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domingo, 8 de marzo de 2020

Videoiguales

En la época en que se pusieron se pusieron e moda los videojuegos era muy difícil ver a las niñas con ellos como una opción de entretenimiento. Hasta hace pocos años no era común ver a una niña recibiendo un videojuego como regalo de cumpleaños o de Reyes. Lo más normal era recibir los clásicos muebles de cocina o las consabidas muñecas. Pese a todo, aún hay muchos que se sorprenden y se siguen haciendo la misma pregunta: ¿Hay muchas chicas que juegan?

Se estima que en la actualidad, ya en España, se registran cerca de 16 millones de jugadores de los cuales el 44% son mujeres. No llega a la mitad, pero son porcentajes impensables hace si quiera una década. Es una tendencia creciente, al igual que en el resto de deportes, electrónicos o físicos.

Pero en el campo en concreto de los deportes electrónicos falta aún dar el último salto, la última barrera que supone al tiempo romper otra implícita: la de las programadoras y/o creadoras de video juegos. En esa área todavía no se ha dado la equiparación de géneros.

Todo se andará, pero no está de más que seamos conscientes de la carencia actual. El día que hayamos alcanzado, también en esto, la equiparación habremos dado un paso definitivo y sin vuelta a atrás en el camino de la igualdad.


sábado, 23 de noviembre de 2019

Testigo


Cuando te miras en el espejo me doy cuenta que sigues viendo aquella chica de 16 años que todavía, con granos en la cara, era una joven soñadora, con muchos sueño por cumplir. Y también una muchacha un poco respondona, un tanto rebeldes, pero con muchas ganas de ayudar a los demás.

Y veo también una mujer contenta con la vida que le ha tocado, con la familia que ha tenido y con los amigos que se ha ido ganando con el paso del tiempo.

Das la espalda al espejo, te duchas y terminas de arreglarte. Y al mirarte de nuevo en el espejo, veo a una mujer hecha y derecha que le da gracias a la vida porque tiene un nuevo día con nuevas oportunidades para seguir haciendo tejiendo y destejiendo tu vida, con la madurez que desgranas cada mañana.

Y yo tengo la fortuna de estar aquí de testigo.





viernes, 13 de septiembre de 2019

No he nacido mujer...


No he nacido mujer. Lo he ido siendo poco a poco. En el colegio no entendía muchas cosas: los chicos podían ir con pantalones cortos, las chicas no podíamos hacerlo con minifalda. Conseguir un trabajo me hizo pensar que ya todo iba a ser más fácil. Pronto me di cuenta que no podía serlo a gusto mientras no hubiese igualdad económica. No me bastaba la igualdad social si luego iba a ganar menos que los hombres. Cuando comencé a salir con un chico pronto lo dejé, pues casi desde el principio me di cuenta que yo podía ser objeto de su placer, pero a él no le gustaba ser instrumento del mío. La iniciativa en ello siempre había de ser suya. ¿Por qué no podía salir de mí? Yo sentía que tenía que ser algo recíproco y que la complicidad debía ser mutua. Él, sin embargo, quería ser siempre el protagonista. Veía cómo, a nivel social los hombres se agrupan fácilmente y a las mujeres nos cuesta más porque ver mujeres reunidas es objeto casi siempre de crítica feroz. Y todavía me queda por probar la convivencia en casa. Me pregunto a quién le tocará limpiar los pisos, lavar la ropa, etc., aunque me figuro la respuesta.

O sea, que tengo 35 años y todavía ando buscando la igualdad que ya pregonan como un hecho. Pero hay aquí un mito que no tiene comienzo ni fin. Digamos que en la carne del mundo se sembraron los mitos y en esa misma carne han de florecer. Estamos esperando aun un viento fuerte que arrastre con todo lo desigual que nos envenena. Por eso lo dicho al principio de mis palabras: No he nacido mujer. Lo he ido siendo poco a poco. Y lo que me queda, porque…”.

Así comenzó su ponencia una profesora de filosofía en la empresa, con un modelo de economía social, donde trabajo, y que intenta desarrollar una economía social. Mejor que cada uno siga diciendo y ponga el final.



lunes, 3 de junio de 2019

Islas


Estamos en el centro de los mares. Aquí llegan las olas y de aquí parten también a otros lugares. Si alguien puede hablar de mestizaje, de mezcla de culturas y de costumbres. Sí alguien no debe tener los ojos cerrados a lo que viene de fuera, y tener capacidad para aprender y estar siempre dispuesto a recibir como también a dar con generosidad esos somos los canarios. Que a nadie le quepa duda. El mismo mar que limpia gran parte de Europa, el mismo que cubre las orillas de las Américas, el mismo que pelea contra la basura que llega de fuera al  continente africano. Ese mismo mar es el Atlántico y ningún resquicio de nuestras islas se escapa a su acción diaria, continua y permanente. Un Atlántico que nunca nos ha aislado de los otros mares y tierras si no que, poco a poco, nos ha unido en un mismo saber.

No somos nosotros los iniciadores de este estilo y talante evolutivo.

Siglos atrás, nuestros aborígenes al tener la cerámica a su alcance desarrollaron, de forma geométrica, un nuevo arte con el cual no tardaron  mucho tiempo en demostrar su especial sensibilidad artística.

Eso es así hoy. Y así fue ayer también cuando los colonizadores llegaron a nuestra tierra y pasaron por el rasero a hombres y mujeres nacidos en siglos anteriores en nuestras cuevas y barrancos,  y donde habitaban  otros muchos procedentes del norte de África, cuya cultura en el campo ceramista había avanzado.

Por otra parte el reconocimiento expresivo de la belleza de la mujer así como su aportación erótica  y efectiva a la cultura indígena se pone de manifiesto con el poema a la diosa de la belleza. Y así, la mujer  de la selva y  la mujer indígena empezaron a convertirse en el eje de la cultura de cada pueblo. Es decir, el primer eslabón de la cadena, de tal manera que cuando la gran cigarra saluda al día, con su vigoroso canto, la mujer de la selva , fuerte y bella, hecha de frutas y flores, y con voz de panal de miel abraza su sistema, dejando su huella en el universo.