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domingo, 22 de noviembre de 2020

Ernest Lluch


De aquella mañana lo que más recuerdo son las lágrimas desconsoladas de una compañera de curso en la facultad de Económicas. Nos acabábamos de enterar del asesinato de Ernest Lluch, a manos (cobardes) de ETA. Había sido -si no recuerdo mal- ministro de Sanidad de uno de los gobiernos del PSOE en tiempos de Felipe González y había aprobado su etapa con un “más que suficiente”. Pero nosotros no le recordábamos por eso. Había sido profesor nuestro en la Facultad de Ciencias Económicas de Valencia. Era un profesor riguroso –“riguroso” en todos los sentidos-. Se decía que si aprobabas su asignatura (Teoría Económica de 5º) aprobabas la carrera. Mucha gente se dejaba su asignatura para el final, anulando convocatorias, para dedicarse exclusivamente a ella. Pero era honesto, el nivel que te pedía para superar sus exámenes era el que el te ofrecía en sus clases, cosa que, como bien sabemos, no siempre ocurre. Quizás por eso no recuerdo yo críticas a su forma de hacer. Un tiro en la nuca se lo llevó por delante. Y nos quedamos con las lágrimas o, en el mejor de los casos, con la mandíbula apretada por la rabia.

Recuerdo otro día -éste estoy seguro que era un sábado, un angustioso sábado- cuando esa misma ETA acabó con la vida de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua. Lo recuerdo muy bien porque, por entonces, yo trabajaba en un medio de comunicación y hubo programa especial, motivado por ese ejercicio de cinismo en el que ETA convirtió aquella jornada en la “crónica de una muerte anunciada”.

En la memoria se me difuminan los otros novecientos y pico nombres de hombres y mujeres que sufrieron similar suerte. Quedan, claro, el atentado siniestro de Hipercor en Barcelona o la casa-cuartel de Zaragoza, el atentado en la T4 de Madrid, Irene Villa…, Ortega Lara, pero para casi todos los demás tienes que recurrir a Internet para refrescar los recuerdos.

Pasan los años, parece que el tiempo va relegando al olvido nombres y lugares. Tal vez deba ser así, pero en parte, sólo en parte, no vaya a ser que por el sumidero del olvido se nos borren de la memoria gente que se dejó la vida por el camino. 

No me atrevo a valorar (aunque mi corazón lo tiene claro). “No toca”, que diría alguno. La historia pondrá las cosas en su lugar. Aquí sólo hemos querido evocar las muertes inútiles -como ahora queda claro- de algunas de sus víctimas y un par de recuerdos personales que me vienen a la memoria.



martes, 22 de agosto de 2017

Una labor de todos

Tenemos trabajo pendiente. Contra el terrorismo se precisa unidad; unidad de las diferentes opciones políticas para ofrecer una muralla infranqueable, sin fisuras ni discursos discordantes; unidad social, que impida que los “runrunes” xenófobos aprovechen la oportunidad para colar sus mensajes de odio.

Pero ni con eso basta. Es una labor de todos, también de los propios musulmanes que conviven con nosotros y comparten nuestro dolor en momentos como éste. Por eso hoy tomamos de la red un texto de la escritora Mariaje López, clara y precisa en su petición.


“No deseo que nadie os mire mal a los musulmanes que vivís en Europa, pero sí que hagáis algo más de lo que estáis haciendo. Igual que la violencia machista se acabaría si todos los hombres repudiaran a los violentos, el terrorismo fanático islamista perdería todo su fuelle si la comunidad musulmana entera se comprometiera más, si en cada mezquita se enseñara que estos actos son crímenes y nada más, sin florituras. Si en las comunidades no se protegiera a los radicales. Os entiendo, pero entendedme a mí: de verdad que podéis hacer mucho más de lo que hacéis los que vivís en Europa y disfrutáis de sus derechos. Obras son amores”.

Un texto de Mariaje López, escritora.