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viernes, 10 de noviembre de 2017

Desesperados

Todo comienza y todo acaba. Aquí todo acabó mal. Se perdió la guerra, la batalla, la lucha…, como queramos llamarla.


Todo ha resultado, como el guiso de un ciego, hecho de lágrimas negras, nacidas de un espíritu derrotista. Ya todo está muerto (¿habrá alguien que cuando nosotros no estemos sepa llevar el viento a su voz?). Todo muerto, ni siquiera las lágrimas corren, también murieron.


domingo, 13 de agosto de 2017

Riñas

Recordaba como si fuera ayer el tiempo que vivió en plena guerra de vecinos contra vecinos. Salvo los que dirigían las operaciones militares desde sus despachos y a golpe telemático los que estaban en los campos de batalla vivían con el deseo de una mañana levantar con nobleza su frente y contemplar como el sol lucía de una forma diferente.

Como en todas las guerras cruentas pasa también en las incruentas. Vecinos que no se llevan, compañeros que te ponen los traspiés, foreros que prefieren los demás sigan su estilo, amigos que van aguantando un día y otro también los errores de los demás hasta que un día revientan.


Unos, desde los despachos ovales, otros desde las pequeñas chozas. Cada uno desde donde nos toque habremos de soplar fuerte, un día sí y otro también, para que los humos que provocan esas densas nubes vayan disipándose y dejen ver el resplandor del azul celeste del cielo.


viernes, 23 de junio de 2017

¿Amigos?

Desde jovencillos eran amigos. Cada uno se echó su pareja y el grupo de amigos creció, pues las parejas comenzaron con naturalidad a formar parte de la historia. Entre ellos compartían sus relaciones personales y cada uno pensaba que los otros como parejas funcionaban estupendamente. La armonía parecía palparse.

Un día dos de ellos, por motivos de competitividad en el trabajo, se enfrascó con su amigo que era también compañero de trabajo –muchas veces hemos escuchado que en el trabajo no hay amigos-. Y eso fue lo que pasó. La discusión no solo resultó acalorada, sino que aquellos dos íntimos amigos terminaron a piñazo limpio, teniendo que ser separados por varios de los compañeros. Y lo curioso además es que, en el fragor de la pelea, se dijeron infinidad de cosas despectivas uno del otro que, según comentaban, se habían ido aguantando.

Y se creían en armonía. Engaño puro el que vivían. Justo en ese momento, cuando los dos se rompen la cara a trompadas parece haber más entendimiento, sinceridad y nivel de igualdad que durante su historia como buenos amigos.


Ni que decir tiene que este hecho dio al traste con toda la pandilla. Comenzaron los recelos, las desconfianzas, el “si tú dijiste”, “si tú le contaste a” que parecían más amigos de los que han estado fuera de la pandilla que de ellos mismos. Igual es verdad aquello de que los ciegos ven mejor el interior de los demás que los que poseen buena vista. Ya lo decía Ramón y Cajal: “Es difícil ser buen amigo de los amigos, sin ser algo enemigo de la equidad".