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martes, 8 de mayo de 2018

La montaña


Buscar la verdad en las relaciones de otros en un acontecimiento no es nada fácil. Buscarla en nosotros mismos, en muchas ocasiones, nos resulta hasta incómodo. Y todo ello porque sentirse o pensar que uno es dueño de la verdad es el absurdo, el más absurdo de todos los absurdos.

Y es que la verdad a veces es incómoda y otras desconcertante. Actuamos erróneamente cuando intentamos imponerla. Por eso los dogmas y las ideas fijas no caben en la convivencia  de los humanos.

Cabe el compartir y el proponer. Cabe plantear las cosas con humildad y ternura. No caben los fundamentalismos ni los radicalismos de cualquier tipo. Sólo cabe el camino del diálogo y del querer aprender.

Pero esa es la teoría, una teoría que todos, salvo excepciones, suscribiríamos. ¿Qué provoca que todos aceptemos la teoría pero la realidad la desmienta? Quizás sea la dureza de corazón que nos habita, quizás se deba a que raramente los humanos aceptemos fácilmente la discrepancia y aun menos el error. Nos resulta muy difícil aceptar una equivocación, pareciera que no es ajeno a nuestro código genético.

Nos lo explicaba bien Ortega y Gasset cuando nos ponía este ejemplo: “La montaña que está en las afueras de nuestro pueblo es la misma para unos que para otros? Así parece. Sin embargo no tiene la misma visión el que la ve de este pueblo que el del pueblo de enfrente. No tenemos la misma imagen cuando la vemos de lejos que cuando nos vamos acercando y mucho menos cuando estamos en su falda. Y qué diferente es si la contemplamos desde su cima a si lo hacemos a media altura mientras la subimos. y, sin embargo, viéndola de distintas maneras es la misma montaña”.



miércoles, 28 de marzo de 2018

La noche


Se acerca la noche y, viendo las luciérnagas que brillan con luz serena, entro en casa y observo como sus rayos iluminan el paseo de la mariposa por las ramas de la planta que tu me habías regalado.

Y no valorando su belleza, sino la suya propia, la mariposa discute y se enoja con la luciérnaga. Ésta, sin complejo alguno, invita a la mariposa a dar un paseo por sus campos, habiendo quedado en hora y sitio determinado. Cuando ya la mariposa está a punto de tirar la toalla una estrella, rápida y veloz, se posa a los pies de la mariposa.

Y su belleza la deslumbra de tal manera que la mariposa, sintiéndose alagada porque todos la consideraban hermosa, hoy, baja la cabeza ante la luciérnaga y pidiéndole perdón por su vanidad se reafirma  en el principio fundamental de la naturaleza:  todos los seres vivos, siendo diferentes, somos iguales.





jueves, 10 de agosto de 2017

Diversidad

Los dedos de una mano son y no son iguales. Viejo dicho que nos recuerda aquello de “siendo diferentes, somos iguales”. Somos iguales en dignidad, en derecho, en consideración. Pero no lo somos en forma de ser y expresarnos, en opciones, en ideas, en costumbres, etc. Y es que un jardín con todas las flores del mismo color hasta feo resultaría. Pero seguimos siendo iguales.

Réplica: “Siendo diferentes, no hay quien nos iguale con otros. Proclamar la libertad en la sociedad es un error. La tienen encerrada en unas Cortes (de las que se escribe con mayúscula). Y así, aunque nuestras diferencias no nos hacen merecer tratos diferenciados jerárquicamente. Haberlos haylos. Y es algo tan vivido por los españoles que no precisa de ejemplos. Bullen muchos de ellos en nuestras mentes.

Y los encargados de practicar esa igualdad para todos, que no la practican, siguen poniéndonos una venda que nos haga creer la igualdad para todos.


Al fin de cuentas ¿de qué está hecho el ser humano sino de faltas? Cada falta va creando nuestra propia personalidad, cada falta nos hace distanciarnos un poco más del otro. Y nosotros en ocasiones –cada vez más- mirándonos al espejo le preguntamos: ¿Y quién es ese que se ve ahí tan sonriente?