Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de noviembre de 2021

La extraña fama de los argentinos en el exterior (La Nación)

Se dice de mí... Que soy arrogante. Que soy frívolo. Que soy inseguro. Que soy un italiano que habla español y se cree británico. Que desprecio a mis vecinos de América latina por su sangre indígena y su aspecto mestizo. Que tengo una pelota de fútbol en la cabeza o la cabeza en una pelota de fútbol. Que gasto fortunas en cirugías estéticas, ropa y psicoanálisis. Que vengo del país de las mujeres más bellas, bulímicas y anoréxicas casi todas ellas. Que sonrío al cielo cuando hay relámpagos, porque pienso que Dios está fotografiándome. Que duermo poco, fumo mucho y ceno demasiado tarde. Que podría suicidarme si me arrojara desde lo más alto de mi ego, el pequeño argentino que todos llevamos dentro.

La fama no es cuento: "En la que se ha denominado, a veces, la ciudad más neurótica del mundo, tal vez sea lógico que reine Woody Allen -escribe Anthony Faiola, corresponsal de The Washington Post-. Es cierto. En la ligeramente paranoica, a menudo hipocondríaca y siempre atormentada de culpa capital argentina, que ostenta el mayor número de psicoanalistas per cápita del planeta, el excéntrico actor y director es lo que Jerry Lewis a los franceses: uno de los pocos norteamericanos proclamado genio".

La fama no es nueva: "Durante mucho tiempo, los argentinos estuvieron orgullosos de su arrogancia, quizá como una manera de ocultar sus inseguridades acerca de su verdadera identidad -rubrica Calvin Sims, corresponsal de The New York Times-. Hacen gala de su origen y cultura europeos ante sus pares latinoamericanos. Pero las reformas sociales y económicas sugieren que ya no merecen la reputación de altivos".




La fama cunde: "El mejor negocio del mundo es comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale -dice un humorista mexicano-. Sienten que son iguales al resto de los mortales sólo cuando tienen complejo de inferioridad. A un taxista del Distrito Federal le tocó llevar a uno, camino a Cuernavaca, que quería comprobar desde la montaña cómo se veía la ciudad sin él".

La fama sorprende: "Miran fútbol en plena temporada de basquetbol -observa Rick Jervis, redactor de El Nuevo Herald, de Miami-. Comen morcillas, salchichas hechas con sangre. Manejan como el peor chofer, pero a diez veces la velocidad".

La fama hostiga, y los argentinos terminan siendo bichos raros. Tan raros que, en algunos casos, la gente de las provincias trata de no ser confundida con los porteños, destinatarios no asumidos de las bromas más frecuentes. Todas ellas están vinculadas con su presunta superioridad: "Jesús era tan humilde que nació en Belén pudiéndolo hacer en Buenos Aires", ponen en boca de ellos.



"Macanudo, che" 

A los oídos de los extranjeros, especialmente de los latinoamericanos, suena extraño el cantito que perciben cuando habla un argentino, porteño en especial, y el uso de palabras inusuales fuera de Buenos Aires, como che, pibe, viste (latiguillo con signo de pregunta) y macanudo.

"Macanudo, che", justamente, terminó repitiendo en su casa un taxista puertorriqueño de Nueva York que, por hablar español, fue contratado durante una semana por una pareja de argentinos: "Mi mujer me decía algo y yo le respondía macanudo, che -sonríe José González-. Entonces, ella apagó el televisor, me miró fijo y me preguntó qué quería decir macanudo, che".

La pareja de argentinos, según el taxista, compró de todo: ropa, zapatos, radio, televisor, videocasetera, teléfono, computadora... En el aeropuerto trabaron una discusión con la empleada de la compañía aérea, ya que debían pagar 700 dólares por el exceso de carga. Al final, de puro insistentes, terminaron desembolsando apenas 200.

La pasión, a falta de buen fútbol en los Estados Unidos, son las compras. El 73 por ciento de los argentinos desembarca en Miami, ya sea para quedarse o para seguir viaje. A la caza de ellos y de los brasileños, en particular, están los vendedores de electrodomésticos y de computadoras. Los carteles anuncian que hablan español ("spanglish") y portugués ("portuñol").

"Les fascina el shopping", afirma Michael Aller, coordinador de turismo y convenciones, y jefe de protocolo de la ciudad de Miami Beach. En los registros del Greater Miami Convention and Visitors Bureau de 1997 figura la visita de 308.691 argentinos que dejaron en las cajas registradoras 448.837.000 dólares, un 11 por ciento más que en 1996. Son los quintos en el ranking, después de los canadienses, los brasileños, los alemanes y los venezolanos (creadores del "déme dos").

Miami es uno de los pocos lugares de los Estados Unidos en donde el mate no es visto como una droga peligrosa. Termos y bombillas campean en las playas. El argentino tipo, 44 años de edad, profesional, ejecutivo o dueño de una compañía, va de vacaciones con su familia (3,03 personas), permanece 7,5 noches en hoteles de Miami Beach (ciudad preferida por el 42,10 por ciento) y gasta 1454,64 dólares (sin incluir los pasajes de avión ni los souvenirs ).

Al ego nuestro de cada día, con la avenida más ancha del mundo (9 de Julio) y la calle que nunca duerme (Corrientes), contribuyeron últimamente las relaciones carnales con los Estados Unidos, después de varios años de antagonismo, con el carnet de socios mayores extra NATO, exclusivo en el continente, y con la admisión de una cuota anual de 20.000 toneladas de carne made in las pampas , aún magra, tras seis décadas de veda.





A diferencia de los otros latinoamericanos, los argentinos son los únicos que no necesitan visa si permanecen 90 días o menos en los Estados Unidos. Aquellos que ingresan más de tres veces por año pueden obtener una tarjeta magnética, Inspass, con la que evitan la tediosa fila de Inmigración. " Argies , por aquí", ya dividen las aguas en los aeropuertos.

Pero todo extranjero se asombra cuando se entera de que Buenos Aires está casi empatada con Nueva York en el récord mundial de psicólogos y psiquiátras: 111 cada 100.000 habitantes, según revela Clifford Krauss en el Times: "Los argentinos hablan en forma tan abierta de ir a su analista como de ir al mercado. La costosa terapia es parte de la vida de la clase media, como unas vacaciones en las playas de Mar del Plata o los boletos para la temporada de ópera en el Teatro Colón". Es como si se ufanaran de sus propias neurosis.

Por eso, según el corresponsal Faiola, películas como "Mighty Aphrodite" (Poderosa Afrodita), "Everyone says I love you" (Todos dicen te quiero) y "Deconstructing Harry" (Los secretos de Harry), de consumo más artístico que masivo en su lugar de origen, tienen tanto éxito de taquilla en la Argentina. Es el tercer mercado de Woody Allen, después de los Estados Unidos y Francia.

"¿Por qué Woody Allen en la ciudad del tango? -especula Faiola-. Simple: los argentinos, como el mismo Allen, tienden a creer que tienen más problemas que el resto del mundo, y adoran analizarse hasta la muerte."

El estigma de la arrogancia argentina va de la mano de una educación que, según admiten todos, supera la media. De ella se nutren desde la mayor comunidad judía de América latina, afincada en Buenos Aires, hasta los hijos de los inmigrantes de otros orígenes. Consta también en las fichas del Departamento de Estado: los argentinos, comparativamente, gozan un alto estándar de vida, y la mitad de la población se considera a sí misma de clase media.

En "Los otros americanos", un libro escolar de español, las autoras, Nina Lee Weisinger y Marjorie Johnston, hacen decir a Alberto, un estudiante ficticio: "Buenos Aires se llama el París sudamericano. Para su tamaño tiene más millonarios que ninguna otra ciudad, y todo el mundo parece tener dinero. Como Nueva York, es una ciudad cosmopolita y se ve en sus calles gente de muchas nacionalidades que habla varias lenguas. Hoy día esta capital dista de Nueva York siete días por aeroplano, y se dice que dentro de poco sólo distará cuatro días". Fue editado en 1934.



Buenos Aires, en la mira de Hollywood

WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- En la película "Independence Day", el rayo de los extraterrestres pulveriza la Casa Blanca. En "Mars Attacks!", los marcianos invaden ciudades de los Estados Unidos. En "Starship Troopers", la cosa cambia: no queda piedra sobre piedra en Buenos Aires. Y el protagonista de la película, un porteño que habla inglés y visita, antes de la invasión, la casona en medio de las despobladas pampas en la que viven sus padres, se venga de los insectos gigantescos que pretenden destruir la Tierra.



"¿Argentino? Maradona"

Pregunta y respuesta, expresadas por la misma voz, hablan de la asociación libre con el nombre del país. Antes era Evita, gracias a Madonna. O Gardel. O El Che. O Borges y Cortázar, en los círculos intelectuales. O Menem y Cavallo, entre los políticos y los brokers . O Batistuta.



Pero es como si Maradona hubiera superado a todos, acaso por el tiempo multimediático en el que le tocó ser ídolo de multitudes. "Ah, la mano de Dios", sugieren, aludiendo al gol contra los británicos en 1986. Y una mueca de mal humor cuando la conversación aterriza en las drogas.

Inquietud por la economía, después del 5000 por ciento de inflación. Diferencias entre la carne argentina y la norteamericana. El tango. Algún chiste ingenuo sobre argentinos: "Los perros de allá ladran: Esteee... ¡Guau!". Una réplica sobre norteamericanos: "Quienes hablan tres idiomas son trilingües, quienes hablan dos son bilingües y quienes hablan uno son americans ".



Guelar: "Somos los más conscientes de nuestra locura"

WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- "Los argentinos somos los más conscientes de nuestra locura -dice el embajador ante los Estados Unidos, Diego Guelar-. La ciudad de Buenos Aires es muy especial, como Nueva York o París, y tiene sus propias ceremonias, como el psicoanálisis. Si al psicoanálisis puede llamárselo ceremonia, claro. Creo, sin embargo, que la arrogancia que se le atribuye al porteño es parte de su sentido del humor."

Guelar, entrerriano de nacimiento, porteño por adopción, sostiene que la arrogancia puede ser parte del sentimiento de provinciano exiliado que arrastran los porteños: "El jefe de gobierno (Fernando de la Rúa) es cordobés y un ex intendente, como Carlos Grosso, es chaqueño", abunda en detalles.

Todas las ciudades grandes, sobre todo aquellas en las que el hombre suspende los ritos del pago chico, como la siesta, tienen algún componente de locura, según explica.

"La prepotencia del porteño es algo sí como el orgullo de la pertenencia -afirma Guelar-. Pienso que va a ayudarnos el nuevo status de ciudad Estado. Durante muchos años, la Argentina tuvo un problema de identidad en el que la relación con nuestros vecinos estaba marcada por una vocación de diferenciarnos, pero, a la vez, mantuvimos una política de fronteras abiertas." Y agrega: "Ni en los peores momentos de la desocupación, con una tasa del 19 por ciento, se levantó una voz política para expulsar a los chilenos, los bolivianos, los paraguayos o los uruguayos que viven en el país. Eso puede ser una contradicción con nuestra arrogancia".


Moscas blancas

Los argentinos, sin embargo, suelen ser moscas blancas en reuniones con latinoamericanos, ya que son considerados algo así como europeos, o intrusos, en un continente al cual no se sienten integrados.

"Sí, eso molesta un poco, sobre todo por la actitud altiva que tiene el porteño", confiesa Santiago Canton, director de Información Pública de la Organización de Estados Americanos (OEA) y ex director de América latina del National Democratic Institute (NDI), brazo internacional del partido de Bill Clinton.

Canton, nacido en Villa Ballester, provincia de Buenos Aires, radicado aquí desde hace 10 años, todavía se sorprende cuando un porteño, en un diálogo con norteamericanos o en un taxi, se siente orgulloso de ser confundido con un italiano o con un francés.

"Yo no creo que Buenos Aires sea una ciudad europea, sino una mezcla de Europa con América latina -indica-. Evolucionó, nos guste o no, como las otras capitales del continente, respetando los ciclos políticos y culturales. Que algunos argentinos se sientan más europeos y marquen la diferencia es otra cuestión. Ese intento es real. Por eso, nos dicen arrogantes. Entre los latinoamericanos siempre hay pica entre los países, pero, habitualmente, la Argentina es el blanco de todos".


Jorge Elías

(La Nación, 7 de septiembre de 1.998)





martes, 16 de noviembre de 2021

Siempre me ha llamado la atención, cuando Ignacio viajaba a África, la sonrisa de los niños y de las mujeres; eso tiene una explicación, no conocen otra cosa y entonces no lo pueden desear, lo malo es cuando se dan cuenta que el mundo no es como ellos viven, entonces se apaga la sonrisa y aprenden a sobrevivir y a ganarse la vida de cualquier forma, por ejemplo piden dinero si quieres hacerles una foto, si preguntas por una dirección, se pelean por llevarte una maleta y es entonces cuando pierden la inocencia y se dan cuenta que su futuro pasa por salir de su país .


Siempre estuve en contra de esa expedición política de traer a los niños saharáuis de verano, les enseñas otro modo de vida, -Corte Inglés, piscina, playas comida, golosinas, el cabildo le regala una gorra y una caja de lápices, todo muy útil-. Y después lo devuelves a una jaima en pleno desierto, sin medicinas, sin colegios y sin lo más elemental para sobrevivir. ¿Creen que les han hecho un favor? Les han creado unas necesidades que antes no tenían ni tienen posibilidades de tenerlas.


Los reclamos políticos son crueles sobre todo cuando se utilizan niños. 


(Mappi Gonzáles)




sábado, 13 de noviembre de 2021

La cumbre del clima: bla, bla, bla...

La actual cumbre del clima, la que se está celebrando en la ciudad de Glasgow entre los días 31 de octubre al 12 de diciembre, promete ser tan decepcionante en sus acuerdos como las otras 25 precedentes. Acabará siendo otra oportunidad perdida. Ni siquiera los más optimistas de entre los optimistas esperan más que las buenas palabras habituales. Las conclusiones finales camuflarán con palabras el hecho de que los pocos acuerdos a los que se lleguen serán, desde su puesta sobre el papel, agua de borrajas.

Las economías en vías de desarrollo no están dispuestas a acceder a las pretensiones de las más desarrolladas y renunciar un ritmo de crecimiento que mejoren las condiciones de vida de sus pueblos. ¿Por qué tienen que renunciar a crecer, simplemente por el hecho de llegar con retraso al tren del desarrollo? No suena justo -y no lo es- “pagar el pato” doblemente. Primero, cuando sufrieron, en tiempos del capitalismo extractivo, la explotación de sus riquezas naturales como motor del desarrollo de los imperios coloniales; y ahora negándoseles la posibilidad de acceder a esos consumos de energía y materias imprescindibles para despegar definitivamente. ¿Es justo?


La ecuación no tiene, de momento, una solución. Al menos, no de modo inmediato. No mientras la ley que mueve este, cada vez más deteriorado mundo, sea la de “Todo el mundo va a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío”.





viernes, 12 de noviembre de 2021

¿Qué pasaría?

¿Qué pasaría si un día despertamos dándonos cuenta de que

somos mayoría?


¿Qué pasaría si de pronto una injusticia,

sólo una, es repudiada por todos,

todos que somos todos, no unos,

no algunos, sino todos?


¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos

nos multiplicamos, nos sumamos

y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso?


¿Qué pasaría si nos organizáramos

y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas,

en silencio, en multitudes,

en millones de miradas la cara de los opresores,

sin vivas, sin aplausos,

sin sonrisas, sin palmadas en los hombros,

sin cánticos partidistas,

sin cánticos?


¿Qué pasaría si yo pidiese por vos que estás tan lejos,

y vos por mí que estoy tan lejos,

y ambos por los otros que están muy lejos

y los otros por nosotros aunque estemos lejos?


¿Qué pasaría si el grito de un continente

fuese el grito de todos los continentes?


¿Qué pasaría si pusiésemos el cuerpo en vez de lamentarnos?

¿Qué pasaría si rompemos las fronteras

y avanzamos, y avanzamos,

y avanzamos, y avanzamos?


¿Qué pasaría si quemamos todas las banderas

para tener sólo una, la nuestra,

la de todos, o mejor ninguna

porque no la necesitamos?


¿Qué pasaría si de pronto

dejamos de ser patriotas para ser humanos?

¿No sé... me pregunto yo,

qué pasaría?

 

Mario Benedetti







miércoles, 31 de marzo de 2021

Problemas pendientes

Este año de Covid ha sido un año perdido para todos. Para muchos la vida, para todos las esperanzas, para demasiados la oportunidad de seguir los senderos iniciados. Pero además de ser un año al ralentí, todos los problemas, todas las cuestiones pendientes de resolver siguen ahí. Con un agravante, hemos girado la vista y, con ello, olvidado su existencia. Pero siguen ahí, sumidos en un limbo nebuloso que les hace invisibles.

El tiempo pasa. Y lo hace inapelablemente, perpetuando situaciones injustas que podrían resolverse si quienes tienen el poder de solucionarlas se pusieran a ello. Pero el Covid es también una disculpa, la disculpa perfecta para no tener que comprometerse. Mantener las cosas como están es siempre más cómo.


Por ejemplo, ¿recordáis que ahí sigue Guantánamo?



 

lunes, 14 de diciembre de 2020

martes, 24 de noviembre de 2020

Los malos modos

Me enseñaron de pequeño que, llegado el momento, tan importante es en la vida saber ganar como saber perder; que es en esas circunstancias de la vida cuando se revela la verdadera naturaleza de la gente. Y pensaba yo, ingenuamente, que los que nacen en cuna caliente y se educan en buenos colegios tienen parte de camino hecho para cuando llegue mal dadas. Pero hete aquí que no. Y la cosa no quedaría más que en una cuita personal de no ser que el protagonista no es si no el presidente de la ¿primera? Potencia mundial, el señorito Donald Trump.


Ahora sabemos -por si no lo tuviéramos claro ya- que aquel eslogan que tan famoso se hizo, “America first”, no era en realidad sino un “Me & I first” (traducido al castellano vulgar: “Primero yo, luego yo y siempre yo”), un canto al egocentrismo de quien se piensa tocado por el dedo de los dioses.


Y todo eso en la que se supone la Democracia más fuerte del planeta, un ejemplo para todos los países. Ahora su presidente, cual tortuga bocarriba, patalea y patalea, mientras inventa conjuras increíbles para justificar su reticencia a reconocer la derrota en las urnas. Mal ejemplo. Él, que presume de perseguir las dictaduras populistas allá donde las haya, demuestra que los rasgos autoritarios no son solo propios de políticos de países tercermundistas.


¡Quién sabe! A  lo mejor no es más que las consecuencias de una infancia de niño rico y millonario consentido, que estuvo en el sitio adecuado en el momento oportuno, pero que nunca aprendió que la educación -la verdadera educación- no se compra con dinero.


Donald Trump


viernes, 11 de septiembre de 2020

Política y políticos

¿Pactar lleva consigo algo especial? Negociar, renunciar, matizar… ¿les suena de algo? Se supone que han sido elegidos para pactar por el bien común, y en caso de no poder cumplirlo dimitir.

 

Cuando presentaron sus candidaturas ¿alguien les explicó qué significa dimitir y cuándo procede hacerlo? ¿Recordáis algún caso de dimisión en la pasada legislatura? Alguno habrá -seguro-, pero no me viene a la memoria.

 

¿Cada cuánto tiempo deben subirse el sueldo los políticos?

 

¿Podría usted decirme que número de propuestas lleva su partido para las próximas elecciones y cuanto dinero costarían?

 

Dígame, por ultimo, que será la pregunta más fácil: Si estamos pendiente de las encuestas para ver quién gana ¿por qué siempre pierden los más pobres? ¿Cómo se atreven a afirmar siempre que han ganado, si todos dicen estar para servir a los demás?

 

Algo falla…




sábado, 25 de julio de 2020

Diez años después

No creo equivocarme mucho si digo que la gente piensa que la mayoría de políticos no cumplen sus promesas. Los programas electorales son lo más parecido a un panfleto publicitario y los mítines de campaña un ejercicio de retórica hueca que solo consigue convencer a los que ya venían convencidos de casa. Y sin embargo, quien más y quien menos asumimos que así son las cosas, sin que le demos más importancia, sin capacidad ya para pasar facturas a esos incumplimientos.

Los hay quienes se conforma con cambiar su voto al partido de enfrente, aun sabedor de que de nuevo deposita su confianza en alguien que casi seguramente también le va a defraudar. Es como si nos reserváramos el derecho a elegir quién nos va a engañar. Pudiera parecer que a eso se ha quedado resumida la Democracia.

El 15M supuso un verdadero terremoto que exigía un cambio en las formas y, sobre todo, en los fondos. Al eslogan de “No nos representan” nos apuntamos muchos -tanto de izquierdas como de derechas-. Solo (y ya es bastante) reclamábamos sinceridad y coherencia. Pero cuando dentro de unos meses se cumplan diez años de todo aquello da la sensación de que aquella energía se ha ido perdiendo por el camino. Poca diferencia parece haber entre los llamados “viejos” y “nuevos” partidos.

Me encantaría pensar que me equivoco.


domingo, 19 de julio de 2020

Millonaries for Humanity

La mayoría de los siguientes nombres no nos serán familiares:

Frank Arthur (Estados Unidos), Richard Boberg (Estados Unidos), Dr. Mariana Bozesan (Alemania), Rainier Brunet-Guilly (Francia), Bob Burnett (Estados Unidos), Ronald Carter (Estados Unidos), Duncan Clark (Reino Unido, Barbara Clayton (Canadá), Xandra Coe (Estados Unidos), James Colen (Estados Unidos), Cynda Collins Arsenault (Estados Unidos), Richard Curtis (Reino Unido), Barb Dank (Estados Unidos), Alan S. Davis (Estados Unidos), Pierce Delahunt (Estados Unidos), Abigail Disney (Estados Unidos)…

Son algunos de los numerosos nombres presentes en un comunicado de gente con mucha capacidad económica, grandes fortunas, empresarios de éxito o, en resumen, “los ricos” del mundo. Ellos y otros muchos han firmado un interesantísimo comunicado en el que solicitan un radical cambio de los regímenes fiscales de los países que obliguen a quienes más tienen contribuyan aun más de lo que lo hacen al sostenimiento del gasto social. En resumen, sugieren “pagar más impuestos”, sabedores de que las legislaciones impositivas presentan, en la actualidad, numerosos resquicios por los que eludir la presión tributarias, hasta el punto de contribuir muy por debajo de la media social, muy por debajo de los que tienen menores ingresos, menor riqueza en suma.

Los firmantes del comunicado son minoría dentro de ese ámbito en el que se mueven, es cierto. Pero su mera presencia y, sobre todo, su paso adelante firmando ese comunicado es, en el mundo actual, un acto casi revolucionario. Quizás todo se quede en un gesto -un estético y solidario gesto y poco más-, quizás sea el inicio de un cambio de conciencia. Me inclino -escéptico como es uno- más por lo primero que por lo segundo. Pero la experiencia de la Historia también nos demuestra que los cambios sociales no son de un día para otra. Tiempo al tiempo.


lunes, 13 de julio de 2020

A la fuerza ahorcan

Camino de los dos millones de infectados de coronavirus y más de 138.000 muertos y por encima de los 3.360.000 afectados a causa de la pandemia han debido ser suficientes para convencer a Donald Trump de llevar mascarilla. Eso o la proximidad de unas elecciones en las que se juega su reelección como presidente de la potencia económica y militar del planeta -o la segunda… que yo ya no sé en que posición están los chinos-.

Era cuestión de imagen, decían sus allegados. Pero la realidad es contumaz y tarde o temprano se impone. Primero se cayó del guindo Boris Johnson, el primer ministro británico; hace poco Bolsonaro, el presidente de Brasil, que decía que este mal no pasaba de ser una “gripinha”; una “gripinha” que se ha llevado por delante, de momento, 72.000 compatriotas y con más de 1.850.000 personas afectadas. Son cifras que dan para reflexionar.

Por supuesto que los políticos tienen derecho a equivocarse. Se supone que luego juzgarán las urnas la gravedad deseos errores. Pero se les debe exigir la máxima prudencia y responsabilidad en sus palabras y en sus comportamientos públicos. Y en ese sentido, los mencionados no son precisamente los ejemplos a seguir. Son muchas las personas sobre los que su actitud influye en su comportamiento diario.

Pero, como dic el refrán “A la fuerza ahorcan”.


lunes, 6 de julio de 2020

Israel hoy (por Esther Bendahan)

Coincidiendo con el 70 aniversario del establecimiento del estado de Israel, hace dos años, la editorial Turner publicaba un libro: Historia mínima de Israel, donde el profesor y ensayista de la Universidad hebrea de Jerusalén Mario Sznajder ofrece un apasionante resumen histórico centrándose en los hechos fundamentales. Historia de Israel que es también, desafortunadamente, la historia de un conflicto.

Los editores quieren responder a preguntas generales: “¿Qué diferencia hay entre judío, israelita e israelí? ¿Qué supuso que los judíos aceptaran el Antiguo Testamento como texto canónico? ¿Qué relación hay entre el caso Dreyfus y la aparición del sionismo político?”  Entre otras se señalan en la contraportada estas preguntas. En realidad, al ser un libro breve es el propio lector quien deberá profundizar y buscar las respuestas. Aunque el libro permite esquemáticamente aproximarse a los hechos fundamentales.

Israel y el conflicto que supuso su formación no dejan indiferentes. Es de los pocos acontecimientos que la mayoría de la población tiene formada una opinión y en muchos casos basada en paquetes ideológicos, es decir en posicionamientos basados en los grupos de referencia más que en opiniones fundamentadas. Por eso es importante la lectura de un libro como este que quiere -desde cierta distancia – aproximarse a la historia. Confieso que me ha permitido romper algunos estereotipos y comprender mejor ciertos posicionamientos. Pertenezco a una generación peculiar. Nacimos sabiendo que existía un estado judío, que Israel era y es un lugar donde hemos dirigido la mirada durante siglos. Pero también nacimos escuchando a nuestros padres explicando la tragedia de ser judío en Europa o en países árabes donde nunca el judío se integró del todo. Permítanme el recuerdo de lo que me contaba mi madre, en Tetuán chicas del colegio se colgaban de sus trenzas al grito de: judía sin patria. Por lo tanto, hijos de la ambigüedad, de la memoria, del cambio, somos los primeros en mirar al oriente y saber que allí nos espera, en verano o para siempre, un estado judío. Pero también somos quienes hemos visto las dificultades intrínsecas de su formación, de las elecciones y sus consecuencias.

Pasados 70 años de la creación del estado de Israel, a pesar de la dificultad, de la violencia, a pesar de la necesidad de la paz, de conseguir formar un estado palestino, un destino finalmente común, la historia nos ha unido, era necesario y merece la pena. Al leer aquel libro uno se encuentra juntos a los políticos y grandes hombres que lo hicieron posible, pero también a las numerosas víctimas. Por ellos merece la pena seguir intentándolo. Como señala el autor, para llegar a acuerdos, mientras que Israel tiene resuelto su liderazgo, es un país constituido y democrático, no sucede lo mismo con la parte palestina. Allí radica su problema: “¿Si se logra un acuerdo para quién va a ser válido?” pregunta el autor. Europa involucrada en la historia de Israel debe ser quien más se esfuerce en ser justa con ambos lados, comprender políticamente la situación y buscar todas las vías de una paz sostenible.


jueves, 25 de junio de 2020

La política del avestruz

En Tulsa, Oklahoma, durante el primer mitin celebrado por Donald Trump para su campaña de reeleción como presidente de los Estados Unidos, el político -al que no le favorecen las encuestas hoy por hoy- realizó uno de esos comentarios que demuestran la mentalidad del personaje respecto, en concreto, la extensión del coronavirus en su país.

"Cuando haces tantos test, vas a encontrar más gente... vas a encontrar más casos. Por eso le dije a mi gente: 'bajad el ritmo con los tests, por favor'. Hacen tests y tests... tenemos tests de tanta gente que no sabemos lo que está pasando. Tenemos tests, tenemos otro test aquí…".

Dicho de otro modo: Mejor no conocer la extensión del problema, sobre todo si no nos gusta. Esa parece ser su solución al tema: girar la cabeza y mirar para otro lado. No sé si será su forma habitual de pensar o si se agarra a ella en este momento concreto de su carrera política, pero todo parece indicar que el personaje no duda en cambiar de principios cuando los índices de popularidad así lo aconsejan.

Negar la realidad, inventarse otra es propio de demagogos, es un desprecio a los votantes. Pero sobre todo es un peligro; un peligro para su país y para el resto del mundo. Pero está “de moda”. Cada vez son más los que niegan la bondad de las vacunas, los que niegan el cambio climático, los que afirman que la tierra es plana. Son un peligro real. Negar hasta el empecinamiento el conocimiento la evidencia, la necesidad del conocimiento científico es ir en contra del sentido común y del progreso. No por negarse a verla va a disolverse a nuestra voluntad.

Como decía Serrat en una de sus canciones… “Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio”.


martes, 9 de junio de 2020

Conmemoraciones

Día de África,  de Europa, Día de Australia… y similares y similares. 

Seria bueno examinarlos ¿Qué entendemos por celebración de un “día de”. ¿Qué entendemos por desarrollo, por ejemplo? ¿Qué celebramos: su pasado, su presente o su futuro?

¿A qué nos referimos cuando hablamos de la necesidad de un desarrollo conjunto? ¿Y cuando hablamos de que es imprescindible “negociar”, “pactar” plazos y vías comunes”?

¿No estaremos escondiendo los países desarrollados la intención de retardar el desarrollo de esos países a costa de poder seguir controlando los resortes del crecimiento social y económico del planeta?

Llámenme suspicaz o mal pensado, pero siempre desconfío de estos “días de”, aunque los celebre y piense que su existencia es conveniente. Pero…




sábado, 30 de mayo de 2020

Ingreso Mínimo Vitak

Ayer salía adelante en nuestro país el llamado Ingreso Mínimo Vital, un concepto que ya existe en otros lugares de Europa e, incluso en nuestro propio país -Euskadi, por ejemplo-. Y nace no sin críticas y con muchas incógnitas por despejar. Pero lo hace en un momento en que su implantación se convierte en una herramienta imprescindible si se quieren evitar bolsas de pobreza y situaciones socialmente injustas. Asegurar unos ingresos mínimos en una situación en la que el coronavirus nos ha obligado a parar motores es para mucha gente un respiro -no una solución, pero sí un respiro-.

Lo que choca es que instituciones como la Iglesia, a través del portavoz de la Conferencia Episcopal- haya manifestado su posición en contra. Luis Argüelles, su portavoz oficial, así lo hacía saber el pasado 20 de abril, hace ya un mes, sin que hasta el momento se haya desdicho de sus palabras:

“Pensar en una permanencia de grupos amplios de ciudadanos que vivan de manera subsidiada yo creo que no sería un horizonte deseable a largo plazo para el bien común” (Luis Argüello).


Contrasta esa postura de los obispos españoles con la el propio papa Francisco que ha dejado claro su apoyo a medidas económico-sociales como la aprobada ayer, al menos en su formulación genérica. Pero no es solo el “jefe” máximo de la Iglesia en todo el mundo quien lo apoya; voces otrora tan contrarios a extender las ayudas sociales y a comprometer más gasto público han respaldado en esta ocasión la existencia del Ingreso Mínimo Vital. Los propios seguidores del liberalismo económico más ortodoxo aceptan como imprescindible una medida de política económica “tan” keynesiana.

Quizás -y no quiero pensar mal- la Conferencia Episcopal prefiera tener el monopolio de la caridad en nuestro país, pero esos tiempos quedaron atrás. Entre otras cosas, porque ya no hablamos de caridad, sino de Política Económica y de justicia social.

martes, 12 de mayo de 2020

Ilegales

Da igual que sean tiempos de coronavirus no. Si me apuras la situación ha empeorado porque no es un tema que ahora se debata en ningún foro oficial, ya sea político, social o de otro tipo. Pero no por ignorado deja de existir. Me refiero a los llamados “emigrantes ilegales”.

Y sin embargo, sabido es que la ONU ha recomendado -según he leído- la de adhesión de los países a la Convención Internacional sobre trabajadores migrantes. Menuda sorpresa me he llevado al descubrir que los países que componemos la Unión Europea ninguno la hemos firmado. Nosotros, los defensores de los derechos humanos, los paladines de las libertades, los que exigimos respeto a los derechos humanos a los países pobres. Para empezar el tema, es algo muy curioso.

De todos los que migran, los que no tienen papeles son también los que menos derechos tienen. Lo peor es que se les llaman personas ilegales. Sí, se les conoce en el lenguaje oficial como inmigrantes ilegales. Y yo, que me creía que todas las personas, sean cuales fuesen, somos legales. Pues eso significa que para ellos no sirve el derecho ni la justicia, porque si estas cosas están para las personas, y esta clase de inmigrantes son ilegales, la consecuencia del silogismo está clara. ¿Me estoy enrollando? Es posible, pero este lenguaje oficial hay que revisarlo. Todos los seres humanos somos iguales en dignidad, por tanto todos legales. Y la Convención de referencia habla de ello: que todas las personas, estén o no en situación regular, tienen derechos. Ya que, como se nos ha repetido hasta la saciedad, los Derechos Humanos son universales, indivisibles, interdependientes e irrenunciables.

Así pues, si este blog sirviera al menos para tomar conciencia de algunas cosas, me uno desde aquí a la reclamación de que pronto España y demás de la Unión Europea firmen la Convención Internacional citada y así pongamos en práctica los Derechos Humanos de los que nos confesamos creyentes.


viernes, 8 de mayo de 2020

¿Misiles o mascarillas?

Pero no le hicimos caso. Ni nosotros ni los que elegimos para que tomaran decisiones en nuestro nombre. ¡Qué viene el lobo! Pero ni caso. La mayor parte -seamos sinceros- preferimos mirar para otro lado, pensando que esos avisos eran cosa de agoreros, de gente con ganas de alarmar.

No, no nos referimos a esa gente que disfruta o que saca partido moviendo y dispersando mentiras, que son otra forma de virus, menos mortal pero también corrosiva, porque socaban la confianza y la solidaridad entre la gente.

Los que apoyan la investigación en la industria bélica argumentan que muchos de los materiales desarrollados por ella en su día hoy están en los objetos que usamos cotidianamente en nuestros hogares y ponen como ejemplo las placas que recubren las naves espaciales y que hoy se utilizan en la fabricación de las sartenes con las que cocinamos los alimentos que comemos a diario. Y no deja de ser cierto.

Pero no menos lo es que, con el coste de la fabricación de un helicóptero de combate, se puede financiar durante años a equipos completos de investigación de presentes y futuras pandemias o el mantenimiento de UCIS y los sanitarios que las atienden de por vida.

¿Demagogia barata? Pues sí, demagogia barata -mea culpa-, pero si tengo que elegir entre misiles o mascarillas lo tengo claro.