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viernes, 3 de diciembre de 2021

El bocadillo de queso

 Había un joven albañil que cada día se llevaba un bocadillo para comer en el trabajo. Cuando llegaba la hora de desayunar, sacaba el bocadillo de su envoltorio y, día tras día, sus compañeros eran testigos de la misma desilusión. El muchacho, al ver que el bocadillo era de queso, empezaba a lanzar todo tipo de improperios: que si estaba aburrido de comer siempre lo mismo, que el queso le sentaba mal, que le daba alergia…

Un día, uno de sus compañeros, harto de escuchar siempre las mismas protestas, le dijo: 


- Perdona que me meta en tu vida, chico, pero es que todos los días te quejas de lo mismo y y a estamos un poco cansados. ¿Por qué no le diez a tu madre o a quién sea que te prepare el bocadillo con otro relleno que no sea queso? Si quieres, los compañeros podemos darte un par de ideas…


El muchacho, avergonzado, respondió: 


- Es que yo no vivo con mi madre. El bocadillo me lo preparo yo solito.





martes, 16 de febrero de 2021

Un poco de humor (...que falta hace)

“Fueron lujos como el aire acondicionado los que derribaron el Imperio Romano. Con el aire acondicionado puesto, las ventanas estaban cerradas y no oyeron llegar a los barbaros”.

Garrison Keillor



viernes, 2 de octubre de 2020

Quino

Catorce o quince años creo recordar que tenía yo cuando alguien tuvo el detalle de regalarme mi primer libro de Mafalda; más que un libro un cuaderno grueso, apaisado, con tapas de color morado. Aún lo conservo, aunque este desvencijado de tanto repasarlo una y otra vez.

Desde entonces, ella misma, sus sufridos padres, su hermanito Guille y su pequeño grupo de amigos -Felipe, Manolo, Miguelito, Susana y la pequeña Libertad- se volvieron también los míos. Me ayudaron a comprender el mundo -así de claro-, a comprender lo que ocurría a los demás y, también, a respetar los untos de vista de otros.


Después, y poco a poco, descubrí el universo en blanco y negro de su creador, Quino. Un universo lleno de ternura, inteligencia y claridad. Sus personajes, casi todos anónimos, estaban llenos de realidad; de vida cotidiana, pero sobre todo de humanidad. Eran ciudadanos en los que te reconocías, en los que los problemas cotidianos se plasmaban sin acritud, sabedores de la dificultades -a veces insalvables- les convertía en dignos supervivientes. No recuerdo una sola viñeta de Quino en la que se desprenda odio, falta de respeto, desprecio… quizás sólo cuando el tema versaba en torno a las dictaduras militares (en un país como el suyo, Argentina, que sabía de sus dolorosas consecuencias).


Se nos ha ido Quino. Quizás sea hora de recordar alguna de esas pequeñas grandes frases que salieron de su boca: “Ya que amarnos los unos a los otros no resulta, ¿por qué no probamos amarnos los otros a los unos?”.



jueves, 30 de julio de 2020

Un poquito de humor (...canario)

Enfermedades canarias no identificadas por la Organización Mundial de la Salud:

Andancio: Virus de temporada que afecta a gran parte de la población.

Destemplanza: Misteriosa temperatura del cuerpo, no tan alta como para ser considerada fiebre, pero suficientemente molesta como para faltar a la escuela o al trabajo. Desconocida por la American Medical Association.

Patatús: Ataque de origen oscuro que puede presentarse en cualquier momento. Puede ser suficientemente serio como para motivar hospitalización y todavía es indetectable por la tecnología médica. Las víctimas tienden a ser hombres o mujeres por encima de los 50 años.

Sirimba: Ataque con síntomas similares al patatús, pero más cercanos a las convulsiones. Puede ser aliviado con reposo en cama y humedeciendo la frente con un paño empapado en alcohol.

Sereno: Ocurre cuando se sale fuera de casa repentinamente y de noche, siendo "rociado" por una sustancia misteriosa. No hay signos ni síntomas físicos. El efecto de tener esta enfermedad es desconocido. Los menores de edad y recién nacidos no deben exponerse fuera de casa durante la noche sin estar cubiertos en la cabeza, de lo contrario la contaminación por "sereno" es segura.

Mollera: Zona blanda y redondeada en la parte superior del cráneo que se halla en los recién nacidos, tocar esta área sin poner especial cuidado puede causar daño cerebral irreversible.

Muñeca abierta: Dislocación de la muñeca. Causa desconocida y en algunos casos puede suceder después de intentar abrir -sin éxito- un frasco con la tapa muy apretada.

Aire: Enfermedad muy común, que resulta al exponerse súbitamente, y particularmente de noche, a la intemperie, fuera de casa, sin la ropa adecuada. Caracterizado por un dolor agudo e intermitente, que puede afectar cualquier parte del cuerpo.

Chochera: Síndrome que afecta a todos durante la vejez, en mayor o menor grado. Caracterizada por un comportamiento irritable e intolerante.

Punzada del mago o campurrio: Cefalea aguda y de corta duración que se presenta después de beber una bebida muy fría. Aunque es molesto, sus efectos son pasajeros y sin ninguna secuela.

Golpe de suegra: Pequeño calambre provocado por un golpe repentino en un pequeño hueso situado en el codo.

Tirisia: Color amarillento en los recién nacidos.

Ferecía: Ataque de furia intenso provocado por un disgusto.

Cuerpo cortado: Condición de malestar leve y de aparición frecuente, de etiología desconocida. Los síntomas que incluye, aunque no los únicos, son: fatiga y falta de energía.

Moño vira'o: Desequilibrio psicológico de corta duración caracterizado por cambios de humor frecuentes, comportamiento violento e irritante así como sensación de gran incomodidad. Padecimiento extremadamente común. Puede afectar a cualquier persona independientemente de su edad.

Cabeza atormentada: Sensación leve de mareo y dolor de cabeza, típico de los hipertensos.

¡Repente!: Principal causa de muerte entre los canarios (Murió: de Repente)

martes, 14 de enero de 2020

Esto es una desgracia (Juan Carlos Ortega)

(Reproducción del artículo de Juan Carlos Ortega el pasado 12 de enero, en El Periódico de Barcelona)

Lo que voy a contarles es muy trágico. Me consuela saber que a ustedes puede pasarles lo mismo. No me interpreten mal; no disfruto con el sufrimiento ajeno, pero a algo tengo que agarrarme para no sentirme terriblemente aislado.

Todo empezó hace meses. Los pactos, las alianzas, Podemos, PSOE, ERC, ya saben, todo eso. En la radio no hablaban de otra cosa, y cuando me asomaba a internet, la mayoría de mis contactos opinaban sobre ese asunto. Así que, poco a poco, me fui interesando. Tanto que dedicaba mucho tiempo diario a estar informado, a ver noticias, a leerlas, a debatir con mis amigos qué podría ocurrir y qué no.

Ahora todo ha terminado. Ya hay gobierno y debo empezar a pensar de nuevo en mis cosas. El problema es que las he olvidado. De tanto estar interesado en la investidura, ya no recuerdo qué me interesaba antes, tan solo unos meses atrás.

Y lo he intentado. He cerrado los ojos con fuerza y me he dicho a mi mismo: “Tienes que recordar, has de volver a ser el que eras. ¿Qué te gustaba, con qué disfrutabas?”. Pero no hay manera. Por mucho que lo intento, mi memoria está desactivada.

Anoche salí a la calle y miraba por todas partes. Tenía la esperanza de ver algo que llamara mi atención, algo que me recordara lo que yo había sido antes, los asuntos que me fascinaban. Miraba una moto aparcada y me decía: «¿te gustaban las motos, acaso?». No sabía qué responderme. Una chica pasaba por la calle y yo, de reojo, miraba su forma de caminar. ¿Me gustaban las chicas? Tampoco podía estar seguro de ello.

Ha sido mucho tiempo dedicado a Sánchez, a Iglesias, a Junqueras, a Irene Montero, muchas horas en las que en mi cabeza solamente estaba en ellos. Y de tanto estar en ellos, dejó de estar en mí. He olvidado todo, y créanme que es algo terrible.

Hace un momento he telefoneado a un gran amigo. Le he preguntado si le pasa a él lo mismo y, para mi asombro, me ha respondido que no sabía quién era yo. El pobre está en una fase más problemática. Incluso ha olvidado a las personas de su entorno.

Incluso yo mismo empiezo a olvidarlas. Teresa, la magnífica editora de EL PERIÓDICO, me envió hace media hora un mensaje diciéndome: «Juan Carlos, ¿te acuerdas de enviar el artículo?». He estado a punto de responderle: ¿Quién eres, qué artículo? Por suerte, he reaccionado a tiempo y he podido ponerme a escribir esto.

Ahora mismo, cuando termine, voy a releer los artículos que he escrito hace tiempo. Tal vez ellos me puedan dar una pista de qué cosas me interesaban antes. Me suena que la ciencia me entusiasmaba, pero lo cierto es que no puedo estar seguro del todo.

¿Les pasa a ustedes lo mismo? Si es así, tengan el consuelo de saber que no están solos. Por si no ignoran lo que están haciendo, les recuerdo que esto que están leyendo se llama El Periódico. Salgan a la calle e intenten volver a su vida de antes. Ojalá lo logren. Yo estoy, como dijo el gran Goytisolo, en el camino. 

sábado, 21 de diciembre de 2019

Risoterapia

Faltan solo unos días para comenzar la programación de este curso en una radio local, cuando le ha llegado a maestro Rodrigo la propuesto de pilotar una nave radiofónica en una emisora regional.

Entrevistas a personajes de la farándula o relacionados con ellos forman parte también, con la intención, no de frivolizar, pero sí de relajar parte de la transcendencia que parece empapar cada instante de nuestras vidas. 

Los días para prepararlo están contados. Su objetivo fundamental: aumentar la sonrisa e, incluso si llega el caso, las carcajadas. El mundo está demasiado serio; sonreír ya va siendo imposible. Ahora hay que aumentar su intensidad. Esta ciudad necesita escuchar carcajadas en todas las esquinas, para lo cual, Ernesto Rodrigo dice que va a poner toda la carne en el asador. Sin importarle mucho los impedimentos que puedan existir, el maestro Rodrigo se ha comprometido, arriesgando lo necesario, a volvemos a enseñar a reír.


jueves, 19 de diciembre de 2019

Más de Juan de Mairena (Antonio Machado)


– Uno de los medios más eficaces para que las cosas no cambien nunca por dentro es renovarlas -o removerlas- constantemente por fuera. Por eso -decía mi maestro- los originales ahorcarían si pudieran a los novedosos, y los novedosos apedrean cuando pueden sañudamente a los originales.

 Aprendió tantas cosas -escribía mi maestro, a la muerte de un amigo erudito-, que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas.

– El escepticismo pudiera estar o no estar de moda. Yo no os aconsejo que figuréis en el coro de sus adeptos ni en el de sus detractores. Yo os aconsejo, más bien, una posición escéptica frente al escepticismo. Por ejemplo: “Cuando pienso que la verdad no existe, pienso, además que pudiera existir, precisamente por haber pensado lo contrario, puesto que no hay razón suficiente para que sea verdad lo que yo pienso, aunque tampoco demasiada para que deje de serlo”. De ese modo nadáis y guardáis la ropa, dais prueba de modestia y eludís el famoso argumento contra escépticos, que lo es sólo contra escépticos dogmáticos.

– Nunca os aconsejaré el escepticismo cansino y melancólico de quienes piensan estar de vuelta de todo. Es la posición y más falsa y más ingenuamente dogmática que puede adoptarse. Ya es mucho que vayamos a alguna parte. Estar de vuelta, ¡ni soñarlo…!

– Vosotros sabéis que yo no pretendo enseñaros nada, y que sólo me aplico a sacudir la inercia de vuestras almas, a arar el barbecho empedernido de vuestro pensamiento, a sembrar inquietudes, como se ha dicho muy razonablemente, y yo diría, mejor, a sembrar preocupaciones y prejuicios; quiero decir juicios y ocupaciones previos y antepuestos a toda ocupación zapatera y a todo juicio de pan llevar.



miércoles, 12 de septiembre de 2018

La habitación prohibida

Sabía que si le encontraban entre aquellas cuatro paredes le expulsarían, que su estancia en la abadía podía darse por finalizada. Nadie que no tuviera permiso expreso de abad podía estar entre aquellas cuatro paredes, las más misteriosas y vigiladas de aquel viejo edificio templario. Pero la tentación era mayor. La posibilidad de tener al alcance el secreto tan buscado tanto tiempo y por tantos se le había vuelto irresistible.

Agazapado en el rincón más oscuro del pasillo, esperó horas y horas hasta que las sombras de la noche ocultaron del todo su presencia a los pocos monjes que, de tarde en tarde, entraban o salían de aquella habitación, camino de la estrecha escalera que unía la torre al resto del monasterio. La humedad le calaba los huesos y el gélido viento que se levantaba en cuanto el sol desaparecía no hacían sino reafirmar su voluntad de que aquella noche sería la definitiva. Se lo jugaba todo: poseer la fórmula mágica o -si era sorprendido- despedirse definitivamente de su anhelo.

No era un afán de riqueza, ni siquiera de prestigio, era otra cosa. Era una curiosidad que anidaba en su corazón desde que comenzó a tener uso de razón. Un afán que comenzó a fraguarse el mismo día que ante sus ojos vio por sí mismo aquella maravilla que le cautivó todos sus sentidos. Comprendió de pronto la diferencia entre la química y la alquimia y cómo la magia de los ancianos se había ido perfeccionando paso a paso, experimento a experimento, hasta dar con la fórmula genial.

Estaba temblando. ¿Cuántos otros monjes -novicios o no- lo habrían intentado antes? ¿Qué había sido de ellos? Prefirió no pensar. Tampoco tenía claro qué hacer una vez que el poderoso secreto estuviera en su poder. Era ahora o nunca.

Lentamente se deslizó dentro de la habitación. En la penumbra apenas podía distinguir la mesa sobre la que aparentemente desordenadas se depositaban un sin fin de botellas, algún almirez, algunas ollas, cucharas y cuchillos de diferentes tamaños. Más allá, en una vieja chimenea, aun se apreciaban los restos de un fuego recientemente apagado. Los rescoldos eran la única luz que iluminaba su entorno. Debía darse prisa o, ni siquiera, podría hacer uso de esa ventaja.

Se incorporó por fin. Se acercó hasta tener a mano los ingredientes que, cada uno por su parte, no podían suponer sorpresa alguna, pero que, juntos y en las debidas proporciones, daban paso a la maravilla, cuyo descubrimiento le había llevado hasta allí...

Y por fin lo entendió todo. En su cabeza cobró cuerpo la fórmula maestra... las proporciones..., los tiempos de cocción..., la decantación precisa..., la paciencia de la espera...

Y sonrío. Sonrió al comprender la sencillez del secreto. El secreto del chocolate de los monjes de Peñafría... uno de los mejores -si no el mejor- chocolate del mundo.