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lunes, 14 de diciembre de 2020

martes, 21 de enero de 2020

El pin parental


No espabilamos. Entramos al trapo de cualquier capote que nos pongan por delante. Entramos nosotros y lo peor es que entran al trapo los políticos, que debieran saber distinguir las verdaderas de las falsas polémicas.

Ahora, al parecer, toca debatir sobre la conveniencia o no del puñetero (no se me ocurre otro término) “pin parental”, es decir poner coto a un presunto abuso que realizan determinados educadores sobre las inmaduras mentes de los escolares españoles en materia de educación sexual, inculcándoles conductas que consideran los partidarios de ese pin como pecaminosas, inmorales y, en suma, moralmente condenables. Según ellos a nuestra juventud, cual flautista de Hamelin, se les lleva como ratitas dóciles a la homosexualidad, al vicio, a la depravación sexual.., en un revolutum en el que se mezclan conceptos de todo tipo, dando por sentado una serie de principios y comportamientos que solo admiten una única visión de los comportamientos sociales.

Si por ellos fuera no habría lugar en el sistema educativo a la educación sexual. Prefieren que determinados temas se diriman exclusvamente (o no se diriman nunca) en el ámbito familiar. Apelan a la libertad de los padres a elegir los contenidos de los contenidos curriculares.

Suena bien la música de cualquier canción cuya letra habla de “libertad” ¿cierto? Sin darnos cuenta que, dejando abierta esa gatera, se nos cuelan luego ideas como la libertad de vacunación de los hijos o que la tierra es plana o negar el genocidio nazi durante la II Guerra Mundial. Mal empieza lo que mal acaba.

Parece mentira que entremos al trapo de polémicas que muchos creíamos ya sobradamente superados. Alguien saca partido de traerlas de nuevo a primer plano. Pero lo peor es que entren al trapo dirigentes políticos que no quieren perder la oportunidad de soltar su discurso delante del primer micrófono que les pongan delante. Una cosa es el debate político -imprescindible para la toma de decisiones- y otra muy diferente apuntarse a todas, tengan o no sentido.

Si en cualquier momento cualquier centro educativo se excede en sus competencias a la hora de establecer los contenidos de sus programas ya existen los cauces legales para denunciarlos y, si procede, obligar su corrección. No son necesario nuevas leyes, lo que hay que exigir es el cumplimiento de las que ya hay.

Flaco favor haremos a la democracia y, por ende a nosotros mismos, si no aprendemos a separar el polvo de las pajas.



jueves, 31 de octubre de 2019

Vinieron a por mí


Cuando los nazis vinieron buscando comunistas, guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a por los sindicalistas, no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera alzar la voz”. 




Esta es la traducción -un tanto libre- el famoso poema de Martin Niemöller (1892-1984), un sacerdote protestante alemán, víctima y testigo del ascenso de Hitler al poder y de las dramáticas consecuencias del mismo. Originariamente, su autor lo tituló como “¿Qué hubiera dicho Jesucristo?”. En nuestro país, por problemas de traducción, durante mucho tiempo fue atribuido a Bertolt Brecht, quien lo había transcrito en un artículo.

El nazismo murió con Hitler, pero los comportamientos nazistas no. De un tiempo acá resurgen las actitudes xenófobas, identitarias, excluyentes, suprimacistas… Muchas de ellas se camuflan con la etiqueta de “demócratas”, dando apariencia de rechazo a los planteamientos totalitarios.

En un mundo cada vez más complejo, en el que las nuevas tecnologías de comunicación aparentan dar voz a la pluralidad de opiniones nos encontramos, paradójicamente, un escenario de creciente manipulación de la voluntad del individuo. Habrá que estar precavido y -como dijo el poeta- aprender a distinguir las voces de los ecos.

Alguien dijo una vez que “la Demagogia es la tarjeta de visita del fascismo”.