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martes, 11 de junio de 2019

Sudáfrica 1 - España 3


La selección española de fútbol ha conseguido su primera victoria en el Mundial Femenino que se está celebrando estos días en Francia. Y remontando, porque comenzaron perdiendo el encuentro.

Eso ocurrió el pasado  sábado  y a estas alturas, el resultado es ya conocido, al menos, por todos los aficionados a este deporte. “Por todos” y eso es lo importante. Porque hasta hace muy poco tiempo, un partido de fútbol femenino pasaba desapercibido incluso para la prensa especializada. Tenía mucha más repercusión cualquier partido de segunda. Y no hablemos de la asistencia a los encuentros. Hoy la cosa está cambiando radicalmente. En nuestra propia liga ha habido partido con más de 30.000 asistentes, una cifra que son ya palabras mayores.

Crecen el número de licencias y el número de practicantes y hay cadenas de televisión que apuestan por la retrasmisión de todos los encuentros de un torneo, no solo las semifinales o la final. Las marcas comerciales patrocinan las camisetas y añaden su nombre comercial al de los equipos por los que apuestan. Buenos síntomas.

Pero estas cosas no ocurren por casualidad. Son un síntoma; el síntoma de que las mujeres van ocupando -poco a poco, pero lo van ocupando…- espacios antes reservados solo para hombres. ¿Quién no recuerda expresiones en las gradas de algún estadio de barrio, “recordando que el lugar de las mujeres era solo la cocina, en lugar de darles patadas al un balón”. A la que menos se la tildaba, como poco, de “machirolo”.

Tardaremos en ver cifras tan alocadas en los traspasos de las estrella de futbol femenino como las que se dan en el masculino. Pero hay cambios sociales -y en el fútbol también- que han venido ya para quedarse.




miércoles, 27 de junio de 2018

Rusia, 2018


El mundo parece que se ha parado. La tierra ya no da vueltas alrededor del sol. Hay horas determinadas en las que no circula coche alguno por la carretera. Los bares con Tv están abarrotados. Y en el salón de casa se oye el respirar jadeante de los que sentados están mirando todos hacia Rusia.

No solo en mi ciudad. El mundo entero está pendiente de ver cómo, por dónde, entre quiénes va a para el balón. Son muchos los campos por donde corre, pero toda la atención está centrada en el campo ruso. Las cámaras están repartidas. Mientras unas siguen las carreras del balón, otras apuntan a las caras de la gente, como la imagen que ahora se está proyectando del muchacho, que nervioso, con un cuenco de cerezas en su mano, las devora de un bocado, en lugar de sacarle gusto a cada una.

Hay amplios grupos que, no sintonizando con Moscú, dado que la mátrix que ahora tutela Putin no les cautiva, intentan que los demás tomen conciencia de que ese balón puede unir a las naciones y culminar con una cita planetaria, donde todos los que en el mundo revolucionario han sido puedan celebrar sus logros. Como símbolo de ello llevan unas cajas con fotos del Che que reúne a las naciones y que, con cierta frecuencia, pasean con cantos revolucionarios, ante los cuales, los fanáticos putianos responden rompiendo todo lo que encuentran a su paso, como ha ocurrido hoy con aquel hermoso juego de mar que, al terminar la manifestación, un chaval del grupo quería regalar al primer chico ruso de su edad que viese.

Ojalá este mundial sirva también para sellar amistades y vínculos que superen las fronteras y las distintas ideologías.