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sábado, 24 de agosto de 2019

Biarritz, G7


Este fin de semana tiene lugar en Biarrizt la reunión anual del denominado G7, el grupo de las siete potencias más importantes del planeta, a la que en está ocasión están invitadas también Chile y España. La seguridad del evento ha movilizado a 18000 agentes, entre la gendarmería francesa y las fuerzas de seguridad españolas. Casi nada…

La agenda de la cumbre no tiene unos puntos concretos. Es la habitual en estos tiempos: La paz mundial, el riesgo de una nueva crisis económica (la guerra comercial entre Estados Unidos y China, especialmente), el cambio climático… Temas importantes, sin duda, los más importantes que imaginarse pueda.

Y tal que hoy hará un año. El año que viene volverá a reunirse en cualquier otra plácido escenario de cualquiera de los cinco continentes, con similares temas sobre la mesa. Porque el motivo real de semejante reunión no es solucionar ninguno de esos problemas, si no la escenificación del poder; el poder que acumulan esas siete potencias -económico, militar, cultural, etc.- a la que, en esta edición, han permitido sentar a su mesa de los ricos a dos países -Chile y España-, para que puedan presumir de su presencia simbólica en los reportajes fotográficos que conllevan este tipo de fastos.

Porque el poder necesita mostrarse periódicamente. Debe hacer ostentación de su existencia, dejar claro que se tiene y que se está dispuesto a emplear si se tercia; dejar claro que no se está dispuesto a ceder ninguno de los privilegios detentados y por detentar, y que si un tercero osa levantar un dedo -si quiera para preguntar un “por qué”-, ya están los unos por los otros al tanto para mantener las cosas exactamente como están.

La prueba del nueve es que en esta ocasión no habrá comunicado conjunto final. ¿Para qué, si no hay nada nuevo que decir?




miércoles, 29 de mayo de 2019

Y tú… ¿de qué marca es tu móvil?

Que los tiempos cambian -y cada vez más rápidamente- ya es cosa sabida. Las grandes potencias que en el mundo son ya no hacen sus guerras entre sí en un campo de batalla, ejército contra ejército, tanques, aviones, acorazados o ciudades reducidas a ruinas. Ya no, eso queda para los países pequeños -Libia o Siria, por ejemplo-.

Los grandes no. Los grandes libran sus guerras en despachos con moqueta, manejando los hilos de la economía, subiendo y bajando aranceles, imponiendo trabas a la importación de productos de industrias estratégicas. Y cuando en otros tiempos era imprescindible ocupar un territorio con tropas para esquilmar sus recursos, hoy es el control de patentes, derechos de propiedad intelectual, copywrites y marcas.

Antes eran el oro, las especial, el caucho, los diamantes, el agua. Hoy el control de la energías renovables, las comunicaciones, la tecnología 5G. Cambian las formas -e incluso los enemigos-, pero el trasfondo permanece idéntico: poder y/o dinero.

Antes eran los tramperos y los exploradores los que abrían la senda de la conquista, después llegaban los ejércitos (las legiones romanas, los tercios españoles, la armada británica…), después los comerciantes (las compañías de las indias); hoy ese papel lo desempeñan los departamento de investigación de las grandes corporaciones.

Y si antes fueron los protagonistas el imperio español, el británico, el francés, el chino, el japonés o el ruso, hoy son Estados Unidos y China los que defienden sus intereses, mejor dicho, los intereses de sus grandes multinacionales -Apple, Huawei, Samsung, Microsoft, Google…-

¿Afectados?: Todos. Nos vendieron que la globalización era la panacea para nuestros males; que al estar todas las economías relacionadas y dependientes unas de otras, nadie se atrevería a romper la baraja. Pero, ahora, si alguien osa ahora retirar una carta del castillo de naipes toda la estructura se pone a temblar.

Y en el horizonte una nueva recesión. No salimos de una y ya se avecinan las nubes negras de la siguiente.



sábado, 27 de abril de 2019

Consumo


¿Queremos consumir más o nos interesa ser más humanos? preguntaba el profesor de ética a sus alumnos al comenzar una de sus clases.

Una cuestión fácil de responder, pero donde generalmente hay una diferencia entre la teoría y la práctica. Sí, en teoría todos estamos de acuerdo en ser más humanos en esta sociedad nuestra, pero en la práctica todos nos dejamos llevar por el hedonismo.

Resultó fácil aquel día llegar a un común acuerdo sean cuales fueren los ambientes de procedencia. Reconocieron la tentación permanente de todos de dejarse llevar por los instintos, los sentidos, los apetitos. Es decir, hacer en todo momento lo que te pide el cuerpo. Y constataron que, a diferencia de los animales, debemos caminar hacia algo más que lo biológico. Y eso requiere fuerza de voluntad. Por eso lo fácil y sencillo es dejarnos llevar por el consumo y el hedonismo contra lo cual hay que luchar.

Fácil de decir, pero exige un esfuerzo.