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martes, 14 de diciembre de 2021

Barranco de la Virgen, en la isla de Gran Canaria

Barranco de la Virgen, barranco de sueños. Donde vamos aprendiendo caminos, desandando tramos. Afianzando las rodillas vacilantes que recorren el suelo sediento, manantial de agua limpia y cristalina que puede hacer todo de nuevo.

Donde brota la vida y nos invita a cuidar el planeta, nuestra casa común. Donde habitan las gotas de rocío que hace florecer a los veroles y la poesía, que asomada a las simas del barranco, besa las aguas. 


Nosotr@s somos el agua.


Araceli Díaz







miércoles, 28 de octubre de 2020

Naturaleza

Llevaba el área de sociedad en la escuela donde daba clases. Y este año se había centrado  fundamentalmente en la ecología.

Tema de moda. Hoy los ciclos cambian, las estaciones se mueven y si, en este momento, nos preguntarán en qué estación estamos,  oficialmente no cabe duda que es el otoño. ¿Pero estamos viviendo en otoño? Hoy el día en la ciudad de donde escribo es de auténtico y verdadero verano. Pero él quería una visión más completa.

Y se trazó como objetivo para este curso que la gente descubriera que junto a una ecología medio ambiente, había una ecología social. Y que junto con todas las problemas mediambientales, ocasionado algunas veces por el cambio climático, hay otra ecología de la qué formamos parte la naturaleza, tú y yo.

La naturaleza no es pues algo distinto a nosotros. Por eso soy fan ecológico y busco el que vivamos vivir durante el curso la experiencia de que la naturaleza y yo somos “uno”. De ahí que, muchas veces, para referirnos a la naturaleza hablamos de la casa común.

Y nos resume, este será mi objetivo: “Somos casa común, parte del entramado de relaciones en el que viven y conviven otros miles de personas sobreviviendo en condiciones de gran penuria escasez y violencia”.

Éste será nuestro reto: CUIDAMOS DE NOSOTROS MISMOS DE NUESTRA HUMANIDAD Y DE LA RED DE RELACIONES QUE NOS MANTIENE VIVOS.





domingo, 27 de septiembre de 2020

El elefante y la lluvia (Leyenda centroafricana)

Se dice que hace muchos años, un elefante le dijo a la lluvia que seguramente estaba muy contenta porque gracias a ella, todo era verde y aparecían las flores.

Pero luego de esto la retó preguntándole que qué pasaría si el elefante comenzara a arrancar las plantas. La lluvia se molestó y le advirtió que, si lo hacía, dejaría de mandar agua a la tierra. El elefante no escuchó y comenzó a pisotear las flores y derribar los árboles hasta no dejar nada en pie. Entonces la lluvia dejó de mandar agua.


Un día, el elefante comenzó a tener mucha sed. Estaba tan sediento que habló con el gallo para pedirle que fuera a hablar con la lluvia y le pidiera agua. La lluvia aceptó. Mandó agua sobre la casa del elefante y se formó un charco, pero el elefante no dejó que ningún otro animal bebiera agua de ahí. Llegaron muchos animales sedientos, pero el gallo, a quien el elefante dejó de guardián, no les dejó beber.


El león no escuchó y le dijo que él de todos modos tomaría agua del charco. Al hacerlo, los demás animales decidieron hacer lo mismo. Cuando el elefante volvió, ya casi no quedaba agua. Pero no se enfadó, y en lugar de eso se dió cuenta lo egoísta que había sido cuando todos necesitaban agua.


La lluvia se dio cuenta de esto y decidió volver a mandar agua a la tierra, lo que hizo que todo volviera a brotar. Desde entonces todos saben que el agua se debe cuidar y compartir.





miércoles, 22 de julio de 2020

La vacuna de Oxford

Según parece, cada vez estamos más cerca de encontrar una vacuna contra el dichoso coronavirus. Las noticias son optimistas, aunque con precauciones. Para empezar, precaución por los plazos. La vacuna no va a estar mañana a disposición de todos -y menos en todo el mundo-. Quisiera creer también que el coste real de fabricación y distribución se haga con precios razonables. El virus no distingue entre pobres y ricos, pero unos y otros si se hayan en diferente posición para responder al peligro.

Pero la buena noticia no nos puede hacer olvidar la raíz del problema (de este problema y de los que puedan venir -¡que vendrán!- en el futuro. Cada vez más, y de manera más acelerada, la Humanidad vive más de espaldas a la Naturaleza. La solución a temas como el cambio climático o nuestra vulnerabilidad a pandemias como la presente tiene que ver más con la exploración de una nueva vida en armonía con los reinos animal, vegetal, mineral, por supuesto humano que nos rodean.

No podemos olvidar la raíz del problema. Las soluciones fáciles raramente son las definitivas. Demasiado a menudo los milagros (tener vacuna en menos de dos años lo es) elude la búsqueda de responsables y la exigencia de responsabilidades.  A la ciencia tampoco se la puede dejar sola en el reto de superación de la pandemia. Ha de ir de la mano de la ética planetaria.

La palabra vacuna debiera ser despojada de su hálito divino, no debiera tener ninguna connotación mágica. No puede ser freno a la revolución verde y solidara pendiente, refugio de nuestros errores, excusa para eludir las grandes transformaciones que hemos de llevar a cabo. El antídoto sólo no basta. Es preciso remontar al ámbito de las causas. Depositar toda la esperanza en la tentadora vacuna es engañarnos a nosotros mismos, pues de esa forma eludiremos reparar en el verdadero origen de la crisis: las enfermedades infecciosas se multiplican con la destrucción de la Naturaleza.


jueves, 2 de julio de 2020

Ahora que los búfalos se han ido



“En ningún lugar existe signo alguno del ayer; ni un simple mojón o monumento. Aquí se ha vivido mucho, sin duda, pero ha sido una vida que no ha dejado huella a su paso. ¡Un momento! Sí ha quedado algo de la vida de antaño: pisadas. Mirémoslas en esos senderos negros, pequeños y estrechos, que confluyen en el agua: pequeños surcos oscuros que serpentean y se retuercen. Son las pistas de búfalos de los viejos tiempos. Y han desaparecido los Cree y los Pies Negros, que eran los pueblos cazadores que los abatían. También han desaparecido los que traficaban con sus pieles.

El agente comercial Marc Thavish, que había comenzado a trabajar en la Gran Compañía siendo niño, pasó la vida escalando puestos, desde Fort No-sé-qué hasta Fort No-sé-cual, y convirtió en una buena presbiteriana a una india squaw, para, en sus últimos años, ver horrorizado cómo el mundo expulsaba de sus pastos naturales a sus queridos animales salvajes.

También han desaparecido las grandes manadas de las que vivían tanto el cazador indio como el traficante de pieles. Todos han desaparecido: los indios, los traficantes y los búfalos, y en las inmensas llanuras quedan estas pistas estrechas, señal postrera de un mundo que ya no existe”.

De “Memorias y aventuras” de Arthur Conan Doyle



martes, 10 de septiembre de 2019

En la isla en que nací




En la isla en que nací
cabe el cielo en una cueva,
un desierto en una playa,
la ciudad en una isleta,
la memoria en un pinar,
el aire en una caldera,
la nieve dentro de un pozo,
la sombra, bajo una piedra,
una isla en una plaza,
dos santos en una vega,
una flor dentro de un queso,
un bosque en calles estrechas,
el mundo entero en un parque
y hasta un charco en una cesta.

En la isla en que nací,
en la hermosa Gran Canaria
tres incendios nos llenaron
los corazones de lágrimas;
no nos cabían por dentro
la tristeza ni la rabia
pero dimos un ejemplo
como tierra solidaria
y entre todos lograremos
que la isla se rehaga,
que vuelva a vivir vestida
del color de la esperanza
y que su símbolo sea
el Pinar de Tamadaba


Yeray Rodríguez


sábado, 31 de agosto de 2019

Chile, 2020: ¿la última oportunidad?


''Estáis robando nuestro futuro''. Ese es el grito reivindicativo. Las redes sociales hacen el resto. Miles de estudiantes de todo el mundo se unen a este movimiento. Los estamentos económicos, no acostumbrados a este tipo de adversarios, optan de momento por respuestas convencionales, pero solo de momento.

La próxima cumbre internacional tendrá lugar en Chile. Se dice que será una asamblea decisiva, especialmente para las nuevas generaciones, que recibirán un planeta en estado de coma.

Porque -seamos serios- posiblemente hayamos sobrepasado ya ese punto de “no retorno”, tras el cual, ni aun poniendo la voluntad conjunta de los países más contaminentes podamos ya devolver a esta Tierra la salud que tuvo en su momento.

No es ya solo el agotamiento de recursos nacionales imposibles de reponer, es la cerrazón a negar, primero, la existencia del propio problema, la negación a reconocer lo que es evidente. Sin ese reconocimiento no habrá cambio posible.

¡Bueno, nos equivocamos! uno sí: Ese terrible, demoledor, y abrasivo llamado ”Cambio Climático”.