Mostrando entradas con la etiqueta conflicto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conflicto. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de julio de 2020

Israel hoy (por Esther Bendahan)

Coincidiendo con el 70 aniversario del establecimiento del estado de Israel, hace dos años, la editorial Turner publicaba un libro: Historia mínima de Israel, donde el profesor y ensayista de la Universidad hebrea de Jerusalén Mario Sznajder ofrece un apasionante resumen histórico centrándose en los hechos fundamentales. Historia de Israel que es también, desafortunadamente, la historia de un conflicto.

Los editores quieren responder a preguntas generales: “¿Qué diferencia hay entre judío, israelita e israelí? ¿Qué supuso que los judíos aceptaran el Antiguo Testamento como texto canónico? ¿Qué relación hay entre el caso Dreyfus y la aparición del sionismo político?”  Entre otras se señalan en la contraportada estas preguntas. En realidad, al ser un libro breve es el propio lector quien deberá profundizar y buscar las respuestas. Aunque el libro permite esquemáticamente aproximarse a los hechos fundamentales.

Israel y el conflicto que supuso su formación no dejan indiferentes. Es de los pocos acontecimientos que la mayoría de la población tiene formada una opinión y en muchos casos basada en paquetes ideológicos, es decir en posicionamientos basados en los grupos de referencia más que en opiniones fundamentadas. Por eso es importante la lectura de un libro como este que quiere -desde cierta distancia – aproximarse a la historia. Confieso que me ha permitido romper algunos estereotipos y comprender mejor ciertos posicionamientos. Pertenezco a una generación peculiar. Nacimos sabiendo que existía un estado judío, que Israel era y es un lugar donde hemos dirigido la mirada durante siglos. Pero también nacimos escuchando a nuestros padres explicando la tragedia de ser judío en Europa o en países árabes donde nunca el judío se integró del todo. Permítanme el recuerdo de lo que me contaba mi madre, en Tetuán chicas del colegio se colgaban de sus trenzas al grito de: judía sin patria. Por lo tanto, hijos de la ambigüedad, de la memoria, del cambio, somos los primeros en mirar al oriente y saber que allí nos espera, en verano o para siempre, un estado judío. Pero también somos quienes hemos visto las dificultades intrínsecas de su formación, de las elecciones y sus consecuencias.

Pasados 70 años de la creación del estado de Israel, a pesar de la dificultad, de la violencia, a pesar de la necesidad de la paz, de conseguir formar un estado palestino, un destino finalmente común, la historia nos ha unido, era necesario y merece la pena. Al leer aquel libro uno se encuentra juntos a los políticos y grandes hombres que lo hicieron posible, pero también a las numerosas víctimas. Por ellos merece la pena seguir intentándolo. Como señala el autor, para llegar a acuerdos, mientras que Israel tiene resuelto su liderazgo, es un país constituido y democrático, no sucede lo mismo con la parte palestina. Allí radica su problema: “¿Si se logra un acuerdo para quién va a ser válido?” pregunta el autor. Europa involucrada en la historia de Israel debe ser quien más se esfuerce en ser justa con ambos lados, comprender políticamente la situación y buscar todas las vías de una paz sostenible.


miércoles, 27 de noviembre de 2019

Consecuencias


Han pasado décadas, y aún quedan secuelas de la guerra de Vietnam -¿qué no quedarán de otras más recientes?-. Hablamos de guerras y pensamos en los que han muerto. Junto a ellos, también mueren muchas otras cosas, como son los principios y valores de vida.

Una de las principales víctimas de la guerra es la pobreza. Los estados nunca invierten en la rehabilitación de sus pobres lo que gastan en material bélico.

Justamente en los Estados Unidos, mientras libraba la famosa guerra en Vietnam, crecían los guetos de afroamericanos en las ciudades del país. Y en paralelo, los problemas derivados de la inseguridad, las tensiones raciales, la desigualdad real de derechos, en él ámbito laboral… circunstancias que también van a dejar su huellas en desequilibrios sociales y emocionales de toda la sociedad. Los mismos efectos, con las características peculiares de cada caso, se han ido y se irán percibiendo tras cada conflicto bélico.  

Mientras tanto, los políticos ignoran esta injusticia estructural y prefieren optar por el método liberal de resolver los problemas: se limitan a bajar las tasas de los impuestos a los ricos y privatizar los servicios sociales. A estas alturas, debería quedar patente que sin la solución de los desequilibrios estructurales la espiral seguirá creciendo. El poder ya no puede legítimamente demandar la obediencia a sus miembros más desfavorecidos. En esas condiciones, incluso la participación democrática queda cuestionada.

La conclusión que  Martin Luther King entresaca de este tema, y que esté blog hace suya, parece aun vidente: Nunca más abalaré con mi voto la violencia contra los oprimidos. Antes deberé exigir responsabilidades al mayor patrocinador de la violencia en el mundo actual cuál es mi propio gobierno.




jueves, 17 de enero de 2019

El día de la marmota


No paran los juicios a personalidades, la extrema derecha avanza terreno, la violencia contra las mujeres en la calle no retrocede y algunos hay que les parece demasiado las leyes que las protegen. Parece como si nos hubiesen quitado los días festivos y nos pusieran a todos la marca de los lunes.

Pensando en todo ello voy caminando cerca del mar. Veo niños jugando en una balsa, a una niña que lee mientras se toca el pelo, otros hacen castillos de arena. Y me entran ganas de fumarme la tristeza que me viene a la cabeza cuándo escucho las noticias, y de hacer festivos los lunes en mi agenda para que así la semana no me pese tanto.



sábado, 28 de julio de 2018

Conflicto


Sí. Cierto que en este mundo hayan muchos conflictos pero ello no significa que tengamos que estarlo entre nosotros también.

Se nos dice que tenemos que adaptarnos a un  mundo en constante conflicto. “Adaptarse” es la consigna. Con esta actitud de pasividad ¿cómo podemos creer en el triunfo de la justicia sí ya casi nadie está dispuesta a sacrificarse por una causa justa?

¿Habrá todavía gente que no se canse de dirigir todas sus energías hacia una sola causa de libertad y justicia?