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domingo, 5 de julio de 2020

Descubriendo el amor


Ensaya una sonrisa
y se la ofrece a cualquiera que no la haya tenido.

Toma un rayo de sol
y déjalo ir donde hay noche.

Descubre una primavera
y limpia a los que viven en el barro.
Toma una lágrima
y la coloca sobre alguien que nunca ha llorado.

Gana valor
y dáselo a aquellos que no saben cómo pelear.
Inventa la vida
y se la cuenta a quienes no entienden nada.

Llénate de esperanza
y vive en su luz.

Enriquécete con amabilidad
y ofrécelo a quienes no saben dar.

Vive con amor
y hazle conocer el mundo.

Mahatma Gandhi



jueves, 18 de abril de 2019

A una madre trabajadora


Araceli: Para una madre trabajadora, y por otra parte dedicada en tiempo y alma a sus hijos, un esguince es una cosa fastidiada. Porque necesita tiempo para descansar.

Pero dicen y algo de razón hay en ello que no hay mal que por bien no venga; descansa el tiempo que necesites, pero no lo hagas obligada, sino con relax.

Aprovecha ese contacto diario, tú y yo con la naturaleza, para sentir cantar las hojas de los árboles y ver cómo bailan las frutas en las ramas de los árboles; contempla las nubes que flotan dormidas en el espacio; sopla fuerte y hazlas estacionar, girar. Sí, no hay mal que por bien no venga. Nada eres tú, nada somos los demás. Cuerpos que flotamos nos dejamos llevar del viento y el viento es aire siempre de viaje.





domingo, 3 de marzo de 2019

Pequeñas grandes cosas

“No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”. Es una de esas frases lapidarias que tiene Teresa de Ávila.

Vivimos inmersos en una sociedad en la que la importancia de una persona le viene dada por las “cosas grandes” que hace.

Entre una acepción y la otra hay diferencias, que ahora no voy a explicar evidentemente, porque no es este el cometido que pretendo.

No sé si estaréis o no de acuerdo conmigo, pero cuando hablo de hacer “cosas grandes”, estoy pensando en algo que llama la atención por su enormidad física o su dificultad evidente, por ejemplo, o en acciones que sobrepasan la capacidad normal de las personas.

Sí, mal que nos pese, el dinero continúa siendo, desde que este se convirtió en elemento esencial para conseguir bienes y servicios, en el referencial más claro a la hora de calificar la importancia de personas, cosas y acciones. Ese es para muchos el elemento que utilizan como vara de medir.

En segundo lugar, la grandeza a una persona le vendría dada por el esfuerzo que ha tenido que hacer para conseguir un logro o llegar a una meta. No me refiero solamente al esfuerzo físico, sino a cualquier tipo este, como el intelectual concretamente.

Por último, se me ocurre pensar que otro de los factores que nos influyen a la hora de calificar algo cuán sería de grande el aplauso o la admiración que provoca en los demás lo que alguien ha hecho o realizado. Quien sea aficionado al deporte lo tiene muy claro a la hora de entender este tercer supuesto. Y también todas las personas relacionadas con el mundo de la música, del cine y del espectáculo o del arte en general.

Visto así, está meridianamente claro que solamente pocas personas pueden hacer “cosas grandes”; quedaría en manos de unos cuantos dotados, privilegiados, o aupados, pero nada más.

Sin embargo, el poder hacer “grandes cosas” (el epíteto delante), lo que Teresa denomina “cosas pequeñas”, sí que está al alcance de cualquier persona independientemente de su condición social, raza, credo, ideología, etc. Por la sencilla razón que todo hombre y mujer lleva en su corazón el instrumento con el que se hacen “semejantes cosas”, que no es otro que el amor y que está muy por encima del dinero.

Solamente me gustaría, para finalizar, añadir una cosa: no estaría de más aderezar este amor con unas cuantas dosis de humildad; lo convertirían en único y lo añadirían un grado de cualidad insuperable.



martes, 17 de julio de 2018

Ícaros


Le había dedicado tiempo y esfuerzo personal. Desde la azada hasta el martillo, desde el bolígrafo hasta el último libro de bolsillo habían formado parte de sus materiales.

Estaban los que al pasar se detenían a observar lo que estaban haciendo y, mientras tú lo mirabas con cierta ironía y otros con simpatía, algunos ponían cara de asombro, incluso otros con desdén o menosprecio. Pero a ninguno dejaba indiferente y no faltaban los comentarios entre sus observadores.

Siempre viene después el tiempo de cosecha, aunque es inevitable que en la recogida, algunos frutos estén aun verdes y otros ya pasados. La mayoría sin embargo están prestos para el consumo. Mientras el viento en su punto hacía por recordar los malos tiempos, el terreno estaba ya vacío. Era el día de prueba. ¿Resultó positivo el esfuerzo hecho? ¿Se perdió el tiempo? Al llegar la noche no tenían aún una definición clara de lo que había ocurrido.

Y fue entonces, al volver la vista atrás, cuando vio cómo todas las cajas que contenían el producto, que se había puesto verde todas la vez, estaban vacías. En su imaginación había hecho bien pintándole unas alas a aquellas cajitas. Así sin mirar para adelante ni para atrás, cuando llegó el momento, imitando a Ícaro en su maravilloso vuelo, habían volado a los diferentes comercios de la provincia haciendo real aquello que parecía era imposible, pero que había conseguido.