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jueves, 25 de noviembre de 2021

Antivacunas

Sigo sin entenderlo. A pesar de que las cifras demuestran la eficacia de las vacunas contra la COVID, aún hay un alto porcentaje de la población europea sin atender la solicitud de las administraciones públicas encargadas de las campañas sanitarias en tal sentido.


Comprendo -relativamente…- a quienes a pelan al miedo a unas supuestas consecuencias nefastas de las vacunas, apelando a informaciones, unas verificables y otras no, reveladas en medios de comunicaciones. El miedo es libre y hay que respetarlo, aunque quien piensa así parece ignorar que, como demuestra la estadística, el riesgo de fatales consecuencias es mayor entre la población no vacunada que entre la que sí. Pero insisto, el miedo es libre.


A quienes no comprendo es a los que argumentan razones ajenas a las sanitarias para renegar de la vacuna -en realidad, a renegar de ésta y de todas-. Apelar a la libertad individual o supuestas conspiraciones planetarias es querer cambiar el punto de mira de un problema acuciante. Prefieren mirar al dedo que señala la luna a mirar a la luna.


No soy optimista. Las cifras que nos llegan de países como Alemania o Dinamarca, por ejemplo, sociedades presuntamente desarrolladas, educadas y cultas, son descorazonadoras. Otras, las del sur del continente, parece que estamos en mejor disposición afrontar una más que previsible sexta ola, ahora que se acercan los meses fríos del invierno. ¿Será porque los porcentajes de población vacunada son mayores que las del norte?




jueves, 11 de febrero de 2021

lunes, 21 de diciembre de 2020

Sentido común

 Reflexiona nuestra amiga Mappi...

Anoche me asomé al balcón virtual desde dónde se puede apreciar mejor la realidad y fue entonces cuando varios sentimientos y emociones se cruzaron ante mí. No sin cierto miedo abrí los ojos que momentos antes había cerrado por no querer ver la realidad.

El mundo estaba dividido en dos realidades paralelas pero contrapuestas, una parte era consciente que estamos viviendo una situación dramática y peligrosa, donde hay mucho dolor y lágrimas que se derraman en muchos casos por esa otra realidad que parecen que no existen más que ellos con su inconsciencia, egoísmo, soberbia y sin pensar ni importarles la situación que vive el mundo en general, solo existen las fiestas y el super yo y nadie más.

Estos son los parias de una sociedad que no construyen sino destruyen y encima se ríen y es entonces cuando con dolor piensas que son estos elementos as lo que necesitan es mano dura, con cárcel incluida. Aquí no vale la libertad individual cuando se perjudica gravemente la colectiva. Cuando el lenguaje no sirve para comunicarse hay que emplear otros medios para que entiendan que esa otra parte del mundo, que está viviendo la verdadera realidad, no va a permitir que sea quien sea o lo importante que sea, destruya una sociedad que tanto esfuerzo nos ha costado construir, esa es la verdadera pandemia y la vacuna se llama como me dijo un señor en la feria de artesanía sabio de la vida Macana de macanazo y dice que en los bailes cuando los muchachos se pasaban se les daban un macanazo. Yo vi la macana y les aseguro que daba respeto.

Pues eso que parece humor pienso que ya va siendo hora de emplear la macana con la ley en la mano, porque hay muchas personas que están sufriendo, e incluso muriendo, por estos descerebrados y eso no es un insulto sino libertad de expresión.



martes, 24 de noviembre de 2020

Los malos modos

Me enseñaron de pequeño que, llegado el momento, tan importante es en la vida saber ganar como saber perder; que es en esas circunstancias de la vida cuando se revela la verdadera naturaleza de la gente. Y pensaba yo, ingenuamente, que los que nacen en cuna caliente y se educan en buenos colegios tienen parte de camino hecho para cuando llegue mal dadas. Pero hete aquí que no. Y la cosa no quedaría más que en una cuita personal de no ser que el protagonista no es si no el presidente de la ¿primera? Potencia mundial, el señorito Donald Trump.


Ahora sabemos -por si no lo tuviéramos claro ya- que aquel eslogan que tan famoso se hizo, “America first”, no era en realidad sino un “Me & I first” (traducido al castellano vulgar: “Primero yo, luego yo y siempre yo”), un canto al egocentrismo de quien se piensa tocado por el dedo de los dioses.


Y todo eso en la que se supone la Democracia más fuerte del planeta, un ejemplo para todos los países. Ahora su presidente, cual tortuga bocarriba, patalea y patalea, mientras inventa conjuras increíbles para justificar su reticencia a reconocer la derrota en las urnas. Mal ejemplo. Él, que presume de perseguir las dictaduras populistas allá donde las haya, demuestra que los rasgos autoritarios no son solo propios de políticos de países tercermundistas.


¡Quién sabe! A  lo mejor no es más que las consecuencias de una infancia de niño rico y millonario consentido, que estuvo en el sitio adecuado en el momento oportuno, pero que nunca aprendió que la educación -la verdadera educación- no se compra con dinero.


Donald Trump


domingo, 20 de septiembre de 2020

Cosa de pobres

 Ya quedó en evidencia, cuando hace unas semanas, en Nueva York se daban las peores cifras en el mundo de afectados y fallecidos por causa del coronavirus. El porcentaje de ciudadanos de color era mayor que el de cualquier otro grupo étnico. ¿Era cuestión de razas? ¿El virus se cebaba más en una que en otras? Evidentemente no. No era cuestión de piel, era cuestión de estatus social. Ese grupo de población estaba por debajo de los ingresos medios de un neoyorkino.

Se cumplía una vez más aquello de que “las enfermedades son cosa de pobres”. Las condiciones de vida -vivienda, ingresos, educación…- condicionan decisivamente las posibilidades de sobrevivir. Históricamente siempre ha sido así y la norma no se ha roto en la actualidad. Un ejemplo claro lo tenemos cuando, con ocasión de los rebrotes -los de Madrid ahora o los recientes en Cataluña, por citar algunos-, los barrios que vuelven a ver restringidos el movimiento son los que albergan a los más desfavorecidos socialmente.

Seguiremos buscando remedios y vacunas, pero no nos olvidemos que la mejor medicina es la erradicación de la miseria. Creo que fue Jesucristo quien dijo que siempre habría pobres -y seguramente sea cierto-, pero merece la pena el esfuerzo.






lunes, 7 de septiembre de 2020

Inicio de curso

 Hemos empezado el curso reunidos al aire libre, guardando distancias, programando hasta el último detalle para que el alumnado esté protegido. Intentamos seguir adelante por varios motivos y da igual la política de los gobernantes, izquierda, derecha, arriba o abajo.

 

La educación es necesaria y si no se puede presencial será “on line” para que el mundo evolucione, pero es increíble que ustedes negacionistas hayan sido formados en colegios, no entiendo quien ha podido lavarles el cerebro para no ver la realidad. Los médicos y enfermeros luchando por nuestras vidas, la de todos incluso las de los ingratos. El profesorado intentando las mil y una formas para acoger a vuestros hijos si se puede y ustedes estropeando y vilipendiando los trabajos de sanitarios y educadores.

 

¿Con qué moral les decimos a los alumnos que se pongan mascarillas cuando fuera hay unos inconscientes que no lo hacen? Recapacite quien pueda y le quede neuronas para hacerlo, algo les tendrá que conmover. No esperen a ver a un peque ingresado, saben que son nuestro Futuro, nuestro Tesoro.




martes, 2 de junio de 2020

Aprendizaje o marginación

Hemos entrado en la sociedad del aprendizaje, que se rige por una ley implacable:

“Toda persona, toda empresa y toda sociedad, para no quedarse atrás, tiene que aprender al  menos a la misma velocidad a la que cambia el entorno”. Y si quiere progresar, deberá hacerlo a más velocidad aún. Podemos discutir si son galgos o podencos: si calidad o equidad, si concertada o pública, si el esfuerzo es de derechas y la imaginación de izquierdas, si debemos tener una educación centralizada o descentralizada. Pero mientras seguimos empantanados, el mundo sigue su curso. Necesitamos una movilización de toda la sociedad.

La escuela no basta para tener éxito en la Sociedad del aprendizaje. No solo deben aprender los alumnos, sino también los profesores, y los centros, y las empresas, y el sistema judicial, y los políticos, y toda la ciudadanía. O aprendizaje de todos, incluidos los que parecen saber más, o marginación o vueltas a empantanarnos en un mundo de pocos con muchísimo.

José Antonio Marina


martes, 28 de abril de 2020

No es pedir demasiado

El mundo sería un buen lugar para vivir si mi vecino  cuando me nos encontramos en la escalera no pusieras cara de enfadado porque voy lento. A él parece no importarle que sea a que sea algo medico. El mundo sería buen lugar para vivir si el hijo de la vecina, la del tercero, fuese capaz cuando, bajando a la carrera las escaleras, levantara siquiera la mano y saludara.

El mundo sería un buen lugar para vivir si cuando, por cualquier motivo más o menos grave, uno visita a su médico de cabecera y le da la sensación de que le prestan un poquito de atención, en lugar de pasar los breves minutos como quien despacha con un sello de registro un papel en una oficina.

El mundo sería un poco mejor si en muchas de las residencias de la tercera edad los residentes tuvieran la sensación de estar atendidos y considerados como el sentido común indica. Estas cosas no se las puede contar uno a cualquiera que no conozcamos. Se creerán que estamos locos o pedimos demasiado.


domingo, 5 de abril de 2020

Algo personal

Cuando todo esto acabe y podamos volver a hablar de los temas de los que hablábamos antes, que no me vuelvan a dar la vara con los beneficios que supone privatizar la Sanidad. Me lo puedo tomar como algo personal.

Si algo queda demostrado ahora hasta la saciedad es la necesidad imprescindible de no tocar los muros maestros del edificio de una sociedad -de cualquier sociedad-. No solo no tocarlos, sino reforzarlos. Empecemos por recobrar esos puesto de trabajo perdidos, los presupuestos de investigación -que ya de por sí eran vergonzosamente bajos.

Cuando todo esto acabe y podamos volver a hablar de los temas de los que hablábamos antes, será momento de pedir responsabilidades de los errores evitables que hemos cometido estos días -errores de palabra, obra y omisión-, pero también de los que se cometieron con antelación al estallido de la pandemia. Algunos no fueron errores, algunos fueron maniobras perpetradas con toda intención: la de apoderarse de áreas de negocio y lucrarse descaradamente.

Las rentabilidad que supone a corto plazo recortar servicios públicos puede salir a precio de oro a largo plazo. Ahora tenemos la evidencia. ¿Volveremos a cometer el mismo error?

Cuando todo esto acabe y podamos volver a hablar de los temas de los que hablábamos antes, que no me vuelvan a dar la vara con los beneficios que supone privatizar la Sanidad -y lo que  me vale para la Sanidad me vale para la investigación o la educación, por ejemplo-.

Me lo puedo tomar como algo personal.


martes, 21 de enero de 2020

El pin parental


No espabilamos. Entramos al trapo de cualquier capote que nos pongan por delante. Entramos nosotros y lo peor es que entran al trapo los políticos, que debieran saber distinguir las verdaderas de las falsas polémicas.

Ahora, al parecer, toca debatir sobre la conveniencia o no del puñetero (no se me ocurre otro término) “pin parental”, es decir poner coto a un presunto abuso que realizan determinados educadores sobre las inmaduras mentes de los escolares españoles en materia de educación sexual, inculcándoles conductas que consideran los partidarios de ese pin como pecaminosas, inmorales y, en suma, moralmente condenables. Según ellos a nuestra juventud, cual flautista de Hamelin, se les lleva como ratitas dóciles a la homosexualidad, al vicio, a la depravación sexual.., en un revolutum en el que se mezclan conceptos de todo tipo, dando por sentado una serie de principios y comportamientos que solo admiten una única visión de los comportamientos sociales.

Si por ellos fuera no habría lugar en el sistema educativo a la educación sexual. Prefieren que determinados temas se diriman exclusvamente (o no se diriman nunca) en el ámbito familiar. Apelan a la libertad de los padres a elegir los contenidos de los contenidos curriculares.

Suena bien la música de cualquier canción cuya letra habla de “libertad” ¿cierto? Sin darnos cuenta que, dejando abierta esa gatera, se nos cuelan luego ideas como la libertad de vacunación de los hijos o que la tierra es plana o negar el genocidio nazi durante la II Guerra Mundial. Mal empieza lo que mal acaba.

Parece mentira que entremos al trapo de polémicas que muchos creíamos ya sobradamente superados. Alguien saca partido de traerlas de nuevo a primer plano. Pero lo peor es que entren al trapo dirigentes políticos que no quieren perder la oportunidad de soltar su discurso delante del primer micrófono que les pongan delante. Una cosa es el debate político -imprescindible para la toma de decisiones- y otra muy diferente apuntarse a todas, tengan o no sentido.

Si en cualquier momento cualquier centro educativo se excede en sus competencias a la hora de establecer los contenidos de sus programas ya existen los cauces legales para denunciarlos y, si procede, obligar su corrección. No son necesario nuevas leyes, lo que hay que exigir es el cumplimiento de las que ya hay.

Flaco favor haremos a la democracia y, por ende a nosotros mismos, si no aprendemos a separar el polvo de las pajas.



miércoles, 15 de enero de 2020

Una dura lección


Una amiga de verdad, maestra en EG así como en la comunicación interpersonal, me acaba de enviar un Whatsapp que no me resisto a compartirlo con ustedes.

Ayer fue un día muy duro en mi colegio. Una pequeña de 7 años voló al cielo de, por así decirlo, sin anestesia porque no estaba enferma, no interesa la causa, algo súbito.

Fue imponente ver como casi 500 alumnos hacían un silencio. Ahora los silencios nos han quedado a sus profes.

Todos con cuando y no es fácil, pero hay que seguir adelante, ver a sus compañeritos como lo están haciendo es una lección para los adultos.