en el ambiente general todavía no había calado. Había que tener cuidado delante de quien decías: “me gustan los hombres”. Podías vivir situaciones violentas como las ya dichas y quedar marginado y excluido.  O sea, que eso de los derechos humanos era también una mera palabra en aquellos países que presumían de ser sus valedores.

Otra cosa que le chocó bastante fue el encontrarse con grupos religiosos que, en nombre de Dios, ridiculizaban y atacaban este tipo de opciones. Nunca había sido una persona religiosa de prácticas de culto ni en el Islam ni en otra religión pero había oído predicar a Dios como amor. Y se decía: si Dios es amor, lo que querrá es que la gente se quiera. ¡Qué más da de un sexo u otro!

Muchas noches ese llanto que nacía de sus ojos venía de fuera de sí mismo, de aquellos que querían atravesar su puerta y que viviera la vida que ellos querían.


Intentó, pues, vivir sus relaciones a su manera, pero con prudencia ante los demás.





sábado, 1 de abril de 2017

Tópicos y prejuicios

Los catalanes… tacaños.
Los madrileños… chulos.
Los aragoneses… cabezotas.
Los gallegos… no se sabe si van o vienen.
Los andaluces… unos vagos.
Los canarios… aplatanados.
Los murcianos… gente de poco fiar.
Los vascos… muy suyos.
Los castellanos… secos.
Los…

Tópicos y prejuicios. Clichés de difícil derribo. Generación tras generación los venimos escuchando.

Pero cuando pensábamos que esa cadena de tópicos era patrimonio exclusivamente nacional, escuchamos estupefactos que un señor de nombre de difícil pronunciación - Jeroen Dijsselbloem- nos lanza desde Europa adjetivos semejantes.

Este “caballero”, de nacionalidad holandesa, presidente del Eurogrupo, de filiación socialdemócrata, se descuelga diciendo estos días que “en los países del sur las ayudas comunitarias se las gastan en copas y mujeres”. En ese saco nos mete a españoles, portugueses, italianos, griegos y posiblemente a algunos más.

A parte de machista recalcitrante y de negarse a echar marcha atrás en sus afirmaciones, este tal Jeroen Dijsselbloem repite, impenitente, los tópicos y prejuicios consolidados desde hace años ya en la mentalidad de cierta Europa.

Dicen que cada tópico esconde “algo” de verdad. Es posible, no vamos a negar la parte de culpa propia que en cada uno haya pero, con su reiteración, parece olvidarse que en esta crisis -que aun atravesamos- no tienen responsabilidad la desregulación de los mercados financieros, la globalización, la ausencia de una verdadera vertebración del viejo continente (que solo ha tenido ojos para los movimientos de capital y poco más).

En el fondo, reaparecen los peores rasgos de la arcaica mentalidad calvinista, según la cual “la culpa de la pobreza la tienen exclusivamente los pobres". Con tal superioridad moral nos ha dado a conocer este político su verdadera manera de pensar llena de tópicos y prejuicios.


Así están las cosas por Europa…