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miércoles, 20 de marzo de 2019

Soñar no hace ruido (Vicente Alexandre)


Hacía tiempo que no soñaba, al menos no era consciente del sueño tenido. Esta mañana mientras el agua fresca de la ducha caía sobre mí, recordé mi sueño de anoche.

Y fue así: vi un cielo limpio donde no había humo de bombas, ni se oían silbar los misiles. Las golondrinas eran los únicos habitantes del aire y los ejércitos de antenas parabólicas habían sido sustituidos por las cometas de los niños. Los bosques con sus árboles poblados de pájaros, con claros  tranquilos donde descansar los hombres descansar y donde los animales pudieran tener su refugio. El pan estaba al alcance de todos los humanos y sabía a ternura. Y el vino dejaba detrás de sí el sabor del amable calor de la alegría.

Alguna razón habrá para que esta mañana al despertar me haya sentido mucho más libre y con ganas de darme un canto en los dientes por las ganas que tengo de respirar profundamente en el día de hoy.



miércoles, 23 de enero de 2019

Agua


Hay quienes dicen que un lugar rodeado de agua por todas partes está encerrado en sí mismo. Están equivocados. El  agua no es un carcelero. Un país, un pueblo, una isla sin agua es como vivir en un corral rendido por las cigarras.

Soñé que me llevaban a un pueblo sin río, a una tierra sin agua dónde los que la habitan no nacieron como un niño, ya que en el parto su madre ni una gota de agua soltara. Y recuerdo como en ese mismo sueño gritaba: quiero volver a tierras niñas; lléveme a un blando país de aguas. Quiero envejecer en grandes pastos y todos los días cantar “en el río".

Cumplieron mi deseo. Y vivía en una pequeña casita donde en el cristal de la ventana repiqueteaba la lluvia para llegar a un barranco por el que fluir hasta llegar al mar. El río iba buscando el mar y el mar estaba de vez en cuando buscando el río que le daba lo que a él le faltaba: nueva vida.

Y así tuve la fortuna. Ya fuese de día ya de noche, el agua era mi protector. Abría los ojos el reino del agua como corriente dulce y silenciosa me manaba por dentro y por fuera. Y si los cerraba, a oscuras, me veía en la orilla del río, sintiendo como mi corazón latía con cada burbuja de agua que estallaba.