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martes, 30 de enero de 2018

Dos amigos han venido a vernos

Hace mucho, mucho tiempo que viajaron a otros campos y lugares y poco sabíamos de ellos más que en foto. Los dos suelen estar separados pero cada año se juntan y conviven juntos más o menos durante una semana y casi siempre bajo la lluvia. Uno es ruidoso y aparece como el redoble de campanas. Antes de verlo ya sabemos quién es por sus gritos y exclamaciones que caen y rebotan en el suelo como campanas que redoblan. Parecen venir dos juntos y cuando rozan el suelo se multiplican en ni se sabe cuántos. Empujan con fuerza al llegar, pero luego se derriten de cariño en nuestras manos. Vienen con prisa, pues permanecen poco en nuestro terreno. Por eso aparecen con tanta bulla. Quieren que todos les veamos y al menos nos asomemos a la ventana para saludarnos. Y así, a la carrera, para que no nos olvidemos de su pinta vino y se fue nuestro amigo Granizo.


Y también vino Nieve, calladita y sigilosa. Como hace ella siempre, y no se quedó en las montañas, sino que bajó a las plazas y campos de futbol de los barrios de mi ciudad. No habla, no pregunta, no hace ruido. ¿Qué quiere nosotros? Dicen algunos que se porta mal invadiendo. Aquí no. Aquí viene muy poco, no sé de cuánto a cuánto, y por eso todos y felices. Felices y contentos. Eso sí, alguna vez viene con prisa y enredadora nos echa por tierra lo que habíamos sembrado. Por eso, amigos sí, pero de temporadas cortas.



martes, 18 de julio de 2017

La primera vez


Acostumbrada al sol y al calor, la nieve le parecía un fenómeno extraño a la vez que curioso. Invitada a un  curso en el Escorial aquella mañana, al abrir la ventana y con los ojos todavía cerrados, la naturaleza le parecía diferente. ¡estaba lloviendo, ¡sí! Pero el agua que caía venía disfrazada de blanco. ¡Era nieve!!

Con cuarenta y dos años era su primera vez. En pijama, como estaba, bajó a la calle dejándose empapar por aquellos goterones de nieve. Hizo que patinaba y patinó. Y su pijama azul se torno blanquecino.

Sus compañeros bajaban al desayuno, mientras ella dejándose llevar descalza por el correr de la nieve. Estaba disfrutando del mejor día de aquel cursillo.

Con un poco de prisa llegó antes que acabara la primera conferencia. Aquel día su desayuno fue como un aperitivo de su mar de cada día.



domingo, 12 de marzo de 2017

Querencias

     Quiero coger la luna con la mano y sostenerla durante el día.
     Quiero que la nieve arda y que al bajar com agua transforme mis pensamientos.
     Quiero buscar la inocencia, pero no sé su nombre, ni su raza, ni su pueblo, y yo me he quedado en la orilla. No quiero que la inocencia sea eso, un "qué pena" o un suave pensamiento.
     Quiero sentir el afecto y el calor del sol. Que le quiten las cadenas que pudiera tener y que brille para todos por igual, Que sus rayos, desde que se despierta por la mañana, orquesten caricias por doquier.