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miércoles, 28 de octubre de 2020

Naturaleza

Llevaba el área de sociedad en la escuela donde daba clases. Y este año se había centrado  fundamentalmente en la ecología.

Tema de moda. Hoy los ciclos cambian, las estaciones se mueven y si, en este momento, nos preguntarán en qué estación estamos,  oficialmente no cabe duda que es el otoño. ¿Pero estamos viviendo en otoño? Hoy el día en la ciudad de donde escribo es de auténtico y verdadero verano. Pero él quería una visión más completa.

Y se trazó como objetivo para este curso que la gente descubriera que junto a una ecología medio ambiente, había una ecología social. Y que junto con todas las problemas mediambientales, ocasionado algunas veces por el cambio climático, hay otra ecología de la qué formamos parte la naturaleza, tú y yo.

La naturaleza no es pues algo distinto a nosotros. Por eso soy fan ecológico y busco el que vivamos vivir durante el curso la experiencia de que la naturaleza y yo somos “uno”. De ahí que, muchas veces, para referirnos a la naturaleza hablamos de la casa común.

Y nos resume, este será mi objetivo: “Somos casa común, parte del entramado de relaciones en el que viven y conviven otros miles de personas sobreviviendo en condiciones de gran penuria escasez y violencia”.

Éste será nuestro reto: CUIDAMOS DE NOSOTROS MISMOS DE NUESTRA HUMANIDAD Y DE LA RED DE RELACIONES QUE NOS MANTIENE VIVOS.





domingo, 11 de agosto de 2019

El chocolate del loro


Suena a chiste pero la noticia es desgraciadamente cierta: “La ONU recomienda reducir el consumo de carne mundial para combatir el cambio climático”.  Hablado en plata, los pedos de las vacas contaminan y mucho. No nos referimos a la contaminación que produce la superproducción de plásticos, la explotación de minas vertiendo a los ríos sus desechos, ni a la contaminación de residuos nucleares o de combustibles sólidos. No. Nos estamos refiriendo al metano que produce las granjas avícolas o de ganadería. La culpa del deterioro del planeta es, al parecer, culpa de vacas, pollos, ovejas y cerdos.

Solución: subir los impuestos que graban su consumo final. La solución de siempre: que pague el de siempre. Con un agravante, el que no pueda pagar que se quede en ayunas. Otra cosa habrá que llevarse a la boca –pan de algarrobas, como antaño-.

El que pueda se pagará su bistec o su hamburguesa y el que no “ajo y agua” –nunca mejor dicho-. Todo menos atacar las verdaderas causas del cambio climático (todo menos poner coto a los beneficios de oligarcas). ¿El chocolate del loro?



jueves, 11 de julio de 2019

Nuevos retos


Sin darnos cuenta, como quien no quiere la cosa, nos hemos merendado la mitad del año.  Entretenidos como estábamos con cosas de política, casi ni se nos despista un tema que no podemos dejar de lado:¡El cambio de clima! –quizás sería más correcto hablar del “cambio de valores”-.

Habrá aun quien recuerde el “Mayo del 68”, con sus revueltas, sus consignas… El mundo iba a ser distinto. Más cerca queda el 15M, diluido en poco tiempo y derrochado como agua de borrajas. Poco ha cambiado. ¿Acaso es que ya no deseamos un mundo justo, unos criterios más sensatos con los que gestionar el mundo?






viernes, 2 de junio de 2017

Un paso atrás

Todo parece indicar que, a mitad de semana, el ínclito Donald Trump sacará a su país del Tratado de París sobre el cambio climático. El pretexto es eliminar las trabas que se derivan del acuerdo en lo referente a la creación de empleos en Estados Unidos.

Negar la evidencia del cambio climático, tal y como hace la administración republicana, es una postura tan retrógrada como la de aquellos que mantenían que la Tierra era plana y el Universo giraba a su alrededor. De nada sirven las evidencias. No hace mucho, la jerarquía católica se oponía a la investigación en células madre, preocupada –decían- por las posibles aberraciones que devendrían de tales adelantos científicos. Hoy nadie se acuerda de aquella polémica. Era una de esas falsas argumentaciones, como lo son las que mantienen estos negacionistas de la desertización y del aumento de las temperaturas en el planeta.

Ni siquiera su argumento de creación de empleo en Estados Unidos se mantiene. Lo que se gana por un lado se perderá por otro. Esos nuevos empleos creados en la industria de las energías fósiles ni siquiera compensarán los que se dejen de crear en el sector de las energías limpias. Pero con una diferencia a peor: los efectos perjudiciales de detener el cambio de modelo energético serán irreversibles.

Y detrás de este populismo “trumposo” están los intereses de siempre. Se argumentan “empleos” cuando debería hablarse de “beneficios”, los enormes beneficios de “los de siempre”. Se esgrime el capote de apoyo a la clase trabajadora americana, cuando lo que realmente importa son los balances de la industria petrolera, ansiosa por meter mano a los yacimientos de Alaska. La Demagogia cotiza en bolsa (…y al alza). ¡Hay que ver lo difícil que es dar un paso adelante y lo fácil que resulta dar dos zancadas hacia atrás!

Y ya que de energías va el comentario de hoy, solo cabe concluir con un triste “apaga y vámonos”.