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miércoles, 23 de octubre de 2019

La abuela


- Yo tengo uno de la misma colección.

Levanté la cabeza y me encontré a mi amigo con un libro de arte africano que estaba cogiendo polvo en una estantería.

- Si quieres llévatelo…
– No, tranquilo. Lo digo porque yo tengo otro, pero de arte de los indios norteamericanos, que ya sabes tú que me va el tema.

Traté de recordar cuándo fue la última vez que alguien había abierto ese libro, pero no pude. Pero sí me acordé que me lo compraron mis padres para ayudarme en un trabajo de COU. O sea, que ya había llovido. Lo que no sé es cómo fue a parar a casa de mi abuela.

Allí estaba yo, intentando, de momento en vano, cambiar la pila de su sonotone, esas pilas redondas que el diablo ha inventado para que la gente se gane el infierno, maldiciendo la dificultad de abrir esa tapita en aparatos como éste. Ella seguía tejiendo una rosa de punto, ajena al mundo, porque el sonotone, en realidad, era el único nexo que prácticamente le quedaba con el paisaje. Cambiaba el color, pero cuando acaba una, empezaba otra. Las iba guardando en cajas metal, donde vienen las galletas de canela y jengibre que nunca faltan en su casa. Quizás era en los dos únicos placeres que ya le quedaban: sus galletas y sus rosas de punto.

– Abuela, ¿me dejas que te haga una foto con el móvil?

Pero no me contestó, no me oía. Seguramente no se habría dado en cuenta de mi acción. Pero no quise, me dio la sensación de que hubiera sido robarle un trozo de su intimidad -la poca que le quedaba-. Pero la escena lo hubiera merecido: ella sentada en su sillón al lado de la ventana, junto a una pequeña mesa camilla con un adorno central de una abuela tejiendo un cuadro en un bastidor. Me recordaba a esas pinturas en las que el pintor pinta un cuadro de un pintor que pinta un cuadro, de un pintor que… 


sábado, 5 de enero de 2019

Magnolia

Es tataranieta de una cantante famosa. Con 19 años, Magnolia comienza a cuidar a una niña, mientras estudia psicología y además saca tiempo para su afición favorita, que es la pintura. En su bolso llevaba el libro con las pinturas de Alphonse Mucha, aprovechando para disfrutar de ellas en los momentos en que tiene que subirse al autobús público. Los vecinos del pueblo, al ver cómo trataba a la niña y las actividades que hacía con ella, comenzaron a valorarla hablando positivamente en sus conversaciones.
Un  día un grupo de padres que estaban sentados en el parque, comentando y comiendo turrón, la pararon y le preguntaron cuál era su secreto en el trabajo con aquella niña.

 - Lo único que hago -le contestó ella- es sentir que la pequeña que está a mi lado es lo más bonito que hay en el mundo y que por ello he de dedicarle mi tiempo con todo mi cariño, lo cual revierte a mí favor pues yo también noto el cariño de ella.

Y lo decía mientras acariciaba el collar que llevaba puesto y que la propia niña le había regalado con motivo de la Navidad.

- Y por eso, también cuando está la familia me siento con ellos a escuchar música y cantar. Música de todos los tiempos desde "El ojo del tigre'' de la banda sonora de Rocky Balboa hasta muchos temas de la película de Mary Poppins. Y todo el mundo en casa se engancha, canta y baila. Y es muy lindo verlos a todos porque los mayores en el fondo lo que quieren es revivir el pasado, esa infancia que no han olvidado, y dónde vivían al día sin estar haciendo cálculos de futuro. Toda esta experiencia me ha servido para plasmarla en un proyecto para los estudios de psicopedagogía que estoy realizando.

Las cuatro madres y los dos padres que le escuchaban en el parque le preguntaron:

- ¿Tenemos nosotros que esperar a que tú escribas ese libro o podemos empezar ya y nosotros seríamos tu conejito de Indias?

Era Navidad y por supuesto no le faltaron a Magnolia paquetes de regalo por estas fiestas que, en señal de agradecimiento, le regalaron los vecinos del pueblo.


domingo, 6 de mayo de 2018

El cuadro


¿Se puede amar a dos mujeres a la vez o solo existe un amor verdadero? Eran tan exactas por fuera como diametralmente opuestas en sus personalidades. Difícil distinguirlas a poco que se lo propusieran. Una de ellas era dulce, encantadora a primera vista, con un don de gentes y una simpatía que te ganaba de inmediato. Por el contrario, su hermana era reflexiva, tímida, poco dada a entablar conversación con personas que no hubieran traspasado el umbral de su confianza. Era más reflexiva, mucho más que su gemela, todo un torbellino de emociones. No, esta segunda era como un buen vino, al que hay que dejar reposar para que luego te lo devuelva con su buquet en el paladar.


Cualquiera de las dos hubiera colmado por separado las mejores expectativas que el corazón de un hombre puede albergar. Para él, sim embargo, acabó siendo un drama, el drama de su vida. Así pasaron los años, guardando en silencio dos pasiones sin que ninguna de las dos llegara nunca a saber de sus sentimientos.

Tampoco nunca se atrevió a preguntar por los que cada una de ellas tenía hacia él, por cierto.