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lunes, 27 de abril de 2020

Ocurrió en Londres, allá por 1947

Ocurrió en Londres allá por el año 1947. Un joven matrimonio, con su hijo de pocos años y a la espera de un segundo, desembarcan en el recién estrenado aeropuerto. Primos segundos les esperan allí, y a los ojos de todos era un descanso familiar debido al embarazo.

Y es que había surgido también el temor de que, al menos aparentemente, se fuese olvidando la factura terrible para el país, pero positiva para los gobernantes del alzamiento, sospechando que creciera el número de opositores. Se lanza entonces por el gobierno franquista una reconvocatoria de hombres no afectos a la falange y que se extendió a aquellos que ya en el 36 habían probado la miel de la guerra entre las trincheras de verdad.

Ante la posibilidad, sin pensarlo mucho, la gente de esta familia preparó en minutos su automóvil y tomó rumbo a Inglaterra, vía Francia.

Era mediados del 47, finales de abril, cuando, calmado el ambiente político, a la espera de un segundo hijo tomaron su decisión. Una decisión de quien sabe que, sin jugar un papel de líder de masas, tampoco estaban dispuesto a ser sujetos pasivos de un régimen. La Democracia quedaba aun lejos, pero hay muchas formas de empezar a ponerla en práctica.


miércoles, 6 de noviembre de 2019

Restos mortales


Un vocablo nuevo se ha ido extendiendo entre los ciudadanos de este país: los restos de Franco.

La pregunta de rigor es si quedan más restos que con el tiempo hayan cobrado fuerza y vigor. Los que vimos en la retransmisión televisiva eran seguidores franquistas y una tumba. ¿Pero ha desaparecido el franquismo? Alguno de estos franquistas -los herederos ideológicos del dictador- incluso podrían seguir ocupando puestos claves en la sociedad española

El diccionario define claramente la palabra “restos”:
- "Partes o elementos que quedan de algo después de haberlo usado o comido.
- "Restos de comida; restos de pintura". Equivalente por tanto a desechos, escombros del pasado.

2. Y también de habla de restos como:
Cuerpo muerto de una persona o un animal, o parte que queda de él.
"los restos del animal se descomponían dando lugar al llamado cadáver”
Restos mortales: Cadáver




viernes, 25 de octubre de 2019

Símbolos


Una sociedad no cambia de un día para otro. Solo una catástrofe -natural o no- puede provocar una transformación tan rápida, un cambio de opinión o de comportamiento tan drástico. Los cambios sociales son siempre paulatinos, necesitan calar profundamente para crezcan las raíces suficientes que asegure su perduración.

Mañana, en este país, no habrá desaparecido ninguno de los problemas que esta sociedad tiene abiertos. Seguiremos pendientes del quebranto de la convivencia en Cataluña, por ejemplo. No es probable que quede resuelto para siempre el tema de la revalorización de las pensiones o que se reduzcan en una mañana las listas de espera en la Seguridad Social, y no se firmarán de golpe miles de nuevos contratos de trabajo. Es más que posible que volvamos a recibir una nueva noticia de una mujer asesinada por su pareja en alguna ciudad de cualquier parte de España o el suicidio de alguien que acaba arrojándose desde una ventana, angustiado al ver como al día siguiente vendrán a echarle del piso que ya no va a poder pagar. Todas esas situaciones -y las buenas también. No va a dejar de producirse, seguirán su curso.

Pero, de tarde en tarde, surgen momentos simbólicos que quizás no sean más que eso: simbólicos. Y ayer, jueves, 24 de octubre, ha tenido lugar uno de ellos. Nos referimos, evidentemente, al traslado de los restos de Francisco Franco al cementerio de Mingorrubio. Nada ha cambiado… ¿o sí?

Esta no deja de ser una opinión como otras tantas. Pero uno tiene la sensación de que una herida ha quedado definitivamente cerrada. Habrá quien piense lo contrario -y se lo respeto-, pero nadie me va a hacer creer que devolver a sus familiares los restos de los muertos que aun quedan en los arcenes de las carretera o en las tapias de los cementerios es abrir heridas. La única manera de que dejemos de hablar del tema es que no haya motivo para hacerlo. Solo entonces esa transición, que quedó incompleta en su momento, habrá cerrado el círculo.

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"Cuando murió Franco todos recordamos que en la pantalla de TVE,  La única que existía estuvo emitiendo todo el tiempo, horas y horas y más y más horas… el soporífero duelo en blanco y negro: caja del difunto, custodiada por altos oficiales y la gente en filas interminables pasando una a una por delante del féretro, con saludo incluido. Mi padre viéndolo se enfurecía interiormente mientras decía: ¿pero es que esta gente que va a hacerle la reverencia a ese no tiene a nadie en la familia - padre abuelo tío que les expliqué cómo ese nos obligó a casi todos os de mi edad a ir a una guerra que no nos iba ni venía unen en la que murieron infinidad de españoles. Yo, como otros, tuve la suerte de volver vivo y recordar la cara de muchos cadáveres que nos encontrábamos por el camino. Lo primero que hacíamos era registrar sus bolsillos buscando encontrar un pan duro envuelto en sangre, raspar y comerlo después de llevar tres o cuatro días sin comer…"

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Lo de ayer es solo un símbolo. La realidad cotidiana no habrá cambiado un ápice, pero es un símbolo de que las cosas sí han cambiado.  




martes, 3 de septiembre de 2019

Consejos vendo que para mí no tengo


El modo en que nació la transición democrática española dejó muchos cables sueltos. No podía ser de otro modo. El pacto entre el viejo régimen y el nuevo evitaba tensiones pero conllevaba limitaciones. Se quedaban pendientes numerosos temas por resolver (el encaje territorial o una ley de Huelga, por ejemplo). El futuro se depositaba en manos de un desarrollo legislativo que solamente se ha completado solo en parte.

Precisamente -y en gran medida por esa razón- sobre las siguientes generaciones ha sobrevolado un cierto complejo de inferioridad, una sensación de déficit democrático respecto a otros países. Al fin y al cabo la Constitución española data de diciembre de 1.978 y, entre unas cosas y otras, es de sentido común pensar que bien merece una mano de pintura. La sociedad española se lo debe a sí misma.

Pero existe; la Constitución -con todos y sus defectos- existe y es homologable al resto de las constituciones de los países de la Unión Europea. Incluso, comparadas con algunas, resulta ser más progresista en bastantes aspectos.

¿Pero se imaginan ustedes el escándalo que supondría que un presidente de gobierno español solicitara al rey permiso para suspender durante un tiempo las funciones del Congreso de los Diputados para evitar cualquier moción de censura sobre su gestión? ¿Se imaginan, además, el descrédito democrático si el rey aceptara? ¿Se imaginan cómo abrirían sus informativos las cadenas de televisión de medio mundo, los titulares de periódicos como Le Monde, New York Time, el Frankfurter Allgemeine, Il Corriera della Sera, The Times o el Daily Mirror, Le Figaro? No quiero imaginarme los comentarios en las tertulia de la BBC, la CNN, la RAI…: “El franquismo sigue vivo en España”, “Franco ha vuelto”, “La democracia española fracasa”…

Pero no; la situación que describimos no ha tenido lugar en nuestro país. Ha ocurrido en la cuna -dicen- de la democracia parlamentaria europea, el Reino Unido; un país que presume de no tener constitución escrita -le basta su Carta Magna-, de tan interiorizados que tiene su sociedad de los principios democráticos. Una Carta Magna, cuyo original está redactado en latín antiguo y que data de 1215. Y que no es otra cosa que un pacto arrancado por los nobles ingleses al impopular Juan I.

Bienvenidas sean las lecciones de democracia vengan de donde vengan, aun nos quedan muchas deficiencias que corregir en nuestro país, pero determinados complejos podríamos empezar a ponderarlos en su justa medida.

Además, me parece que el Brexit está dejando en evidencia aspectos de la personalidad del pueblo británico que dan qué pensar…