Sonaba fuertemente el tambor en aquella residencia de mayores. Una señora de 87 años, dominada por una gran ceguera se había cambiado los tambores similares que a ella le habían dado por unas palmadas con sus manos y su sonrisa alegre y clara denotaban su deseo de unirse a los presentes con el deseo de hacer nuevo aquello tipo tambor que le recordaba su opción por la humanidad.
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domingo, 2 de enero de 2022
miércoles, 27 de mayo de 2020
Pensiones y pensionistas
Prácticamente, todos los medios de comunicación destacaban ayer el hecho de que, en mayo, el montante de las pensiones, respecto al mes anterior, cae por primera vez en la historia en España. La razón principal es evidente ¿verdad?: el coronavirus -covid-19 o como se quiera llamar-. 38.508 pensionistas menos que en abril.
Detrás de las frías cifras se encuentra la más cruda de las realidades. Era evidente que la mayoría de víctimas de este virus concreto lo iban a ser las personas de mayor edad y los integrantes de grupos de riesgo.
Gestionar una crisis como la presente no es fácil. Ni aquí ni en ningún país. Otros gobiernos han cometido sus propios errores: Francia, Italia, Inglaterra, Bélgica… Nunca podrá saberse la cifra real de fallecidos en residencias de la tercera edad, asilos y demás. La realidad ha sido pavorosa. Quizás porque las sociedades occidentales del I Mundo -no solo la nuestra- viven de espaldas a esos que, de un tiempo a esta parte, se denominan (eufemísticamente…) “consumidores residuales”: los “viejos” no compran pisos, ni coches, no crean nuevas empresas, no invierten en bitcoins… solo consumen y de manera decreciente. En parte porque sus prioridades vitales cambian, en parte porque las limitaciones biológicas definen sus opciones, en parte porque el dinero en el bolsillo también impone sus leyes.
Cada vez es más frecuente que nuestro mayores residan a partir de determinadas circunstancias en esos centros -públicos o privados-. Pero la pasada experiencia ha puesto en evidencia carencias de todo tipo. Ha dejado claro el abandono en el que había quedado la gestión cotidiana de estos centros.
Seamos justos: no todos. Muchos, tanto a nivel de gerencia como del trato dado por sus trabajadores a los residentes han sido ejemplares. Han demostrado que no solo eran profesionales, sino auténticos ejemplos solidarios hasta la extenuación física y anímica.
Pero habrá que pedir explicaciones y hasta responsabilidades donde no ha sido así. Si no lo hacemos estamos condenados a repetir los errores la próxima vez que ocurra un desastre de este u otro tipo.
viernes, 3 de enero de 2020
Música y fiesta en El Palmeral
Estaban empapados. Desde comienzos de diciembre, con las fiestas de los pueblos grandes hasta las navidades, las tardes de la residencia El Palmeral se convertía en la celebración de las tradiciones festivas de aquellos mayores y en su actualización de las corrientes actuales de tipo musical,
Todas las tardes de diciembre músicas de todos los colores primando aquellas que nos han acompañado durante todas nuestras vidas. Rondallas, agrupaciones musicales, parrandas, solistas, conjuntos musicales de barrios de la ciudad, han sido los maestros que colaboraron en el crecimiento interior de las personas mayores que viven en la residencia El Palmeral.
Palmadas bailes aplausos canciones era la colaboraron activa de los residentes. Mas el concierto que ponía fin al año 2019 en la residencia El Palmeral llegó el último día con la música del Trio Minué. Y la verdad, no se podía haber pensado en otra mejor. Solo era la música la que se oía que salía del hueco del pequeño parque.
El equipo animador de nuestra residencia sabe perfectamente que todo tipo de música clásica instrumental es un medio ideal para expresar emociones y despertarlos y esto es justamente lo que se quería hacer con el Trío Minuette: revivir lo ya vivido por los mayores de estas residencias y sembrar nuevas inquietudes.
Y nuestra enhorabuena a los músicos (15 ,14 y 10 años) que con su violín, violonchelo y piano son y serán ya parte básica en la vida de El Palmeral.
viernes, 26 de julio de 2019
Un año ya
Ayer
tarde paseando por una bella plaza de la ciudad me encontré a un amigo de la
juventud que estaba sentado en uno de los bancos del parque, con la cabeza
inclinada y apoyada en sus manos.
Me acerqué a saludarlo y a mi pregunta de “Cómo estás”, levantando la cabeza,
con lágrimas en los ojos y una voz que casi no lo entendía me dijo: “Muy triste.
La Tristeza me domina hoy”.
Y sentándome a su lado esto fue lo que me contó.
“Ayer fue un día triste para mí y pensando en este tema las lágrimas me caían a
chorros. Y ahora comienzan a querer salir. No es un problema de amor. Si que lo
es de pareja. El amor es algo personal. ¿Tendría más paz si no hubiera existido
lo que ha creado en mi tristeza? Seguramente sí. Seguramente los motivos serian
diferentes para una u otra situación. Y la paz, mi paz en este caso,
estaría atacada por otro flanco. También podría estar en peligro.
¿Hay
culpable? Sinceramente creo que yo esté en la causa que ha originado la
situación.
Pasara
lo que pasara he aprendido mucho de esta realidad y seguiré aprendiendo.
Saber que tengo que seguir aprendiendo en todo es, lo digo humildemente, una de
las cosas buenas que me quedan en la vida.
Sí. Ya
lo sé. La felicidad no existe. Ni es preciso que me lo recuerdes. Ayer hizo un año
que no voy a mi casa. O sea un año que me fui de casa para ingresar en una
residencia de mayores”.
martes, 9 de julio de 2019
Sergio
Tiene enfermedades de todo
tipo. Camina ayudado por un andador. Es el primero que pregunta a otro
compañero si está mejor. Pocas veces desaparece la sonrisa de su rostro. Y
cuando de reír se trata, todo el mundo se entera. Suena estruendosamente y provoca que los demás
también nos riamos. Se ríe con toda la fuerza del mundo. Te arrastra.
Observando a Sergio uno
piensa qué razón tenía Neruda con aquel poema de "Quítame el pan si
quieres quítame el aire, pero no me quites tu risa”.
viernes, 28 de diciembre de 2018
En familia en El Palmeral
“Oh, blanca
Navidad”... Como los cabellos de quienes lo cantan.
Coro de la
sagrada familia se llaman. De 50 a 70 años, forman un grupo que viven lo que
cantan. Son amor en el pesebre y sufrimiento en la cruz. Es, pues, la realidad
que a cada uno nos pasa.
“La nochebuena
se viene. La nochebuena se va y nosotros nos iremos y no volveremos más”...
Pero ellos saben que no es así. La
nochebuena nos hace falta y ellos también, porque además su pelo blanco
ya no se les caerá.
Todos seguimos
atentos a su concierto. No solo nos sacan de la rutina sino que además nos
recuerdan que todavía tenemos cosas que hacer.
Coro de la
sagrada familia se llaman. Así recuerdan a todos que a lo largo de nuestra vida
hemos hecho una cosa buena: hacer familia, con problemas y dificultades pero
manteniendo viva la llama.
Cabello blanco y
vestido negro. Así resaltan lo que es la vida en general. Un largo camino de
cosas buenas que vamos regando. Es el color blanco, pero que vive con el negro:
nuestros fallos, nuestros problemas y dificultades así como nuestras
equivocaciones.
"Beben y bebe y
vuelven a beber"... Y veremos al amor que sigue naciendo.
viernes, 4 de mayo de 2018
Los setenta
Había
llegado a lo que llaman La Tercera Edad. Seguro que ya no escapaba. Todavía los
sesenta se podían navegar. Tenía su tiempo ocupado. Pero de vez en cuando se
iba a pasear por lo alto de las nubes. Lo curioso es que ni se lo proponía
conscientemente ni lo tenía programado. Y lo cierto es que tampoco se lo
planeaba.
Y, de
repente, allí se encontraba. Deambulaba su cerebro preguntándose cosas como
estas: ¿Qué hago yo aquí todavía? No quisiera ser molestia para nadie de mi
familia. A veces se sentía aburrido. Sí, seguía con sus actividades de siempre,
la asociación de amigos, escribir, participar en algún acto ocio cultural.
Hasta las ganas de ver tele se me le habían ido quitando.
¿Qué
debe hacer un viejo de setenta? ¿Qué se espera que haga? Curiosamente, de
vez en cuando, al tiempo que iban amigos de su edad más de una vez le salían
amigos nuevos. Eras una ocasión para cambiar de costumbres.
Todavía,
siendo mayor conserva algunas ilusiones de joven. Para él, por ejemplo, siempre
es época de cambios, de sacar alas y viajar, que no tenga necesidad de
controlarse. Esos aires de adolescente que no se los llevara marea o viento
alguno. Sigue sin creer en los jóvenes que dicen que no hay nada que hacer.
Siempre quedan dos opciones: esa, ya dicha, entristecernos y quedarnos solos. Y
la otra, abrir la puerta a la oportunidad de cambiar las cosas. Aunque en este
vaso la teoría no se contrapesó con la práctica, dado que Teodoro y un amigo
prefirieron pasarse la tarde del domingo sentados en el banco de la plaza que
habían adquirido por haber previsto el precio de una tarde dominguera.
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