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jueves, 7 de noviembre de 2019

Don de lenguas


Entre tanta y tanta fiesta que llevamos en estos dos meses igual podemos destartalarnos o, como decimos los canarios, "se nos puede ir el Baifo".

Pero la vida es así. No es un todo continuo sin interrupción. No. La vida comienza cada mañana cuando nos despertamos. Un plan nuevo. Cosas que tenemos planificadas y cosas que no. Y más de las que nosotros habíamos pensado y que comienzan a entrar desde que abrimos los ventanales de casa. Al despertar una nueva esperanza que nos impulsa. Algo en lo que se parece éste al día de ayer es que los nuevos caminos que se abren ante nosotros son “nuevos”, siempre nuevos. Y que otra gente viene con nosotros o nosotros les acompañamos a ellos. Eso sí, que quede claro, cada uno con su libre opción desde su corazón y sus estiramientos de libre albedrío. No vamos a perder el tiempo intentando cambiar a alguien que opta por otra vía. Ni siquiera pretendamos hacerlo  con las personas que queremos. Solo podemos cambiarnos a nosotros mismos.

El amanecer es un buen momento para renovar intenciones, pues habiendo acabado el día anterior nos hemos dado cuenta de los fallos tenidos y por lo tanto de enderezar mejor el sendero. Por tanto, estamos en un nuevo día. Aprovechémoslo.

Justo en estos días una familia inglesa, que habla perfectamente el español muestra continuamente su sorpresa ante algunos vocablos nuestros que no logran entender. Cuando nos preguntaron si el nuestro era un idioma diferente les cantamos:

“Rigui raca
Sin bon baca, sin bon ba
Hurra, hurra hurra”…

A lo que muy entusiasmados siguieron :

“Reach in rank
Shine on back, shine on back
Hurrah, hurrah, hurra…”.

Y les explicamos cómo los aficionados canarios lo transformaron de unos gritos de ánimo  antes de los  partidos de fútbol de los ingleses y quedamos en seguir hablando de ello al a amanecer. Se trataba de palabras  como baifo, guagua, alongar, abollado, cotufa, chacho, etc. Pronto se dieron cuenta que necesitaban unas  cuantas horas más  para poder decir: hablo español.




martes, 4 de junio de 2019

Haters


Ya no vamos de compras, hacemos “shoping”; no tenemos entrenador, sino “personal traning”. Ahora somos “youtubers”, “influencers”, “followers”... Antes éramos, bohemios o modernos o progres o fachas… hasta hace poco -que al parecer ya está pasado de moda- crecían como setas los “hispters”.  El caso es ser algo que suene exótico, aunque en nuestra lengua tengamos un término equivalente. Es una manía -o mejor, puro “postureo”, que se dice ahora-, nos hace aparecen más interesantes, más enterados del tema. Era cuestión de acostumbrarse. Ya que no puedes luchar contra ello, te acostumbras y te dejas llevar.

Pero la realidad te sigue sorprendiendo. Desde no hace mucho, me cruzo cada dos por tres con gente que dice ser -o acusa a otros de serlo- “hater” (Odiador). Odiadores de cualquier cosa: Odiadores del final de Juego de Tronos, odiadores de tal o cual equipo de fútbol, odiadores de Tele 5, odiadores del pan tumaca.

Se puede ser “heter” de cualquier cosa. Al fin y al cabo, la única condición indispensable es la de odiar. A eso solo hace falta una segunda para alcanzar la calificación de apto: la de presumir de ello. Antes se odiaba en secreto, a escondidas y uno era un mejor odiador cuanto mejor lo escondía. Ahora es lo contrario. Conviene hacerlo publico, que se note, ostentar de ello. Y posibilidades no faltan -Youtube, Twitter, Facebook, Instagram, Tinder, Pinterest, MeWe y cualquier otra red social a mano-.

Crispados tiempos estos, en los que está más valorado odiar que pasar desapercibido.