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martes, 8 de septiembre de 2020

La Virgen del Pino (8 de septiembre)

 Cuenta la leyenda que un día, 8 de septiembre del ya lejano 1481, la Virgen se apareció a las gentes, posada sobre las ramas de un frondoso pino, envuelta en un resplandor, infundiendo paz en todos los que tuvieron la oportunidad de contemplarla. La noticia no tardó en extenderse hasta la cercana localidad que hoy conocemos con el nombre de Teror. Primero sus habitantes y pronto hombres y mujeres de rincones más lejanos se acercaban al lugar portando una piña que mojaban en las aguas del arroyo que corría a los pies del árbol. Era frecuente rogar a la Virgen la ayuda para resolver los problemas que les acuciaban y la tradición fue creciendo hasta convertir a La Virgen del Pino en la patrona de la Isla de Gran Canaria.

 

Con el tiempo, claro, aquel árbol, llamado el Pino de las Maravillas se secó, pero aun se conserva en la Basílica del Pino una cruz tallada con la madera de su tronco, para que los fieles puedan contemplar ese legado del pasado, convertido ya desde hace mucho en una de las costumbres imprescindibles cada año.


Porque hoy, más allá del sentimiento religioso de cada cual, tradiciones como la que nos ocupa son un referente que ayuda ha entender nuestra cultura, nuestro paisaje. Somos seres con memoria; una memoria que debemos conservar… y transmitir.




domingo, 5 de enero de 2020

Verdades como puños

Dijo un sabio chino: "Solo cuando se posa un mosquito en tus testículos te das cuenta de que no todo se soluciona con violencia".

Dichos y expresiones populares que no sobran. Verdades prácticas las hay en todos los pueblos lenguas y costumbres. Son verdades como puños que no necesitan pasar por el crisol del laboratorio de la universidad.

Los hay de todo tipo porque, en definitiva, vienen de ser la voz del pueblo, expresan su identidad y su manera de pensar. Una buena colección.



domingo, 26 de agosto de 2018

Leche cruda


Debía tener siete u ocho años mi amigo Damián el verano en el que sus padres le llevaron a un pequeño pueblo perdido en la sierra del Guadarrama. Su abuela, la señora Natividad -una entrañable murciana bajita y regordeta-, había convencido a la familia que la mejor forma de curar la tosferina del crío era que su nieto pasara esos meses calurosos, rodeado de ovejas y cabras. Al parecer, el polvo que levantaban los animales mientras el pastor los llevaba de aquí para allá eran un remedio eficaz contra sus pulmones debilitados. Por aquellos años, mitad de los sesenta, la esperanza de vida en nuestro país no llegaba, ni con mucho, a los 70 años. Era aquella España aun quedaba mucho camino por recorrer en cuestiones sanitarias. Enfermedades como la viruela, las paperas, el sarampión, la tosferina, el tifus, el tétano causaban pavor. Lejos quedaban aun estas “Tres Ces” -cáncer, coche y corazón- que tanta alarma causan hoy en día.

Damián se pasó semanas poniéndonos al día de las aventuras que un niño urbanita vivió durante su aquellas semanas, pero no recuerdo si aquella experiencia sirvió para dejar la tosferina atrás. Me inclino a pensar más en la eficacia de la vacuna que acabó poniéndole el médico de cabecera -que era como se les llamaba entonces a los que hoy llamamos médicos de familia-. Posiblemente doña Natividad se murió años después convencida aun de que su remedio eran tan eficaz o más que aquella inyección que le pusieron a su nieto.

Desde entonces, la medicina ha progresado a pasos agigantados. No nos damos cuenta porque el ser humano tiene una capacidad asombrosa para acostumbrarse a las buenas noticias. Lo hacemos tan fácil  y rápidamente que perdemos de vista el sentido común. No creemos inmunes, caminando en una sola dirección por un sendero con una única dirección.

... e improvisamos o, peor aun, nos da por desbarrar directamente. Nos sacamos de la manga “medicinas alternativas” cada vez más alejadas del método científico. O nos aventuramos al abandono de las regulaciones sanitarias establecidas tras años y años de experiencias. Cada vez son más frecuentes padres de familia que se saltan las normas de vacunación de sus hijos, so pretexto de los abusos de las empresas farmacéuticas (reales en muchos casos) o de negativos efectos secundarios. ”Mucha química” aducen.

En otras, incluso, ignoramos el sentido común y sentenciamos que no hay peligros en consumir -sin ir mas lejos- leche cruda sin someterla al proceso de pasteurización; es decir, ingerir leche de vaca, cabra u oveja directamente de la tata a la mesa. Se argumenta que, de esta manera, se conserva todo el sabor natural y todas las propiedades que regala la naturaleza; las mismas que se pierden al cocerla. Lo que no se revela es el trasfondo económico que hay tras la propuesta. ¡De locos! No es que se pongan los que así obras en peligro, es que nos ponen en peligro a los demás

¿Nos imaginamos un mundo en el volvamos a prescindir de las vacunas y de los criterios de comercialización de lo que nos llevamos a la boca? ¿Merece la pena correr el riesgo?




domingo, 24 de junio de 2018

Tradiciones Familiares


Se casaron en invierno. Era el gusto de su madre y que todos los hijos habían complacido. Era ella quien aportaba los invitados, gente del mundo de las tardes de copas y relaciones sociales. Momentos más idóneos para sacar la ropa de lujo guardada en el armario. Ella era la directora de la escena. Poco le importaba no tener arte ni parte en las decisiones familiares que eran siempre cosa del hombre de la casa.

Esa fue la opción que le dieron y gustosamente aceptó. Poco le importaba –al menos no mostraba interés alguno- cómo les iba la vida de pareja a sus hijos. Su responsabilidad era esa: hacer ver que las cosas funcionaban bien.

Y así fueron pasando los años de su vida. Primero de cumpleaños en cumpleaños, de católica y ceremonial comunión de cada hijo; de boda en boda después. De entierro en entierro a la postre. Hasta dejó atado y bien atado los detalles del propio exactamente igual que hiciera su madre, exactamente igual que se empeñó en educar a sus hijas (que no a sus hijos) en la esperanza de que siguieran escrupulosamente las tradiciones familiares.




domingo, 17 de junio de 2018

Tradiciones familiares


Se casaron en invierno. Era el gusto de su madre y que todos los hijos habían complacido. Era ella quien aportaba los invitados, gente del mundo de las tardes de copas y relaciones sociales. Momentos más idóneos para sacar la ropa de lujo guardada en el armario. Ella era la directora de la escena. Poco le importaba no tener arte ni parte en las decisiones familiares que eran siempre cosa del hombre de la casa.

Esa fue la opción que le dieron y gustosamente aceptó. Poco le importaba –al menos no mostraba interés alguno- cómo les iba la vida de pareja a sus hijos. Su responsabilidad era esa: hacer ver que las cosas funcionaban bien.

Y así fueron pasando los años de su vida. Primero de cumpleaños en cumpleaños, de católica y ceremonial comunión de cada hijo; de boda en boda después. De entierro en entierro a la postre. Hasta dejó atado y bien atado los detalles del propio exactamente igual que hiciera su madre, exactamente igual que se empeñó en educar a sus hijas (que no a sus hijos) en la esperanza de que siguieran escrupulosamente las tradiciones familiares.