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martes, 14 de diciembre de 2021

Barranco de la Virgen, en la isla de Gran Canaria

Barranco de la Virgen, barranco de sueños. Donde vamos aprendiendo caminos, desandando tramos. Afianzando las rodillas vacilantes que recorren el suelo sediento, manantial de agua limpia y cristalina que puede hacer todo de nuevo.

Donde brota la vida y nos invita a cuidar el planeta, nuestra casa común. Donde habitan las gotas de rocío que hace florecer a los veroles y la poesía, que asomada a las simas del barranco, besa las aguas. 


Nosotr@s somos el agua.


Araceli Díaz







domingo, 24 de enero de 2021

Wakonda. Leyenda Omaha sobre la Cración del Mundo

Al principio todo estaba en la mente de Wakonda –el Gran Espíritu-. Todas las criaturas, incluido el hombre, eran espíritus. Se movían en ese espacio que hay entre la tierra y las estrellas. Buscaban un lugar donde morar y vivir una existencia corporal.

Se acercaron al sol, buscando amparo, pero el sol quemaba, no estaba preparado para acoger a los seres vivos. Marcharon a la luna, para encontrar refugio, pero en la luna no había luz y no pudieron quedarse. Llegaron a la tierra, pero encontraron que todo estaba cubierto de agua. Flotaron por el aire, aun sin cuerpo, explorando las cuatro direcciones, pero no encontraron tierra seca. Quedaron inmensamente tristes, pensando que no había más lugares en los que buscar alojo.

A punto estaban de darse por vencidos, cuando, de repente, en mitad de un gran estruendo, surgió de entre las aguas una gran montaña. De su seno brotaban agua y fuego, y el vapor llenó los cielos y se formaron las primeras nubes de lluvia.

Cuando la tierra se secó y se crearon losa ríos y los lagos; crecieron los árboles, la hierba en los campos. Los animales y los humanos pudieron por fin encarnarse, mientras la tierra vibraba como expresión de gratitud al espíritu creados de todas las cosas: Wakonda.


Leyenda Omaha sobre la creación el mundo



miércoles, 11 de noviembre de 2020

Vicente Alexandre - El mar duerme

Con gravedad respiro frente al mar acostado
finalmente. Duerme la mar su sueño.
sueño sin nubes; leves, borrosas, las sospechas
de nubes, lentas huyen, temerosas, extremas.

(...)

Solo. Solo el mar, ya sin sueños ni espumas, permanece
fiel a su norma de verdad alcanzada.
Qué difícil velar, qué más difícil sueño,
sin sueño de espuma que gemebunda clame
mezclada a extraviadas gaviotas sin destino.
Hoy no. La mano inmensa que pudo hoy ha aplastado
la liviandad de un iris que espumoso gorjea
sólo aún allá en el fondo, con los soles partidos.
Gris sólo, noblemente gris solo, el mar tendido
no sueña. Duerme. Inmensa, la Creación se aquieta.

Vicente Alexandre




miércoles, 7 de octubre de 2020

Otoño (III)


“El invierno es un grabado, la primavera una acuarela, el verano una pintura al óleo y el otoño un mosaico de todos”.
Stanley Horowitz – Autor


“El invierno es apagado; la primavera es loca; el verano es alegre y el otoño es sabio!”. 

Mehmet Murat Ildan – Escritor


“De todas las estaciones, el otoño es el que ofrece más al hombre y pide menos”. 

Hal Borland – Autor


“A mí nunca me ha parecido el otoño una estación triste. Las hojas secas y los días cada vez más cortos nunca me han hecho pensar en algo que se acaba, sino más bien en una espera de porvenir”. 

Patrick Modiano – Novelista


“Aprovechemos el otoño antes de que el invierno nos escombre. Entremos a codazos en la franja del sol y admiremos a los pájaros que emigran”. 

Mario Benedetti – Poeta


“Cualquiera que piense que las hojas caídas están muertas nunca las ha visto bailar en un día ventoso”. 

Shira Tamir


“El otoño devuelve a la tierra las hojas que ella le prestó en verano”. 

George Christoph Lichtenberg – Escritor y Científico


“El otoño es la estación más dulce, y las flores que perdemos las ganamos en frutos”. 

Samuel Butler – Escritor


“El otoño no sólo trajo consigo la variación cromática de la naturaleza. Se diría que Dios -que no era mal paisajista- se complaciera, cada nueva estación, en pintar las mismas cosas con distintos colores. También trajo la melancolía: una mezcla de paz y vaga tristeza”. 

Torcuato Luca de Tena – Escritor


“El otoño es triste para el que no sabe divertirse”. 

Céline Blondeau


“En otoño, no vayas a las joyerías a ver el oro; ve por los parques”. 

Mehmet Murat Ildan – Autor


“Espero poder ser la hoja de otoño, que miró al cielo y vivió. Y cuando llegó el momento de irse, con gracia supo que la vida era un regalo”. 

Dodinsky – Autor




domingo, 27 de septiembre de 2020

El elefante y la lluvia (Leyenda centroafricana)

Se dice que hace muchos años, un elefante le dijo a la lluvia que seguramente estaba muy contenta porque gracias a ella, todo era verde y aparecían las flores.

Pero luego de esto la retó preguntándole que qué pasaría si el elefante comenzara a arrancar las plantas. La lluvia se molestó y le advirtió que, si lo hacía, dejaría de mandar agua a la tierra. El elefante no escuchó y comenzó a pisotear las flores y derribar los árboles hasta no dejar nada en pie. Entonces la lluvia dejó de mandar agua.


Un día, el elefante comenzó a tener mucha sed. Estaba tan sediento que habló con el gallo para pedirle que fuera a hablar con la lluvia y le pidiera agua. La lluvia aceptó. Mandó agua sobre la casa del elefante y se formó un charco, pero el elefante no dejó que ningún otro animal bebiera agua de ahí. Llegaron muchos animales sedientos, pero el gallo, a quien el elefante dejó de guardián, no les dejó beber.


El león no escuchó y le dijo que él de todos modos tomaría agua del charco. Al hacerlo, los demás animales decidieron hacer lo mismo. Cuando el elefante volvió, ya casi no quedaba agua. Pero no se enfadó, y en lugar de eso se dió cuenta lo egoísta que había sido cuando todos necesitaban agua.


La lluvia se dio cuenta de esto y decidió volver a mandar agua a la tierra, lo que hizo que todo volviera a brotar. Desde entonces todos saben que el agua se debe cuidar y compartir.





viernes, 24 de julio de 2020

Rabindranath Tagore y la Naturaleza

Un día nuevo para seguir aprendiendo a escuchar la naturaleza que nos rodea. Ella nos habla. No dice cosas distintas a la sabiduría. Algunos la llaman gigante de Dios.

Los árboles parecen ser los esfuerzos de la tierra para hablar con el cielo que escucha.

La. Naturaleza es un libro siempre abierto para nosotros. Aprender a obedecerla, no hay nada superfluo en ella. Nuestro espíritu viaja con ella. Ella no tiene prisa.

La vida nos ha enseñado que podemos desafiar las leyes humanas, pero no podemos resistir a la naturaleza. Que sea de verdad nuestra maestra. Y que los presente a sus mejores amigos cómo son el silencio, la música y ese algo maravilloso que nos deja en nuestro sentimiento.

Rabindranath Tagore (1861 - 1941)



miércoles, 22 de julio de 2020

La vacuna de Oxford

Según parece, cada vez estamos más cerca de encontrar una vacuna contra el dichoso coronavirus. Las noticias son optimistas, aunque con precauciones. Para empezar, precaución por los plazos. La vacuna no va a estar mañana a disposición de todos -y menos en todo el mundo-. Quisiera creer también que el coste real de fabricación y distribución se haga con precios razonables. El virus no distingue entre pobres y ricos, pero unos y otros si se hayan en diferente posición para responder al peligro.

Pero la buena noticia no nos puede hacer olvidar la raíz del problema (de este problema y de los que puedan venir -¡que vendrán!- en el futuro. Cada vez más, y de manera más acelerada, la Humanidad vive más de espaldas a la Naturaleza. La solución a temas como el cambio climático o nuestra vulnerabilidad a pandemias como la presente tiene que ver más con la exploración de una nueva vida en armonía con los reinos animal, vegetal, mineral, por supuesto humano que nos rodean.

No podemos olvidar la raíz del problema. Las soluciones fáciles raramente son las definitivas. Demasiado a menudo los milagros (tener vacuna en menos de dos años lo es) elude la búsqueda de responsables y la exigencia de responsabilidades.  A la ciencia tampoco se la puede dejar sola en el reto de superación de la pandemia. Ha de ir de la mano de la ética planetaria.

La palabra vacuna debiera ser despojada de su hálito divino, no debiera tener ninguna connotación mágica. No puede ser freno a la revolución verde y solidara pendiente, refugio de nuestros errores, excusa para eludir las grandes transformaciones que hemos de llevar a cabo. El antídoto sólo no basta. Es preciso remontar al ámbito de las causas. Depositar toda la esperanza en la tentadora vacuna es engañarnos a nosotros mismos, pues de esa forma eludiremos reparar en el verdadero origen de la crisis: las enfermedades infecciosas se multiplican con la destrucción de la Naturaleza.


sábado, 11 de julio de 2020

Tejedor de realidades (Julio Andrés Pagano)

Cuentan que la curiosidad hizo que un niño descubriese la vital importancia de ayudar a crear entornos de paz, amor, luz y consciencia tejiendo sabiamente con los colores del alma.

- Abuelo, ¿puedo preguntarle por qué cada tarde lo veo sentado en este banco de la plaza sonriendo en dirección al Sol?”-preguntó tímidamente el niño mientras se mantenía a unos pasos de distancia, ya que no sabía qué tipo de respuesta obtendría. 
  
El anciano inclinó lentamente su cabeza, hizo una breve pausa, lo miró con gran ternura y con mucha paz le respondió:

- Estoy tejiendo.

El niño sonrió.

- ¿Cómo que está tejiendo abuelo -le dijo-, si no veo que tenga lanas de colores ni tampoco grandes agujas?

- Tejo realidades -mencionó el anciano-. Puede que parezca que aquí sentado no hago nada -continuó-, sin embargo, permaneciendo en calma hago que mi corazón cree un entorno armónico. También bendigo con mis pensamientos e intenciones a todos los que pasan por esta plaza para que tengan el mejor de sus días. Así es como voy tejiendo. Siempre los saludo con amor, les sonrío con franqueza, y si los veo medio caídos levanto mi bastón y les digo: `vamos qué se puede´. También le pido a los pájaros que me ayuden a darles fuerzas cantando, porque sus maravillosos sonidos revitalizan y sanan.

El niño estaba absolutamente asombrado. No podía creer lo que escuchaba, estaba acostumbrado a oír insistentemente que cuando uno se vuelve viejo ya no sirve para nada.

- En esta luminosa tarea de ayudar a crear entornos armónicos no estoy solo”-remarcó el anciano. Y extendiendo de par en par sus brazos exclamó- Mira la belleza que irradian los árboles, huele el maravilloso perfume que ,sin pedirnos nada a cambio, nos comparten las flores. Contempla el incansable trabajo de esas abejas, observa con cuánta libertad juegan los perros. Siente cómo te acaricia el viento. La existencia, a su modo, también está tejiendo. En mi caso disfruto tejer con hebras de luz, por eso cada tarde abro mi corazón para que los rayos del sol entren, me acaricien y se anclen en el suelo junto con mis sentimientos más puros, de manera que la madre Tierra sienta cuánto la amo. Sin importar la edad que se tenga, todos podemos ayudar a tejer el entramado de un mundo más consciente, sensible, solidario y humano haciendo que nuestras mejores intenciones viajen más allá de las fronteras. También podemos irradiar mucho amor para que las heridas se cierren, los corazones se abran y que cada uno alcance su máximo potencial descubriendo el poder transformador de las cosas simples”.

Los ojos del niño comenzaron a brillar. El anciano se acercó, le pidió permiso a través de una sonrisa y le dio un cálido abrazo.

Cuentan que el sol alumbró aún más fuerte para sumarse al encuentro. Y en ese instante, a modo de agradecimiento, el niño le susurró:

- Me voy a casa, abuelo. Tengo que ir a contarle todo esto a mi mamá, porque ella, que es de las personas a quien más quiero en este mundo, todavía teje usando lanas y agujas.


viernes, 26 de junio de 2020

Proclama (Un poema esperanzado para tiempos

Empiezo a estar cansado
de la ley del desánimo,
de la queja obligatoria.
Así que me pongo en pie,
tomo prestada la voz
del viejo Whitman
y proclamo
que me siento orgulloso de vosotros,
mis amigos,
de cada uno de vosotros.
Proclamo que nunca me habéis fallado.
Me siento orgulloso
del río de caras soñolientas
que llena las aceras a las seis de la mañana,
camino del taller o la oficina;
de ellos, y de los adolescentes que se besan,
de las mujeres embarazadas,
de los viejos que juegan a la petanca
o se agrupan de a tres
en las entradas de los pueblos.
Proclamo que admiro a los que no os rendís,
proclamo que sois muchos los que no os rendís,
proclamo que me asomo a la ventana
y me gusta lo que veo.
Tengo mucho que celebrar: por ejemplo
celebraros a vosotros,
celebrar que estamos aquí,
que vamos a quedarnos,
y que nunca me habéis fallado.
Puesto en pie, con la voz del viejo Whitman,
os digo:
me hacéis invencible
porque vosotros sois invencibles,
y no hay noticia ni debate
que pueda haceros creer lo contrario.

Antonio J. Sán

jueves, 9 de enero de 2020

Naturaleza

Un día nuevo para seguir aprendiendo escuchar la naturaleza que nos rodea.
Nos habla. No dice cosas distintas a la sabiduría
Algunos la llaman gigante de Dios
los árboles parecen ser los esfuerzos de la tierra para hablar con el cielo que escucha 

Es un libro siempre abierto para nosotros
Aprender a obedecerla
No hay nada superfluo.
Nuestro espíritu viaja con ella. Ella no tiene prisa.
La vida nos ha enseñado que podemos desafiar las leyes humanas, pero no podemos resistir a la naturaleza
Que sea de verdad nuestra maestra. Y que los presente a sus mejores amigos cómo son el silencio, la música y ese algo maravilloso que nos deja en nuestro sentimiento.


viernes, 13 de diciembre de 2019

El corazón del mar


Aquella mañana cuando tiraba de la red note que pesaba más de la cuenta, pensé ¡Por fin un día bueno en estos tiempos! Cuando la eché sobre la barca me quedé congelado. No, no era una sirena como estaréis pensando, era algo más extraño. Un gran corazón, sucio, olía mal y latía muy despacio. Entonces en mi cabeza empecé a escuchar una voz. Era el corazón que me estaba hablando.

- Hola, soy el corazón del mar.
- Entonces voy a devolverte a él.
- No, espera, antes de ello escúchame. Me estoy muriendo, la humanidad está terminando conmigo.
- ¿Y que puedo hacer yo? -le pregunté.
- ¡Mucho! -me contestó-. Cuando llegues al Puerto empieza a decir a toda la gente que te encuentres que hay que cuidar el mar, que no hay que sobrexplotarlo, que hay que respetarlo. Que te lo ha dicho el corazón del mar. La gente al principio te tratará de loco, pero tu continua. En verdad siempre se toma por loco a quien se sale de lo común.

Y así después de devolver el corazón al mar, llegue al puerto con un solo pescado, era mi cena y con ello me bastaba. Vendí mi barca y me convertí en predicador del mar... Sí, soy más pobre, pero más rico a la vez, porque sé que la supervivencia de la humanidad está en nuestra mano.