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martes, 11 de enero de 2022

Desde mi balcón

 Tendida en la tumbona en mi balcón cogiendo sol, por eso de la vitamina D, a cuenta ahora del Ómicron, me viene a la memoria cuando lo hacía confinada por la primera ola de la pandemia... Esta vez hay un cambio abismal con el exterior de entonces. 

Ahora se oyen las campanas de la iglesia cercana reclamando fieles, coches circulando una vez integrados sus dueños, niños en la calle que juegan contentos recobrando parte de su libertad.


Antes sólo se movían los animales alegres de recuperar su naturaleza. Ahora se vuelven a conformar con lo que les dejamos quienes parecen ser más animales y menos sabios que todos ellos.


El sol brilla con todo su esplendor bajo un cielo que el astro torna de un precioso color azul. Los pájaros intentan sobresalir con sus cantos, pero ahora son ensordecidos por coches, motos y demás vehículos en un asfalto que ha cobrado vida. 


Han pasado ya las fiestas de Navidad y Fin de Año que tanto sufrimiento supone para animales y personas sensibles, quienes parecen enloquecer o morir de miedo. Pero esto no importa a un amplio resto llamado humanos. Ande yo caliente... sin que importe la gente.


Lo que no parecen percibir es que la gente la forman ellos también, y que caerán con lo mismo a lo que no les importa abocar a los demás.


Hasta los pájaros se agrupan inteligentemente en su vuelo en bandadas para ayudarse mutuamente. Deben ser animales más racionales que los que llevan su nombre.


Mientras tanto la vitamina D sigue generándose en mi organismo, a ver si conseguimos eludir de una vez a este parece ser indestructible bicho de no sé cuántas cabezas.


Mila





sábado, 27 de noviembre de 2021

Mentiras que matan

Me he puesto las dos dosis de la vacuna contra el covid. He solicitado la vacuna de la gripe. Y en cuanto se establezca la tercera dosis de refuerzo para mi edad, seré el primero en ponerme a la fila. Porque no vacunarse es como defraudar a Hacienda: evadir responsabilidades a nivel sanitario como el que evade impuestos. Vivir en sociedad significa pensar en el prójimo y no solo en uno mismo. Se supone que cada uno de nosotros somos a estas alturas del problema suficientemente inteligentes como para no querer hacernos daño ¿Cómo puede ser que haya personas que están dispuestas a no vacunarse como una seña de identidad de ideología política? ¿Qué valor o dogma puede ser más creíble que el científico?

Apliquemos el conocimiento empírico a quienes nos distraen con sus banalidades y comprobaremos que ni ellos se creen sus propias mentiras. Mentiras, por cierto, que matan.

(carta de un lector en el Periódico de Barcelona -26/11/2021)

jueves, 25 de noviembre de 2021

Antivacunas

Sigo sin entenderlo. A pesar de que las cifras demuestran la eficacia de las vacunas contra la COVID, aún hay un alto porcentaje de la población europea sin atender la solicitud de las administraciones públicas encargadas de las campañas sanitarias en tal sentido.


Comprendo -relativamente…- a quienes a pelan al miedo a unas supuestas consecuencias nefastas de las vacunas, apelando a informaciones, unas verificables y otras no, reveladas en medios de comunicaciones. El miedo es libre y hay que respetarlo, aunque quien piensa así parece ignorar que, como demuestra la estadística, el riesgo de fatales consecuencias es mayor entre la población no vacunada que entre la que sí. Pero insisto, el miedo es libre.


A quienes no comprendo es a los que argumentan razones ajenas a las sanitarias para renegar de la vacuna -en realidad, a renegar de ésta y de todas-. Apelar a la libertad individual o supuestas conspiraciones planetarias es querer cambiar el punto de mira de un problema acuciante. Prefieren mirar al dedo que señala la luna a mirar a la luna.


No soy optimista. Las cifras que nos llegan de países como Alemania o Dinamarca, por ejemplo, sociedades presuntamente desarrolladas, educadas y cultas, son descorazonadoras. Otras, las del sur del continente, parece que estamos en mejor disposición afrontar una más que previsible sexta ola, ahora que se acercan los meses fríos del invierno. ¿Será porque los porcentajes de población vacunada son mayores que las del norte?