Mostrando entradas con la etiqueta mar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mar. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de noviembre de 2021

De vuelta

De nuevo aquí; de nuevo oteando el horizonte. Nos hemos tomado un respiro imprescindible, recobrando las fuerzas necesarias para poder salir de puerto y navegar hacia esos horizontes cercanos que nos gusta explorar. De tarde en tarde, hace falta parar motores, echar el ancla y calafatear el casco de nuestro pequeño navío.

Y mientras en eso estábamos, el mundo ha seguido dando vueltas, más de las que parece, a juzgar por todo lo que ha cambiado nuestro entorno durante todo este tiempo. ¿Nos lo parece a nosotros o la realidad cambia cada vez más deprisa? Y no necesariamente para bien.


En la memoria tenemos a todos eso seres queridos que ya no están con nosotros. Algunos -por no decir todos- demasiado pronto. Siempre se nos antoja demasiado pronto, aunque sea ley de vida. Pero es tiempo ya de extender las velas y aprovechar los vientos que nos empujan de nuevo a la mar, con infinidad de sensaciones mezcladas.


Pero nuestra tripulación ha crecido. A alguno y a alguna ya los conocéis, otros se irán presentado poco a poco. Sin prisas.






miércoles, 11 de noviembre de 2020

Vicente Alexandre - El mar duerme

Con gravedad respiro frente al mar acostado
finalmente. Duerme la mar su sueño.
sueño sin nubes; leves, borrosas, las sospechas
de nubes, lentas huyen, temerosas, extremas.

(...)

Solo. Solo el mar, ya sin sueños ni espumas, permanece
fiel a su norma de verdad alcanzada.
Qué difícil velar, qué más difícil sueño,
sin sueño de espuma que gemebunda clame
mezclada a extraviadas gaviotas sin destino.
Hoy no. La mano inmensa que pudo hoy ha aplastado
la liviandad de un iris que espumoso gorjea
sólo aún allá en el fondo, con los soles partidos.
Gris sólo, noblemente gris solo, el mar tendido
no sueña. Duerme. Inmensa, la Creación se aquieta.

Vicente Alexandre




lunes, 19 de noviembre de 2018

Una profesión de futuro


Nació y se desarrolló en una isla canaria, en la más pequeña. En La Graciosa. Digamos que nació nadando. Su vida, su deporte, su pasión: el mar. Cuando empezó en una profesión de futuro sobre la marcha, el mar se centró en su pensamiento. Quería algo nuevo. Diferente. El mar, el agua para ella tenía muchas posibilidades. Digamos que la práctica la tenía ya realizada.

Buscando algo nuevo y sin saber qué profesión podría elegir marcho a Madrid. A punto estuvo de volverse a las 24 horas. Caminar por aquellas calles era para ella un ejercicio de acrobacia. Tropezaba y se daba esquinazos cada tres por tres. Lógico. Miraba para todas partes: edificios, torres, alumbrado menos para el suelo...

Confusa, de vuelta al piso donde se dormía ya iba con la idea hecha: “Aquí estoy de sobra. Mañana en lugar de ir a la universidad para informarme de las diferentes opciones que tengo volveré al aeropuerto”.

Con esa idea se acostó y con la misma se levantó.. al salir de su casa para comprar el bocadillo del desayuno tropezó con el vecino que también salía a coger el ascensor. Hablaba en sus ojos. Le tocó uno de sus puntos débiles; la nieve. Algo que ella no había visto. Se entusiasmo y salió con él en la montaña... ahí comenzó lo que llevaba buscando. la oferta de su vecino que acabo de conocer le pareció como caída del cielo. Así que no lo pensé. Se abrigo y se montó en el Jeep de su vecino.

Era algo en lo que desde pequeña le llamaba la atención. Pero viviendo en La Graciosa... hasta se había olvidado y no entraba en sus proyectos para su formación profesional. Raúl, el vecino en cuestión, por el camino le fue dando pequeña instrucciones. Ella, sin sonrojarse, le dijo:

- Como me salga bien, comienzo a entrenar para ser campeonas del mundo.

Y así  inició su periplo y de tal forma lo hizo que los dos primeros años ya había estado en las estaciones más importantes del planeta. En su pueblo rodeado de mar y de sol, siempre con ambiente de playa no se perdían un programa televisado de esquí. Hasta que en el pasado de diciembre logro su objetivo. La vuelta al pueblo fue espectacular. Los vecinos que ese año se había mudado para la isla de Lanzarote estaban todos ahí el día que ella volvió. Tuvieron que traer autobuses desde la isla cercana celebrando la nieve por abundante sol. Ambos, sol y mar, mar y sol fueron los animadores de calle en esta impresionante jornada.



jueves, 12 de julio de 2018

A través del mar

Le quería como se suele amar en la distancia, con anhelo, con nostalgia. Porque la distancia se puede reducir con la mirada y el hilo de su voz hacia florecer caricias de esperanza. Era el amor, porque el amor es esa construcción de lazos, que no atan pero van uniendo vidas. Esa construcción de puentes trasatlánticos que suelen derrumbar nuestras barreras. Se pertenecen cómo nos pertenecen los atardeceres, como el calor del sol o la luz de la luna o la belleza de las melodías que deja el mar sembradas en la orilla.

Carmen Cecilia López



domingo, 28 de enero de 2018

Los extraños

No habían sido invitados. Pero se les abrieron las puertas. Pensaron: “Vale más tenerlos como amigos que como enemigos”. Ellos miraron a su alrededor, mejor dicho, acecharon, como parecía ser su costumbre. Aquellos extraños, vestidos como si de lata fuera el traje, se sentaron casi encima del fuego. Sus muslos parecían congelados. Si vienen de los países del frío como es que el agua del mar les hiela de esta manera. Todos les miramos con astucia. Han sido invitados, pero se les tiene más que respeto. Escuchan los discursos de bienvenida sin inmutarse. Tienen fama de serios y furibundos. Pero se comportaron con normalidad. Bebieron cerveza y les dimos más para su viaje de regreso. Nuestras rocas cerraban el mar y vivíamos protegidos de las olas. No les gustó nuestra forma de estancia, la fachada de nuestro edificio. Nosotros lo arreglaremos, dijeron. Sabemos ponernos de acuerdo con la tierra más que con sus habitantes. Cinco de ellos se acercaron a las murallas, y con el zarpazo del espadón de cada uno rompieron en un santiamén aquellas piedras. Rápidamente ocho de ellos, debidamente preparados, con sus hombros y espaldas las echaron sobre el océano mientras dos de ellos esculpieron las rocas de los extremos dejando la figura y estilismo de su pueblo: los vikingos. Desde ese día las dos rocas nos protegen de los oleajes y nos permiten vivir junto al mar. Y los vikingos fueron declarados amigos de honor de nuestro pueblo.


Que las generaciones que nos sigan los tengan siempre presentes como ciudadanos de primera.


miércoles, 24 de enero de 2018

Alberti

“Si supiera que el mundo se ha de acabar mañana, yo aún hoy plantaría un árbol. Basta una gota de agua, una simple gota de agua para albergar esperanzas de vida. La naturaleza es un espectáculo que se desarrolla ante el hombre (M. Luther King, José María Montero Sandoval y Aristóteles)”.

Muchos poetas en la historia de nuestra vida (nuestro Rafael Alberti, uno de los que lo ha hecho con más intensidad), han unido ambas realidades en una sola, tal como lo deja reflejado en su famoso “Marinerito en tierra”, escrito no en Puerto de Santa María, junto al mar, donde nació, sino en la sierra de Guadarrama desde la cual el mar parece una criatura de otro planeta, y a donde el poeta vino a vivir una larga una temporada por motivos de salud.

Por ello canta “galopa, caballo, jinete del pueblo, ¡a galopar hasta enterrarlos en el mar, “galopa, caballo, que la tierra es tuya, galopa hasta enterrarlos en el mar. Cúbreme, amor, el cielo de la boca con esa arrebatada espuma extrema, que es jazmín del que sabe y del que quema, brotado en punta de coral de roca. Su dedo, blanco velero, desde las islas Canarias iba a morir al mar Negro. ¡Cómo la miraba yo morir, desde mi balcón!”.


Tierra y mar. Mar y tierra. Ambos artífices de la naturaleza. Triste es pensar que la naturaleza nos habla mientras los seres humanos no la escuchamos.