Mostrando entradas con la etiqueta tranquilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tranquilidad. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de julio de 2018

Tercera edad


Hace unas pocas semanas que me he jubilado. Y -!cosa curiosa! Mi móvil casi que no suena. Nadie me llama porque no me necesita. Primera cosas aprender: saber desaparecer. Es como el río por donde antes pasaba mucha agua y ahora está medio seco.

Miles y miles de personas viven así. Ya no son necesarios. El problema es cuando no se tiene compañía y se estás solo. Se calcula que en España uno de cada cuatro jubilados vive en esta situación.

Es aprender a vivir la psicología de desaparecer. Cuántas personas hay que no existen ya en la sociedad aunque estén vivas, a las que nadie pide nada porque ya no ocupan labores públicas. Cuántas veces recuerdo y recito aquello de “cuán raro es dar gracias al arroyo seco”. Pasó mucha agua por él, pero hoy ya no corre ni una gota.

Miles y miles de personas viven en la soledad (una de cada cuatro jubilados), sin compañía, experimentando esa falta, de apoyo. Por otra parte ser jubilado va parejo a estar más cerca de la condición de anciano. Lo cual  va unido a debilidad de memoria, de fuerzas.

A diferencia de muchas comunidades y tribus africanas, donde el anciano tiene un puesto de honor dado que siempre se recurre al mismo para pedir punto de vista y orientación ante cualquier acción nueva a emprender, en nuestras sociedades se prescinde del anciano arrinconándole en la soledad. Así y todo a mí ni ganas de que me llamen del trabajo para una u otra cosa. Que se las arreglen los que me han sucedido como yo hice a su vez. Nadie es imprescindible y todas las empresas y acciones siguen su rumbo cuando desaparece el que hasta el momento era el responsable. Y el que lo dude que vaya al cementerio: está lleno de gente imprescindible.

Además, en una sociedad llena de ruidos, tarde o temprano, viene bien el silencio. Para  vivir la sencillez y la debilidad. Para darme cuenta de que lo pequeño, lo sencillo y lo humilde son valores que todavía se necesitan en esta sociedad tan complicada, donde cada uno va a  lo suyo. Es, digamos, el de la jubilación un momento también para dar el valor a cada cosa, para recordar el pasado con gratitud y vivir el futuro con esperanza, viviendo con alegría la nueva vitalidad que traen los jóvenes. Es la naturaleza: hay una primavera donde brota la vida y un otoño en el que se recogen sus frutos. Y ha comenzado el otoño de mi vida.




lunes, 27 de noviembre de 2017

Campanas

Desde su propia reflexión personal evaluaba los primeros pasos en el mundo de la pintura como el desarrollo de un mundo interior y exterior en todo lo que hacía. Se creía mejor que el anterior expositor. No solo lo pensaba, sino que lo decía. En su línea laboral reconoció la existencia de personas cuyo paso por su vida no solo influyeron, sino que lo educaron en esas ideas.                                

Pasar unos días de descanso en el pueblo natal, de donde había salido con solo ocho años, era como revivir un aire nuevo que renovaba sus pulmones. Y en aquel mundo de pequeñas cosas había algo que le infundía paz por todos los costados: las campanas de su pueblo.

Y cuando a veces se entretenía en oscuros pensamientos del pasado, aquellas campanas sonaban con su propia melodía serena y suave, retornándolo al azul claro del cielo de su pueblo que seguía siendo su motor. Se cargaba de energía hasta que, volviendo a aparecer el estrés del día a día, regresara a su pueblo. Allí también, el contacto con las personas con las había crecido, jugado y compartido le hacía bajar al plano de igualdad con los demás que la vida le estaba pidiendo.