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lunes, 4 de marzo de 2019

El camino diario


De casa, fuera de la ciudad hasta la oficina donde trabajo hay como unos 45 minutos caminando que hago cada mañana. El camino es a través de una especie de arbolado muy muy variado.

Atravesando el mismo camino cada día, uno de sorprende al ver la evolución de la retama, las huellas de un perro o la flor que acaba de brotar. Ese caminar mañanero, saliendo con tiempo y yendo despacio es como un regalo que te viene y te hace sentir vivo. Sentir el placer de la naturaleza, caminar como un animal libre del corral. Te hace feliz.

A veces dejo libres los pensamientos y surgen experiencias vividas anteriormente dejando aflorar los pensamientos positivos.

Conocer el bosque, la montaña es conocer la vida. Es como sentir el esfuerzo de la cuesta de la vida que a cada uno le toca.




martes, 26 de septiembre de 2017

La calle




“En el sitio donde hemos quedado lo más difícil es perderte. No te encontrarás calle con tanto colorido y alegre como la C/ Juan Guillermo Manrique. No tendrás que preguntar ni nombre ni número. Te sugiero que al entrar en la calle te pares un rato, e intenta llenar tu visión de la vitalidad que encierra. Es el color de la vida. Céntrate y te darás cuenta que el colorido te recuerda que estamos en verano. Y nada más te sugerirá estación alguna”.

Así le dije a unos a un grupo de amigos que habíamos quedado en vernos la tarde del último viernes del mes. Era una de esas calles de antes en el sector antiguo de la ciudad. El color madera de los balcones y puertas y ventanas negras. Con la misma iluminación que ahora, sí. Pero con una diferencia, y es que antes parecía como si el sol se escondiera y no quisiera alumbrar a los que por allí pasaren.


Todo cambió cuando llegaron los nuevos propietarios del bar de la esquina. Antonio y Greci comenzaron por volver a poner el piso con que nació aquel lugar desenterrando las viejas losetas que habían ido a parar al solar de la parte trasera. Ellos entienden bien del tema pues allí pasaron su infancia y recuerdan, entre otras cosas, los carros tirados por burros y el olor a paja que dejaban caer a su paso. Y eso animó al resto de los vecinos y pequeños comercios a blanquear las paredes y cuidar las plantas. Por las noches da gusto pasear por allí pues junto al croar de las ranas de la vieja plaza por allí cercana se unen las miles y miles de estrellas que alumbran la zona antigua de la ciudad, donde cientos y cientos de turistas aprovechan para dejar sin una gota las botellas de ron con miel que no habían deleitado aún. Y ello es solo una pequeña parte descriptiva de la calle Juan Guillermo Manrique. Eso sí, seguiré insistiendo como paseante habitual de ella para que el Ayuntamiento le cambie el nombre por el de Calle de la vida. Cuento para ello con la firma de todos los que puedan leer este post.

sábado, 5 de agosto de 2017

El quinqué

Su madre tenía la costumbre de esconder todo lo que consideraba bonito y lindo por encima de lo normal, para así no dar pie a que los envidiosos estuvieren apenados por lo que no tienen. Su hija quería ver aquellas madejas de lana que había heredado de su abuela, así como el mantel tan lindamente bordado con unos peces y sus amantes, las sirenas. Estaba con unos fuertes dolores de artrosis y no podía levantarse de la cama. Así que le explicó a su hija donde se encontraban los objetos buscados. Un cuarto oscuro en un antiguo pajar de la casa cobijaba aquella belleza heredada. No había luz.

Ella mostró su enfado a la madre pues las cosas bellas están para recrearse en ellas y no para esconderlas. Bastantes fealdades existen ya en el mundo como para no iluminarlas.


Fue entonces cuando la mamá abrió una cajonera debajo de su cama y, sacando un viejo quinqué bordado con hilos de plata, que su hija no conocía pues lo tenía escondido bajo la cama, le dijo: Mira, hija, y así tienes ya una tercera cosa. El quinqué de mis bisabuelos da una luz potente. Él te ayudará a encontrar lo que buscas con rapidez. La hija la miraba asombrada y le hacía señas con las manos como diciendo: ¡te voy a dar una! Se acercó al cuarto oscuro y salió con lo que buscaba en sus manos. Mira, madre, todo lo que da paz, bienestar, belleza, admiración está para ser gozado. Las que puedes esconder son cosas como ésta, enseñándoles unos alicates, que pueden ser usadas para dañar a otras personas y que, estéticamente, parecen unos tragagargantas.