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jueves, 21 de septiembre de 2017

Siempre somos aprendices

Hace unos años un pescador francés nos enseñó una pequeña mosca con la que pescaba a pez visto en la captura y suelta de Olorón. Su argumentación acerca de la elección de la mosca nos convenció totalmente. Os cuento la historia:

Personalmente creo que no hay nada más gratificante como pescador que enfrentarse a lo desconocido, al reto de caminar y analizar unas nuevas aguas, con sus peculiaridades asociadas al medio, comportamiento de las truchas…

Me encontraba en Olorón, a principio de temporada, con un río de caudal medio alto que recogía las frías aguas del deshielo del Valle de Aspe, un río grande en el que me encontraba desorientado y sin la referencia de las piedras, corrientes y saltos de agua que acostumbro a pescar y creo se “leer” con facilidad.

Mi decisión de entrada fue pescar a ninfa “al agua” para intentar pescar alguna trucha que estuviera “agazapada” al fondo del río. Resultado: 0 peces en más de media hora de pesca.

Viendo que la evolución de la mañana no prometía decidí entablar conversación con un señor francés que llegaba al río. Él me comentó que ese tramo lo solía pescar asiduamente y se ofreció tras ver mi interés a enseñarme a localizar y pescar sus peces, un detalle digno de agradecer y que decía mucho de su grandeza como pescador.
Mi sorpresa llegó cuando me dijo que iba a pescar a ¡seca y a pez visto!, totalmente desconcertante para mí…

Andamos por fuera del río hasta que llegamos a un muro, se arrodilló y permaneció quieto hasta que me dijo que ya tenía localizadas dos grandes truchas comiendo. Yo no daba crédito ¿cómo podía haber dos truchas de ese tamaño en un palmo de agua, junto a la orilla, en una postura que para mí hubiera pasado totalmente desapercibida y hubiera pisado descartando la existencia de peces?

Su argumentación fue la siguiente: las truchas en este río a principio de temporada gastan la mínima energía para poder comer. Por ello los grandes peces salen a las orillas si no se les molesta y para pescarlos hay que utilizar moscas que pesquen muy placadas en el agua y de pluma blanda pues están aún muy “perezosas”.
Consiguió pescar esas dos preciosas truchas una detrás de otra.

Esta gran lección, como otras tantas que nos da el río, siempre la tengo presente y me ha ayudado a ser más observador, entrar siempre con humildad al cauce, no desechar nunca ninguna opción de pesca, pero sobre todo a saber escuchar y aprender de cualquier pescador que nos encontremos por el río.


Todos somos aprendices en un arte donde ninguno jamás se vuelve un maestro.
— Ernest Hemingway



jueves, 6 de abril de 2017

Ayer y hoy

Cuando todo había evolucionado para mejorar, un color gris plomizo abundaba en la tierra. De pequeños los cuatro estábamos unidos. El problema y alegría de uno era también de los demás. Nos hicimos mayores y bastó que uno asumiera el papel de lejano para que todos nos sintiéramos así.
Hoy ya, con las sienes plateadas, a todos se nos nota el deseo de vivir la etapa de muchachos en que compartíamos cosas y hablábamos. La ley natural de que todo evoluciona para mejorar la especie, aquí no ha funcionado.
Lejos quedó nuestra blanca juventud. Ya hemos llegado al otoño de nuestras vidas. Es ahora que podamos asumir aquello del poeta: “Hemos andado muchos caminos; hemos abierto muchas veredas; hemos navegado en cien mares y atracado en cien riberas”

Es hora de que, sin prisas, nos contemos hasta dónde hemos llegado y los sueños que hemos alcanzado. Y que lo hagamos allí, en la plaza vieja donde, a su sombra, los niños de hoy siguen jugando y cantando como lo hicimos nosotros, los niños de antesdeayer.