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jueves, 11 de noviembre de 2021

Tres ventanas

Conocía el ambiente que rodeaba aquella vivienda, pues hace tiempo se sentaba en la marquesina de la parada de guaguas, junto al portal del edificio de siete pisos. Además, allí estudiaba también su amigo Carlos. El piso tercero aparecía también con luz encendida de tal modo que las tres ventanas que dan para la calle iluminaban ayer el tiempo en Aranjuez, la parada de guaguas. Era raro no escuchar alguna lamentación. Hoy se escuchó el grito de las lamentaciones. Una voz asustada clamaba en voz alta. "Soy su madre. Tengo un sólo hijo y no me quiere. ¿Por qué?”


Tomé nota para preguntar a Carlos si sabía algo del tema.


Las tres ventanas se apagaron de un solo toque y al instante salía Carlos por la puerta de la casa. Y me dije "esto hay que hablarlo en otro momento y sin prisas". 




sábado, 2 de mayo de 2020

Un día más... un día menos...

- Tú… muy vegano, muy vegano… no eres ¿verdad?
- ¿Vegano? Pues no. A mi, donde esté la cocina de cucharón de la abuela...

Se reía mi amigo desde el otro lado de la pantalla del móvil en una de esas videoconferencias que se han puesto tan de moda por mor del confinamiento. Desde que se ha tenido que recluir en casa se ha dado a la gastronomía como si no hubiera un mañana. Me acaba de enseñar un libro de cocina ·de toda la vida, que más que de recetas parece un libro de arte. Lo mima como si fuera la Biblia.

- Mira -me dice-. Hay una receta de flan de huevo con mermeladas rojas que solo con ver la foto se te abre el apetito.
- Pues debe ser como la que hacía mi abuela… - Será un tópico, me dad igual- pero como cocinaban las abuelas ni la nouvelle cocina, ni la Guía Michelin, ni las moderneces esas.
- Y a parte de cocinar ¿a qué más dedicas el día?
- No madrugo mucho ¿para qué? Si madrugo el día se me hace muy largo. Me hago un repaso a todos los periódicos digitales, hablo con la familia. Bueno… ya no hablamos, nos hemos hecho tan modernos de repente que ahora todo son video llamadas. Es una forma de quitarme el mono de tenerlos cerca. A quien más extraño es a mis nietos, sobretodo al pequeñajo. Tengoganas de cogerle en brazos otra vez. Cuando le tenga delante quiero regalarle mi colección de piedras.

Y me enseñó los resultados de su otra nueva afición: una piedra pintada, un canto rodado cogido vete tú a saber cuándo en algún río. Un dibujo de una estrella amarilla sobre un fondo azul oscuro. Al lado otras de todos los tamaños, más grandes, más pequeñas, pero todas diferentemente decoradas. Su nieto las iba a coleccionar como los tesoros del abuelo.

- Bueno ¿te apetece otra partida?
- Claro. ¿Con cuál de las dos barajas jugamos hoy: española o francesa?
– Me da igual, te voy a ganar con las dos.

Cada uno, con su baraja y en su pantalla, nos hemos pasado jugando a las Siete y Media todas las tardes desde que nos recluimos en casa. Levamos la cuenta de quién gana para cuando podamos saldar números en la mesa de un bar. Le debo, de momento tres café y un par de anises.

¿Quién dice que estamos solos?



viernes, 21 de febrero de 2020

No estamos solos


Había tenido una experiencia reciente que le dejo una vivencia dolorosa. Como si aquella persona, cuyo nombre no quiere recordar, se hubiera acercado a él solo para lastimarle. Ello le sirvió para descubrir que a su lado habían unos amigos siempre dispuestos a responder por él en todo momento y que le ayudaron a soportar la carga.

Pero aquello afortunadamente había quedado atrás. El comienzo de una nueva amistad estaba cambiando su vida. A lo largo de un mes muchas cosas de la vida de ambos salieron a la palestra. Se sentían contentos cuando se habla con la verdad y que, al reconocerla, les ayudaría a crecer como personas y como pareja. En su interior muchas veces se preguntaba cómo pueden haber seres desconocidos que se vuelven parte de ti.

 Y es que, si te pones repasar tu historia, te das cuenta de las personas con las que te has encontrado. Cada una con su forma de pensar, sentir y actuar. Casi podría afirmar que cada me ha aportado algo positivo en mi vida. He sido más consciente de ello a raíz de este último problema que he tenido. Por otra parte, he aprendido también que no puedo estar tan cerrado. A nuevas experiencias pues, igual que otros me han ayudado y colaborado conmigo, yo mismo he fallado y he caído en el error de agrandar el defecto de otros. 

Sería una buena lección a tener en cuenta que, igual que otros me han ayudado, así también puedo hacer yo con los demás.



viernes, 2 de agosto de 2019

¿Empatizar?


He experimentado lo que es la soledad donde antes había fraternidad. Y así como en un principio me llevó a la tristeza, luego me dio serenidad y un mayor conocimiento de mí mismo.

Y me pregunto cuántas veces he revisado y tenido yo tal misma actitud ante otros hermanos afectados por un problema de salud o de otro tipo, económico por ejemplo.


No es fácil empatizar, cierto. Siempre sacamos conclusiones a toro pasado.




viernes, 26 de julio de 2019

Un año ya


Ayer tarde paseando por una bella plaza de la ciudad me encontré a un amigo de la juventud que estaba sentado en uno de los bancos del parque, con la cabeza inclinada y apoyada en sus manos.

Me acerqué a saludarlo y a mi pregunta de “Cómo estás”, levantando la cabeza, con lágrimas en los ojos y una voz que casi no lo entendía me dijo: “Muy triste. La Tristeza me domina hoy”.

  
Y sentándome a su lado esto fue lo que me contó.


“Ayer fue un día triste para mí y pensando en este tema las lágrimas me caían a chorros. Y ahora comienzan a querer salir. No es un problema de amor. Si que lo es de pareja. El amor es algo personal. ¿Tendría más paz si no hubiera existido lo que ha creado en mi tristeza? Seguramente sí. Seguramente los motivos serian diferentes para una u otra situación.  Y la paz, mi paz en este caso, estaría atacada por otro flanco. También podría estar en peligro.

¿Hay culpable? Sinceramente creo que yo esté en la causa que ha originado la situación.
Pasara lo que pasara he aprendido mucho de esta realidad y seguiré aprendiendo.
Saber que tengo que seguir aprendiendo en todo es, lo digo humildemente, una de las cosas buenas que me quedan en la vida.

Sí. Ya lo sé. La felicidad no existe. Ni es preciso que me lo recuerdes. Ayer hizo un año que no voy a mi casa. O sea un año que me fui de casa para ingresar en una residencia de mayores”.


viernes, 14 de junio de 2019

Desgarro


Estaba solo. Se sentía más contento mientras estaba trabajando que ahora ya jubilado. No tiene nada que hacer, nada que mirar. Sentía que la nada era su única compañera.

Un día en uno de esos paseos matutinos paso junto a una residencia de mayores. La curiosidad le picó y entró para conocerla. No tardó ni veinticuatro horas en tomar una decisión. Al día siguiente estaba firmando el contrato de alojamiento.

Se despidió de la soledad, su antigua compañera. Se sentía a gusto rodeado de gente de su edad. Y he aquí que un día se dio cuenta de que estaba enamorado de Carmen. Ella también es viuda, solo tiene sesenta y cinco años. No pasaba un minuto sin querer estar presente donde estuviera ella. No era una mujer de trato fácil, la verdad. A ella no se le podía decir un buenos días sonriente. Te mira con una cara que parecen decirte "Forastero, no te metas en asuntos que no te incumben". Pero en el comedor, en salón de la tele, en patio… en cualquier parte iban juntos.

Hasta que un día se cansó y ella lo dejó. Lleva una semana sin poder asimilarlo. Se sienta en todos los rincones de la residencia pero no tarda dos minutos en volver a levantarse a ver si la encuentra. En su camino, con los ojos puestos en la soledad, a veces tropieza con un obstáculo humano o con una silla que está fuera de su sitio. Ayer, inexplicablemente, se lío a mamporros con un compañero. Hoy el médico le ha diagnosticado principio de Alzheimer. Sólo está empezando. Y él no quiere olvidar.



sábado, 4 de mayo de 2019

Insomnio


Acaba de ver una película donde un grupo de mujeres hablaban de sus cosas, es decir, de las cosas que suelen hacer todo el tiempo. Se va a la cama con su libreta. No tiene sueño y no le viene. Escribe lo que recuerda del día, sin que la fatiga le cierre los ojos.

Hace frío. Se pone una sudadera. Piensa muchas cosas. Arreglaría ahora el mundo si no se sintiese la persona más impotente de la tierra. Mira su habitación que le parece un callejón y recuerda de pronto aquel el día en el que un chico se le acerco al callejón de su casa pidiéndole que fuera su novia.

Del susto se tapó la cabeza y se quedó dormida mientras la libreta se caía al suelo.