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miércoles, 15 de enero de 2020

Una dura lección


Una amiga de verdad, maestra en EG así como en la comunicación interpersonal, me acaba de enviar un Whatsapp que no me resisto a compartirlo con ustedes.

Ayer fue un día muy duro en mi colegio. Una pequeña de 7 años voló al cielo de, por así decirlo, sin anestesia porque no estaba enferma, no interesa la causa, algo súbito.

Fue imponente ver como casi 500 alumnos hacían un silencio. Ahora los silencios nos han quedado a sus profes.

Todos con cuando y no es fácil, pero hay que seguir adelante, ver a sus compañeritos como lo están haciendo es una lección para los adultos.




martes, 20 de marzo de 2018

Chicos de barrio


Me habían designado alcalde del barrio. Mediar en los problemas del vecino con el ayuntamiento, hacer de alcalde en asuntos de menor competencia. Las mayores quejas venían de los niños: los mayores no les dejaban jugar en la plaza, no querían que cantaran o hicieran ruido en el parque pues molestaba a los que querían descansar, hay muchas pegatinas en las paredes que no habían puesto ellos y que cogían de cualquier portal para jugar y no eran sino propaganda de prostitutas. Se quejaban también de no tener un espacio para poder pintar sus graffittis…

Anoche soñé con ellos –con aquellos críos-, a los que había defendido hasta el final, los que siempre paran sus juegos para venir a darme las buenas tardes, los que formaron una barrera que me impidió entrar en el ayuntamiento pues se habían enterado de que iba a presentar mi dimisión. Me quedé para abrazarles uno a uno, hablamos de por qué los mayores no hacen caso a las cosas sencillos de ellos y quedamos en que el sábado tarde iríamos al juez de los sueños a explicarle nuestros problemas. Los más pequeños gritaban: “…y que vengan también nuestros muñecos que van a llenarse de bichos por tenerlos encerrados en caja nuestros padres”.

Aquella noche era simpático pasear despacio por cualquier calle. En casi todos los patios o ventanas del barrio varios muñecos colgaban o se recostaban en el césped como tomando aire y llenando sus pulmones para unirse el día siguiente con sus amigos ante el juez y poderles gritar: Los niños somos niños las venticuatro horas. Los niños de antes jugaban, nosotros queremos hacerlo también, los niños si no gritan cantando gritan enfadados como los mayores, por qué gritan ellos y nosotros no podemos?  Y , dictaminando el juez  que siempre fuera mediodía en el pueblo, el momento en que el sol brilla para todos por igual, es justo cuando llegan corriendo los niños del primer grupo que habían sido avisados que el abuelo se estaba despidiendo. El mayor de todos se acercó en nombre de los demás, cogió su mano y acarició su pelo diciéndole: Abuelo, mira hacia nosotros los niños de la plaza. Nosotros creemos que no vas a dejar de hacerlo y, protegidos por tu mirada, seguiremos jugando felices.




miércoles, 1 de noviembre de 2017

Cinco Mil Millones

“El niño cinco mil millones, -clamaba Mario Benedetti- mucho antes de nacer ya tenía hambre, un hambre atroz, un hambre vieja”. De estos niños poco se sabe. De los niños europeos todo se sabe, todo se escribe y se cuenta. Si son de otros países, poco importa saber lo que tienen o no, lo que hacen o dejan de hacer.

Como el sol que quema las hierbas, así son las lenguas que no hablan o las que, hablando, esconden o no dicen la verdad.


Y así sigue repartido el mundo. En unos sitios los arenales están cubiertos de rosas, y en otros los campos donde se cosechan los frutos para comer siguen estallando lo volcanes.